Choque de burbujas: el Gobierno quiere desmovilizar la plaza del aborto

Gobierno y oposición – cada cual, encerrado en su burbuja, como indican los protocolos de la peste - avanza para librar dos batallas que ponen a prueba sus estrategias, y su capacidad de correr la línea que lo tiene encorsetado desde hace un año
27-cupula

Las burbujas son buenas y recomendables porque te protegen. Pero son frágiles y cuando estallan te dejan mirando al sudeste, como aquel hombre del filme de Eliseo Subiela que no se sabía, al final, que era lo que estaba mirando. El oficialismo busca aprobar en el Senado la despenalización del aborto. Un proyecto que parecía un paseo, pero que se le complica hora a hora. 

El peronismo domina ampliamente esa cámara, pero nadie se anima a apostar por el triunfo de la iniciativa que mandó Alberto Fernández como un emprendimiento personal, con el mismo propósito que tuvo Mauricio Macri hace tres años: salvarse de una crisis política. Cristina se mantiene lejos del debate en la superficie, pero tomó una medida discreta, indicativa de las dudas que hay sobre el resultado: la sesión del 29 comenzará a las 16, y no a las 11 como estaba previsto. Es para que la votación se haga en la madrugada del 30. El debate está calculado en 12 horas y quiere que se vote a una hora que encuentre a las barras verde y celeste con las defensas bajas, fuera del prime time de los medios audiovisuales, sin transporte público y después del cierre de la prensa gráfica.

La desmovilización de la plaza obedece al temor de que el festejo y la bronca de uno y otro sector – según el resultado – produzca alteraciones del orden público. Como ocurrió en Diputados cuando se trató el proyecto, la seguridad y el montaje de palcos y escenarios está a cargo del Senado. La oposición reclamó que la sesión empezase a las 11, pero le respondieron que la policía federal y la de la Ciudad pidieron que la votación se haga en la madrugada, cuando todos dormiten la pausa de fin de año, y casi sin testigos. Si gana la opción verde, los celestes la acatarán. Si el proyecto es derrotado, es esperable una reacción más vehemente de los verdes. Es lo que teme la policía, hoy la bisagra chirriante de las relaciones entre la Nación y la oposición

Dos regalos de Navidad inoportunos

Un partido político paga su falta de liderazgo con desaciertos estratégicos. Ocurre cuando sus dirigentes creen saber qué representan - ideas, posiciones, intereses - pero no saben a quién representan. Esa confusión es favorecida por el espíritu de burbuja que domina por sobre todos. Fomenta los gestos testimoniales - identificarse con banderías, no con personas. Si la estrategia tuviera en cuenta al soberano, ¿a quién se le ocurrió que un gobierno que ganó holgadamente las elecciones y controla el Congreso le haga tamaño regalito de Navidad a la mitad de la población, como son la despenalización del aborto, y la nueva fórmula de para actualizar -a la baja- las jubilaciones?

Cualquier sondeo indica que la mitad de la población es celeste y la otra mitad es verde. ¿Es la Navidad con pandemia el mejor momento para herir a alguna de las dos tribus? Una festejará, la otra va a llorar, como es previsible con cualquier resultado. Un negocio de suma cero para cualquier político. Si hubiera en el oficialismo un jefe político – Perón, Alfonsín, Menem, hasta Kirchner o Macri, te regalo - lo primero que se hubiera analizado era la oportunidad de tamaño esfuerzo – de resultado incierto - ante un asunto tan complejo como es el aborto. Sigue siendo un debate abierto en todos los países, aún en aquellos en donde parecía superado por legislaciones más progresivas.

Aun allí hay cuestionamientos, encerronas legales que convierten a los abortos en carísimos o inviables - Estados Unidos es el ejemplo. No es sólo un asunto moral o religioso: es un capítulo de la lucha por la libertad individual, que compromete a gran parte de la población, en una sociedad que no tolera ataduras. Si no se entiende este punto, no se entiende la razón de la pelea. Hasta Macri, cuando decidió proponer un proyecto en marzo de 2018, lo hizo después de una discusión estratégica. Estaba en contra de la iniciativa, pero presentó el proyecto porque quería evitar que el 8 de marzo de aquel año, una semana después de que hubiera abierto el año legislativo que siguió a una victoria electoral, la oposición le clavase una sesión especial con quórum para abrir el debate.

