Una paz del dólar atada con alambre

ECONOMÍA Por Daniel Fernández Canedo*
El ministro Martín Guzmán se concentró en frenar al dólar. ¿Hasta cuándo puede durar la calma cambiaria?
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En el Banco Central respiraban aliviados con el resultado en términos de dólares en noviembre a partir de tres datos relacionados con las reservas, el dólar ahorro y los depósitos de la gente realizados en moneda estadounidense. 

El resultado cambiario "neto" del mes fue negativo en US$325 millones, lo que representa una sensible baja respecto de los más de US$1.200 millones o más de los anteriores.

A eso se sumó el previsiblemente bajo volumen de venta de dólar ahorro (el del cupo de los US$200), que a lo largo del mes sumó sólo US$165 millones.

El endurecimiento del cepo cambiario bajó sensiblemente tanto la cantidad de compradores como el volumen. Sólo basta recordar que en agosto hubo casi 5 millones de compradores por un total de US$1.200 millones.

El tercer dato a considerar es que los depósitos a plazo fijo en dólares se mantuvieron estables a lo largo de noviembre.

Con esos tres datos, y la mirada puesta en la posible entrada de dólares por las exportaciones de trigo (hay preocupación por el paro portuario), en el entorno de Miguel Angel Pesce consideran superada por ahora la situación de inestabilidad cambiaria que tuvo su pico cuando el billete blue tocó $195.

Apoyados en la carta de la vicepresidenta Cristina Kirchner que ubicó al problema del dólar como el principal en materia económica, el Gobierno, y especialmente el ministro Martín Guzmán, se alineó rápidamente y fue más allá al asegurar que la inestabilidad cambiaria se debía al exceso de pesos que tiene la economía.

Desde ya que estabilizar al dólar tiene su costo (todo en la economía lo tiene), y el ministro comenzó a tejer una red destinada a aquietar las expectativas de devaluación que se habían forjado al calor de una brecha cambiaria (distancia entre el dólar oficial y los libres) que superaba 100%.

Fue a partir de la convicción de que lograr alguna estabilidad con ese nivel de brecha entre dólares era una misión imposible.

Así, el Banco Central aceleró en noviembre el ritmo de aumento del dólar oficial mayorista, lo subió 3,3%, buscando que no quede muy atrás del 3,8% de la inflación minorista de octubre y cumpliendo con el compromiso oficial de que, de ahora en más, el dólar suba al ritmo de la inflación, que es una de las nuevas clave de la táctica de Guzmán.

¿Cómo seguirá el dólar oficial este mes? Probablemente aumentando un poco menos. En Economía apuestan a que el costo de vida de noviembre resulte del orden del 3% y no más y, por tanto, el dólar lo seguiría un poco detrás.

Pero la paz cambiaria, reflejada en un dólar paralelo de $156, respondió a mucho más que a un aumento del ritmo de devaluación impuesto por el Banco Central, y el entramado se completó como medidas ortodoxas y de las otras.

Entre las ortodoxas fue la fuerte oferta de bonos del Tesoro para sacar pesos del mercado siguiendo la doctrina Guzmán. Así hubo colocaciones de títulos atados a la suba del dólar oficial (dolar-linked) por US$ 1.700 millones y US$ 1.500 millones.

A eso se sumaron las colocaciones de bonos indexados por inflación (CER, coeficiente de estabilización de referencia). De los $2,2 billones de deuda en pesos con el sector privado, el 47% está indexado al CER y el 17% al tipo de cambio, dólar linked.

Y hay que sumar lo que se podría considerar la frutilla del postre que fue la dolarización de deuda en pesos para permitirle la salida a fondos de inversión extranjeros por US$1.500 millones en dos licitaciones, una ya realizada y la otra el próximo 15 de diciembre.

Sacar la mayor cantidad de pesos del mercado le dio resultado a Guzmán, pero ahora se abre un gran interrogante sobre diciembre cuando los compromisos de aguinaldos y gastos de fin de año se multiplican y la principal fuente de financiación del déficit sigue siendo la emisión de pesos.

Pero no sólo de absorción de pesos vive la paz del dólar: las "llamadas" de la Comisión de Valores sobre los agentes de bolsa y cambiarios siguen presentes y como amenaza. Los Alyc (agentes de liquidación y compensación) se mantienen cautos en la operatoria con los dólares libres (Mep y contado con liquidación) y eso ayuda a tranquilizar la plaza.

En síntesis, un poco más de devaluación, bastante menos de pesos y control de las operaciones le permitieron a Guzmán atar, aunque sea con alambre, cierta calma cambiaria que desemboca en una pregunta evidente: ¿hasta cuándo dura?

Sin respuesta categórica, la apuesta oficial es que aguante hasta que llegue el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, que sería la principal señal para que el Banco Central comience a ganar dólares después de perderlos durante tanto tiempo.

Mientras llegue el acuerdo con el FMI (¿febrero?, una vez que asuma Janet Yellen en el Tesoro de los EE.UU), el dólar oficial irá corriendo un poco de atrás a la inflación pero en un momento delicado.

El aumento de actividad a partir del aflojamiento de la cuarentena y la expectativa que genera la posibilidad de una vacuna para buena parte de la población a mediados del año próximo, también desemboca en que la inflación sube un escalón.

La carne, los combustibles, los peajes, los cigarrillos, las prepagas y la idea de que la actualización de las tarifas de luz, gas y transporte llegará a comienzos de 2021, van perfilando un nuevo marco inflacionario en el que el Gobierno apuesta a que el dólar no juegue un rol determinante. Inflación-dólar-inflación, la fórmula para pasar el verano.

Como en Esperando a Godot, el mercado y el Gobierno esperan al FMI, ¿llegará?

Daniel Fernández Canedo para Clarín

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