Hay que pasar el verano

OPINIÓN Por Sergio Crivelli
La muerte de Maradona dejó en segundo plano declaraciones poco auspiciosas hechas por Martín Guzmán al “Financial Times” sobre el acuerdo pendiente con el FMI.
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Aunque es urgente cerrarlo porque las reservas están en un punto crítico, el funcionario lo difirió para marzo o abril. Descartó un acuerdo rápido alegando que “queremos avanzar a un ritmo sólido, pero necesitamos un entendimiento común y legitimidad y no vamos a precipitarnos”. 

Traducido al criollo: nos piden un ajuste, pero hoy no es digerible para el cristinismo como dejó en claro ayer en el debate del Senado Oscar Parrilli “La Argentina no aceptará condiciones impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI)” en la renegociación de la deuda por 44 mil millones de dólares adquirida por el gobierno de Mauricio Macri. Parrilli ni estornuda sin permiso de Cristina Kirchner.

La brusca frenada del ministro que venía avanzando con paso firme tiene otro antecedente: la carta pública de los senadores “K” al FMI rechazando cualquier tipo de exigencias de austeridad o recorte del gigantesco déficit fiscal que para el bienio 2020/2021 se ha calculado en 15 puntos del PBI. Quedó entre la espada y la pared; entre la presión del hipercristinismo y la desconfianza de un organismo que no le cree a los ministros de economía nativos ni los buenos días.

El gobierno de Alberto Fernández no tiene hoy para ofrecer mucho más que declaraciones. En los hechos está semiparalizado en materia económica. Los funerales populares que fracasaron, la promoción de la ley del aborto y otras iniciativas con las que entretiene a los medios no son más que cortinas de humo. No tiene dólares y las reservas siguen mermando, aunque más lentamente a fuerza de más deuda y presión sobre los operadores del mercado cambiario.

Todas sus esperanzas para salir de la encerrona están cifradas por lo tanto en la liquidación de divisas del campo en abril, aunque la brecha entre la cotización oficial y la paralela hace todo más complicado. Una esperanza que evoca la de Álvaro Alsogaray a fines de los ‘50, “hay que pasar el invierno”, pero seis décadas más tarde y con la estación cambiada.

La única ventaja de Fernández reside en que por tratarse de un gobierno peronista cuenta con la benevolencia rentada de sindicatos, grupos piqueteros y medios. Puede, por ejemplo, usar de variable de ajuste a los jubilados sin pagar costo político. En realidad, lo que lo paraliza es menos la reacción popular, que la interna del oficialismo.

Pero las declaraciones de su ministro se contradicen. Aseguró al FT que no va a devaluar, que va a seguir aumentado el gasto y que no arreglará en lo inmediato con el Fondo, pero las necesidades políticas no cancelan la lógica económica.

Entre 2003 y 2015 el kirchnerismo aumentó el gasto público 12 puntos del PBI. Financió la suba con 12% de mayor presión fiscal, con 46 mil millones de dólares de la supersoja, con la estatización de las AFJP y con 48 mil millones de dólares de las reservas del BCRA. Hoy no tiene nada de eso y el rojo fiscal es aplastante. No se trata de esperar tres meses para un acuerdo con el FMI, sino de asumir una realidad para la que no hay escapatoria.

Sergio Crivelli para La Prensa

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