La vacuna dispara el optimismo sobre la economía mundial: ¿y en la Argentina?

POLÍTICA Por Por Daniel Fernández Canedo para Clarín
Por el avance contra el coronavirus, despegan EE.UU. y China. Y cambian las expectativas. Viento de cola para los países emergentes.
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La posibilidad de que a mediados del año próximo buena parte de la población en situación de riesgo esté vacunada contra el coronavirus cambió las expectativas sobre la evolución de la economía a partir del primer trimestre de 2021 

Estados Unidos y China, las dos principales economías del planeta, ya reaccionaron en este cuarto trimestre y la trepada de las acciones en la bolsa neoyorquina parece no tener fin.

El gigante financiero JP Morgan dijo en su informe semanal que la recuperación de los mercados está a mitad de camino y recomendó a sus clientes comprar acciones de compañías tecnológicas. ¿Tendrá muchas para venderle a los clientes o su sugerencia formará parte sincera de las investigaciones de sus economistas?

Una señal a tener en cuenta es que Elon Musk, el excéntrico dueño de Tesla (autos eléctricos que están en alza en el mundo desarrollado), decidió vender US$5.000 millones de sus acciones después de una suba de 650% en un año. ¿Apostará a que la burbuja de las acciones tecnológicas pinchará en el corto plazo?

Más allá de si el índice Nasdaq de la bolsa de Nueva York vive o no una fiesta, desde la Argentina la pregunta podría ser: ¿y a mí que me toca?

El impulso de una mejora del clima financiero global tiene una característica distintiva: al mundo desarrollado no le preocupa un aumento de la inflación y eso prolonga la expectativa de tasas de interés bajas por más tiempo.

No es casual que Perú haya salido al mercado a buscar dólares colocando bonos de hasta 100 años de plazo y que para los títulos de 10/12 años haya pagado sólo 1% anual sobre la tasa de los títulos de EE.UU., que está en 0,91% anual.

Tasa de interés internacional baja, dólar debilitado, precios de materias primas tonificándose y la posibilidad de una vacuna que cambia la expectativa en torno a la mejora de actividad global, después de un año en que el temor a la pandemia retrajo el consumo y, en muchos países, hizo crecer sensiblemente la tasa de ahorro.

Para los países emergentes, esas buenas noticias del mundo deberían traducirse en un regreso de los capitales que se fueron en los tiempos del "vuelo a calidad" buscando refugio en los bonos del Tesoro de los EE.UU. o equivalentes y ahora quieren más rentabilidad.

En medio de ese cambio del panorama mundial, la Argentina tiene una situación divergente: hay expectativa en torno a la mejora del precio de la soja (US$425 la tonelada cuando en enero era US$341), mejoran los precios de las acciones de compañías privadas pero los títulos públicos siguen para abajo.

¿Qué importancia tienen los precios de los títulos públicos? Son los que marcan el "piso" del costo del endeudamiento para un proyecto de inversión en la Argentina y son considerados como un termómetro de la confianza o desconfianza en la evolución de la economía.

Los bonos argentinos cotizan entre US$36 y US$38 por cada lámina de US$ 100 y ofrecen rentas del orden del 16% anual en dólares, altísimo a nivel global.

Si en el mundo pagan menos de 1% anual y la Argentina ofrece 16% en bonos que después del canje de deuda que realizó el Gobierno están a salvo de default, el nivel de desconfianza está a la vista.

¿Cuánta de esa desconfianza es por por la situación política y cuánta por los desequilibrios económicos? La tensión interna del Gobierno complica mucho y la situación judicial de la vicepresidenta, también, por lo que a la rama económica sólo le restaría hacer su trabajo en un contexto hostil.

El ministro Martín Guzmán navega a vela por el andarivel marcado para conseguir financiamiento del Fondo Monetario Internacional, que en el contexto actual aparece como el prestamista de última instancia.

Dentro y fuera del Gobierno se acepta que los dólares del FMI serían los únicos que podrán venir adicionalmente a los de las exportaciones agropecuarias.

Como es tradicional, aunque se supone con mayor flexibilidad por el impacto negativo de la pandemia sobre el déficit fiscal (terminaría en 7% del PBI después de arrancar el año en 0,5% del PBI), el FMI le pedirá a Guzmán disminuir el déficit por debajo del 4% del PBI aun cuando en el Presupuesto 2021 ese número sea de 4,5%.

El ministro asegura que el FMI no le pide una devaluación, pero en los últimos meses quedó en evidencia que con una brecha cambiaria amplia (superior a 80%) el Banco Central sigue perdiendo reservas (entre agosto y octubre bajaron US$ 3.530 millones y en noviembre otros US$1.200 millones). Y ese resultado impide prever un mercado cambiario estabilizado, que sí reclama el Fondo.

En noviembre hubo dos datos positivos para destacar: los depósitos en dólares dejaron de caer y se estabilizaron en US$14.700 millones, y el dólar blue de $155 bajó 8% en el mes y 20% desde el pico de $195 del 23 de octubre.

La baja de los dólares libres, como ocurre habitualmente en la Argentina, tranquiliza los ánimos de los funcionarios y de los mercados hasta que se confirme si hay un cambio de tendencia que le permita al Banco Central ganar reservas.

Lo que se ve ahora es que los importadores adelantan compras para aprovechar el dólar mayorista de $82 y el Gobierno apuesta todo a llegar a marzo, cuando comenzarían a entrar los dólares de la soja.

En ese sentido hay una humorada típica de Twitter del economista e historiador Pablo Gerchunoff para tener en cuenta: "Los dólares de la cosecha son los padres". Por suerte o destino, queda el FMI.

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