Buscó y logró evitar una derrota táctica en un momento muy delicado. La economía había entrado en un turbión que había motivado el giro que dio el gobierno en materia financiera el 28 de diciembre de 2017, el fin del sueño Sturzenegger y el comienzo de la pesadilla Dujovne. También recrudecía la pelea con los aliados del radicalismo por la política energética, y ya se levantaban en el horizonte los muertos vivos del FMI.

Alberto ensaya el viejo método de borocotear

Más Brancaleone que nunca, la burbuja del gobierno disipa artillería. Vilma Ibarra lo puso a Alberto Fernández en el teléfono para que dialogase con el rionegrino Alberto Weretilneck, un "verde" con críticas y reclamos de modificaciones al proyecto oficial.

No los logró en el dictamen de mayoría, y le prometieron mejorarlo en la reglamentación. El rionegrino cree que hay que limitar las posibilidades de que un aborto se haga hasta el final del embarazo, y que se amplíen las seguridades de la objeción de conciencia por parte de los médicos y las clínicas. Alberto lo invitó a su despacho, pero el senador, que conoce ese paño - el mismo que le impidió reelegir como gobernador, se negó al peregrinaje.

Habrá recordado aquella travesía entre una legislatura y la Rosada, que terminó con la carrera de Eduardo Lorenzo "Borocotó". Se trataba de mejorar la suerte de Aníbal Ibarra, dañada por Cromagnon, y Alberto se adelantó a subirlo al gobierno de Néstor a cambio de un voto. Perdieron Borocotó - que aportó innovaciones semánticas en el léxico político como el verbo “borocotear” - y Aníbal. El presidente y el senador limitaron las conversaciones a un debate en el nivel de los asesores. Weretilneck pidió una prueba de amor: que el gobierno dijera que habría modificaciones al proyecto.

Pero la ministra de la Mujer Elizabeth Gómez Alcorta dijo el miércoles a una radio amiga (de ella) que "no se está analizando introducir cambios en el texto del proyecto". La política es un oficio canalla, y los pícaros ya circulan en las redes la lista de los senadores a quien llamó Alberto para "darlos vuelta", y le dijeron que no. Son por lo menos cinco. Reservamos sus nombres para no meterlos en ningún quirófano (aquí no se hacen operaciones, cuanto más un entubamiento). El juego de Weretilneck es un ajedrez patagónico. En 2018 la senadora de su misma provincia, Silvina García Larraburu, viró de verde a celeste - diz que por un acuerdo de Cristina con el Vaticano - y eso frustró la aprobación del proyecto. Ahora ella despierta del sueño dogmático y se ha vuelto verde, pero el comprovinciano ex gobernador no quiere morir chupado por la turbina de esa conversión. Lo último que querría es aparecer en la foto de los verdes arrastrado por García Larraburu.

Tráfico de presiones sobre verdes y celestes

Estas especulaciones de quinieleros marcan la incertidumbre del resultado. Los verdes de la oposición creen que el proyecto sale porque tiene - hasta este fin de semana- cuatro votos arriba. El interbloque de Juntos por el Cambio discutió el lunes la estrategia de promover abstenciones, para aguarle los festejos al gobierno. No tuvo mucho apoyo. La cúpula de ese sector es verde. La exgobernadora María Eugenia Vidal levantó el teléfono para transmitirles a quienes "jefaturean" esa bancada - según el neologismo consagrado por Graciela Camaño - la inquietud de algunos obispos. Le dijeron que no van a cambiar de opinión.

Entre los celestes del oficialismo, por su lado, hay constancias de que Cristina de Kirchner no ha reclamado el voto a nadie en ningún sentido. Uno de los polos de referencia que hay que observar es Jorge Capitanich, el más despierto de los gobernadores del sector cristinista. Es un celeste, amigo del Papa, sostiene sus convicciones y gobierna con una activa mesa de diálogo interreligioso, etc. Consta que cuando armó la lista de candidatos a senadores puso a una verde y a un celeste (María Pilatti Vergara y Antonio José Rodas). Buscó respetar ese equilibrio, para evitar costos políticos como el que tuvo el tratamiento del proyecto en 2018. Algunos audaces de mesa de arena hasta han especulado con la eventualidad de que debiera ser reemplazado el riojano Carlos Menem. El suplente es Ricardo Guerra, un celeste más celeste que la bandera.

Jubilaciones: el lavagnismo forzado a opinar por mail

El mismo dilema plantea el debate, también de resultado incierto en la sesión de este 29 de diciembre, por la nueva fórmula de actualización de las jubilaciones. La oposición reclamó que incluyera el factor inflación, pero el oficialismo se negó. No ha podido responder al reproche de que es otro capítulo de ajuste del gasto, que se ensaña con los jubilados.

