Ni Cristina habla con Alberto, ni Máximo con Axel

OPINIÓN Por Débora Plager*
¨Soñé que el fuego se helaba, soñé que la nieve ardía y por soñar imposibles, soñé que tú me querías"
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En esta misma columna el 28 de octubre contamos que Cristina Fernández de Kirchner había cortado el diálogo con el Presidente. El 22 de Noviembre, casi un mes después, Alberto Fernández, en declaraciones periodísticas confirmaba esa información. 

Solo se reencontraron en la casa de Gobierno en la despedida a Diego Armando Maradona. Cristina no pisaba la Rosada desde el 31 de Agosto.

La frialdad entre ambos fue evidente. La Vicepresidenta eligió el despacho de Wado de Pedro para refugiarse durante los incidentes con los barras que pugnaban por ingresar al velatorio.

Cuanto más se le complique el tema judicial, mayor será la distancia con el Presidente. Ayer recibió un duro revés cuando la Cámara de Casación convalidó las declaraciones de los 31 arrepentidos en la denominada causa de los Cuadernos K.

Parece que los métodos de disciplinamiento político de Cristina Fernández han impactado en su hijo. Él eligió el mismo camino que su madre para controlar el principal distrito electoral de la Argentina. La relación entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner se terminó de quebrar la noche del desalojo del predio usurpado de Guernica.

En la misma jornada en la que se realizó el operativo se votaba en la Cámara de Diputados la ley de Presupuesto del próximo año. Máximo no bajó al recinto, siguió la sesión desde su despacho y rompió la tradición parlamentaria de dar el discurso de cierre como jefe de bloque. No era solo una señal hacia la Casa Rosada.

Quienes estuvieron con él esa noche lo escucharon decir que las imágenes de aquel desalojo violento lo habían impactado. Comparó su bronca con el enojo y el dolor de Néstor Kirchner por el asesinato de Mariano Ferreyra.

Fue Máximo Kirchner quien dijo 10 años atrás que la bala que mató a Ferreyra había rozado el corazón de su padre. Néstor Kirchner murió siete días después del asesinato del joven militante del Partido Obrero.

Máximo puso en el gabinete del gobernador Axel Kicillof a uno de sus hombres de mayor confianza. El dirigente de La Cámpora Andrés "Cuervo" Larroque. Confió en él la estrategia de diálogo para terminar con la ocupación del predio en forma pacífica. Pero todo terminó entre corridas, fuego, gritos y llanto, en un escenario capitalizado por el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni. Exactamente al revés de lo previsto.

Si algo faltaba para terminar de tensar la cuerda, Kicillof no tuvo mejor idea que trazar un paralelismo entre las tomas de tierras y la evasión impositiva de algunos countries y barrios privados. Nadie le perdona su falta de timing.

El quiebre de la relación de Máximo y Axel impactó también en Cristina Kirchner. Por estas horas no solo mantiene distante la relación con Alberto Fernández, sino también con el gobernador de Buenos Aires.

Kicillof no habla con los intendentes, tiene un prejuicio con la política que le impide la proximidad con esos actores tan importantes en el territorio. Su caso es más propio de la psicología que del análisis político.

Su interlocución es completamente endogámica. Se circunscribe a Carlos Bianco, su Jefe de gabinete y su alter ego, y no mucho más.

El frío llegó desde El Calafate hasta La Plata. El Gobernador entendió el mensaje y comenzó a darle mayor rodaje a Teresa García su ministra de Gobierno.

Axel hoy está fuera del armado electoral. No tiene vocación de diálogo ni territorio. El tema lo está manejando Máximo K con absoluto pragmatismo. Ya les advirtió a los dirigentes de la Cámpora que deben esperar para reemplazar las candidaturas de los intendentes cuyos mandatos finalizan este año.

Habrá que hacer una reinterpretación de la ley en la justicia electoral, pero la elección hay que ganarla con el mayor caudal de votos posible.

Máximo no cree que los territorios que disputarán eventualmente los candidatos de La Cámpora se pierdan, pero si que sacaran un caudal de votos menor a los de los jefes territoriales ya conocidos en los distritos. No se puede otorgar esa ventaja, aun si aparece la vacuna que ponga fin a la pandemia y hay una mínima recomposición de ingresos que calme en algo el humor social.

En la legislatura provincial el oficialismo tiene minoría en el Senado. Eso complica la gestión oficialista del gobierno. La radicalización en las declaraciones públicas del jefe de gabinete, Santiago Cafiero, parecen haber aplacado la tensión con Cristina. Una tregua temporal.

Hasta ahora el único ministerio que entrego Alberto Fernández es el de María Eugenia Bielsa. No tenía opción. Le decían 'tortuga' en la intimidad del gabinete. La paralización de su cartera era evidente. Además, no tenía espalda para resistir, no era de Alberto ni detentaba territorio.

Hoy en el país hay 5 millones de jóvenes entre 18 y 30 años que no reciben ingresos ni tienen patrimonio registrado. Y 3,5 millones de jóvenes de entre 18 y 24 años que están por debajo de la línea de indigencia. Demasiado trágicos los datos para seguir esquivando las prioridades.

Débora Plager para El Cronista

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