El dictamen de minoría, que rechaza la fórmula de actualización que propone el oficialismo, afirma que el ajuste previsional le hará ahorrar al gobierno cerca de $80.000 millones este año. Se suman a los $5.000 millones que le reportó la ley de emergencia de diciembre pasado.

El gobierno confía con tener el quórum para iniciar el tratamiento del dictamen de mayoría, pero aprieta las clavijas para tener los votos necesarios. Los armadores de mayoría aseguran el apoyo de misioneros y cordobeses, pero no logran que cinco lavagnistas apoyen el proyecto. Es que hay agravios de vieja data.

El bloque que regula "Bali" Bucca, pero que maneja en realidad Graciela Camaño, despacha cuentas pendientes con Sergio Massa, que dejó a esa bancada fuera de las dos comisiones que trataron el tema, Presupuesto y Previsión Social. El jefe de los Diputados incumplió el acuerdo que le aseguraba a Jorge Sarghini una silla en Presupuesto, y al "Topo" Devoto (lunga manu del propio Lavagna) otra en Previsión Social.

¿Es concebible que el peronismo no tenga en una comisión de Presupuesto a Sarghini, que es una de las estrellas de ese partido, más allá que esté encuadrado en una tribu disidente - antes el massismo, ahora el lavagnismo? Ese sector no pudo ni presentar dictamen de minoría porque no integra las comisiones. Mandó un dictamen informal por mail y pidió que se girase a los diputados. Un Sarghini tuvo que opinar por mail, sin dictamen propio. Esto carga sobre la cuenta de los pasivos de Massa, que ahora hace campaña para que la cámara de Diputados sesione en enero.

Quiere demostrar que él hace trabajar a los diputados en verano - cree que va a mejorar el prestigio de su función. Este martes va a conversar con los jefes de bloque sobre una sesión en la tercera semana de enero, para lo cual necesitará además un nuevo protocolo de sesiones. El actual vence el 4 de enero, y cada renegociación del formato de las sesiones implica para él un parto, que termina en una derrota ante la oposición, que ha ido ganándole, en cuotas, la batalla de la presencialidad casi plena. Algo parecido a la suerte de Cristina en el Senado, que ha ido reduciendo a cuentagotas el formato remoto.

Dos sentencias ejemplares

Es también una invitación a otra guerra judicial que puede terminar en un Badaro III en la Corte. Este tribunal ha recobrado poder con fallos que desairan la agenda del oficialismo (Boudou, De Vido, traslado de jueces) y no dejaron en paz a los gobiernos Kirchner con aquellos dos fallos Badaro que obligaron a aumentar jubilaciones. Por si faltasen prueba de que no harán seguidismo, en diciembre aportaron otro fallo memorable como es el cierre de la causa que le inició el anterior gobierno de Cristina a un grupo de periodistas a quienes acusó de hacer espionaje.

Era una investigación de servicios de inteligencia de cuando Alberto Fernández era jefe de gabinete. Fue una mortificación a esos profesionales durante quince años- embargados, procesados, pagando abogados - que ahora la Corte cerró ante la apelación de fiscales que actúan de nuevo con Alberto presidente. Otra señal de la música de la reforma judicial. El fallo es tan importante como el desprocesamiento de Daniel Santoro en la causa Dolores que dictó la cámara de Mar del Plata.

Presencialidades de fin de año: Ginés, racinguista resignado

La agenda de fin de año justificó presencialidades afectivas en varias burbujas, algunas del mismo vecindario. Olivos abrió el quincho para los ministros de Alberto, necesitados de una caricia. Los bate el fuego amigo, porque las noticias sobre cambios salen del mismo seno del gobierno. Ocurre siempre, y las víctimas más débiles son quienes están en los frentes de conflictos; a los ministros del montón, que viajan en clase turística, nadie los expone en esos atentados de imagen que reciben a diario funcionarios como Ginés González García o Felipe Solá.

En la charla de Olivos se evocaron historias viejas sobre generales americanos en el frente de la Segunda Guerra Mundial como - MacArthur o Patton. Estaban en el frente, pero fueron desplazados por intrigas de Washington, en donde los veían como posibles candidatos a presidentes. En este pesebre de Olivos les cabe la comparación a Ginés y Solá. "- Canto Patton", bromea Felipe. Noche agridulce para Ginés, porque era la estrella de la nueva épica sobre la cual el gobierno va a montar el 2021, pero estaba en una jornada aciaga para su equipo, el Racing Club. Encabezará la gesta de la jeringa y el coraje.

Tenemos que pasarnos todo el año vacunando, fue la consigna de Alberto para esa noche. Los ministros miraban, de rabo de ojo, en los celulares los resultados del fútbol. Por pura crueldad y gastarlo a Ginés por la derrota del 0-2 en la Bombonera. Como si el ministro no tuviera otro problema. Esa épica de la vacunación no es una originalidad criolla; se vio el mismo retablo de la salida y llegada de aviones en Chile, adonde Sebastián Piñera encabeza actos en los aeropuertos con el mismo mensaje proselitista. Busca salvarse, como todos, porque la peste obligó a todos los gobiernos del mundo a una misión penosa: contar muertos y contagiados. Ahora se busca cambiarla por la vacunación masiva.

Ya hay heredero en China

Esa noche ya se comentaba la salida de Luis Kreckler de la embajada en China, ordenada por Solá dentro de una reorganización de la Cancillería. Es que se cumplen los 5 años, explicó, que tiene que estar un embajador fuera del país. Kreckler, que fue a China pedido por Cristina, estuvo antes en Brasil - siendo ella presidente - y Mauricio Macri lo envió a Alemania y después a Suiza. Vuelve ahora a Buenos Aires, cuando le falta un año y medio para jubilarse.

Ser embajador, para un político, puede ser un exilio para desactivarlo en casa. Pero la parálisis de la vida pública congela también esos movimientos; el músculo duerme y la ambición no descansa. Ante eso, ¿quién no querría un cargo de US$16 mil con los gastos pagos? ¿O un destino diplomático en la casa con un sueldo de $600 mil? Por eso sacuden el árbol a ver quién cae. La vacante que deja Kreckler tiene nombre ya: Sabino Vaca Narvaja, hoy Representante Especial para la Promoción Comercial e Inversiones en la embajada en China, y que tiene patente de ser un estudioso de ese país.

Se lo mencionó como embajador cuando asumió Alberto, pero Cristina lo prefirió a Kreckler, con quien hizo una buena relación desde que la recibió en Los Ángeles, donde era cónsul, en un viaje que hizo en julio de 2005. Era primera dama y se postulaba como candidata a senadora. Fue la inauguración de una muestra sobre Eva Perón junto a Cristina Álvarez Rodríguez. Todo tiene que ver con todo. Sabino es hermano de Camilo, ex yerno de Cristina, e hijo de Fernando, que integró la banda montoneros y fue ministro de Obras Públicas de Río Negro en el gabinete de Alberto Weretilneck en 2012 hasta su renuncia en febrero de 2014.

Carrió a la gobernación

En otra parrilla cercana, Miguel Pichetto también despidió el año junto a la burbuja que integra con fogoneros del peronismo republicano, y algunos ex embajadores. En esa mesa estuvieron Miguel Toma, Juan Pablo Lohlé, Andrés Cisneros y otros, quienes discutieron el tópico más común en la oposición: si el Peronismo Republicano es pata o cabeza peronista de Juntos por Cambio.

La tasa de corte es la ampliación del voto de esa marca. Pichetto venía de una larga entrevista con Patricia Bullrich que, junto a él, representa el ala de centro derecha del macrismo.

Se diferencian del ala moderada, que pueden representar Horacio Rodríguez Larreta o Elisa Carrió, y que busca ampliar el padrón de apoyos hacia sectores que en elecciones anteriores respaldaron a Massa o a Lavagna, y que rechazan al peronismo cristinista. El centro de la discusión era la novedad que aportó el lunes Carrió, que será candidata. Le pregunté a qué: voy a ser candidata a gobernadora de Buenos Aires, me respondió.

Menudo plan, que mueve la ligustrina en todo el perímetro, porque ese cargo lo pretenden, hoy por hoy, Jorge Macri, Diego Santilli, Cristian Ritondo y hasta Emilio Monzó. Entre los socios de JxC, también compite Gustavo Posse, que construye fuerza dentro del radicalismo de la provincia para controlar esa pretensión. ¿Y María Eugenia? Todas son viscosidades.

A su gente les dice que será candidata el año que viene a diputada; se varea con Larreta en la Capital, pero éste dice que no la necesita en la CABA - le ahuyenta los acuerdos con los radicales - y ella, cuando le preguntan por el 2023, responde que ya dio todo lo que podía a la provincia. El tema dominó este sábado en la fiesta gitana que armó Lilita en su casa de Capilla del Señor para recibir a los amigos por su cumpleaños.

Ignacio Zuleta para Clarín

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