La interna avícola de Cambiemos: más halcones y menos palomas

POLÍTICA Por Por Fernando González para Clarin
De cara al año electoral, Horacio Rodríguez Larreta y Mauricio Macri ajustan sus estrategias para liderar a la oposición.
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En la política nadie quiere ser una paloma. La comparación lo deja al dirigente en el subsuelo del respeto. Las palomas son aves demasiado pacíficas, sin talento ni ánimo para la batalla de la existencia. Y, por ser más mucho más torpes que un colibrí y bastante menos aguerridas que un carancho, suelen terminar heridas e incluso muertas por el camino. 

En la década del ’90, dos peronistas se disputaron el poder. Carlos Menem venció a José Octavio Bordón en las elecciones presidenciales de 1995. Al riojano le gustaba compararse con un Águila. Y, aunque había nacido en Rosario, al ex gobernador de Mendoza lo llamaban “el Cóndor” por sus años en territorio andino. Ninguno quiso ser paloma, claro.

La interna avícola se reproduce en la política cada vez que confrontan dos sectores diferenciados: uno más agresivo y el otro más partidario de la concertación. Eso es lo que sucede hoy en Juntos por el Cambio, la coalición opositora que viene de perder el poder hace apenas un año y que, por peso partidario, territorial y parlamentario, es el que conserva mejores condiciones para desafiar a este peronismo actual, que Cristina Kirchner lidera hasta ahora sin que nadie se anime a discutirle nada.

Cambiemos tiene varios dirigentes importantes. Alfredo Cornejo preside la UCR con firmeza y Martín Lousteau y Mario Negri son líderes parlamentarios con expectativas electorales futuras. Qué decir de Elisa Carrió, guerrera de mil batallas y dueña indiscutida del sello llamado Coalición Cívica. Pero la disputa por el liderazgo está planteada entre los dos referentes del PRO: Horacio Rodríguez Larreta y Mauricio Macri. El jefe de gobierno porteño es el adversario emergente que visualiza el kirchnerismo y el ex presidente se resiste a abandonar el protagonismo que lo llevó hasta la Casa Rosada.

La cosa no está fácil para ninguno de los dos. Rodríguez Larreta enfrenta la ofensiva del kirchnerismo, dispuesto a despojarlo de la mayor cantidad de ingresos posibles para la Ciudad. Necesitan mostrar que hay flancos débiles en su gestión de gobierno, notoriamente más eficaz que la de algunos gobernadores peronistas, y arrinconarlo de cualquier modo. Después de unos meses en los que jugaron a diferenciarse, Alberto Fernández y Sergio Massa terminaron como acompañantes dóciles de la estrategia diseñada por Cristina y Máximo Kirchner. Todos contra Horacio.

Horas antes del final de este 2020 complicado, el Gobierno activó los mecanismos institucionales para cambiarle los términos de coparticipación y bajarle los ingresos por seguridad a la Ciudad. Era la señal que Rodríguez Larreta temía para responder con su reclamo ante la Corte Suprema de Justicia. Hubiera preferido que todo sucediera más rápido para tener una respuesta antes de la feria judicial. No pudo ser y deberá aguardar a que termine el verano para saber si cuenta con alguna chance de recuperar esos $ 60.000 millones con los que regaba los helechos que desvelan a Cristina.

Aquellas conferencias de prensa en la Quinta de Olivos junto al Presidente y a Axel Kicillof quedaron muy lejos. Rodríguez Larreta enterró el perfil de paloma el día que le podaron los recursos e intenta ahora consolidar su perfil opositor sin perder el aura de moderación. “Si queremos recuperar el poder algún día, tenemos que conseguir los votos de quienes se fueron con Alberto hace un año y ahora están desencantados”, explican muchos de esos dirigentes de Cambiemos. Entrar en el palo y palo contra todo el peronismo, creen ellos, sería quedarse para siempre en el umbral del 40% de votantes con el que fueron derrotados en 2019.

La mirada de Macri, y sobre todo la de quienes lo acompañan, es diferente. Para el ex presidente, la estrategia adecuada consiste en atacar al kirchnerismo a fondo sin preocuparse por sumar nuevas audiencias a futuro. En ese escenario, no hay autocrítica que valga. Todo lo que se hace ahora está mal y todo lo que se hizo durante el gobierno anterior estuvo bien. Buscan clavarle a Rodríguez Larreta el chaleco de paloma y se entusiasman cuando los llaman halcones. La grieta de Cristina les sienta bien.

La veta ultramacrista encuentra calor en el fragor de las redes sociales. El ex presidente se reconforta recibiendo a las celebridades tuiteras que lo defienden y que postean fotos con elogios fervorosos a la ex primera dama, Juliana Awada. Macri celebró esta semana un tuit del cantante cumbiero “El Dipy” y hasta hay quienes lo incluyen en listas de posibles candidatos en las elecciones legislativas del 2021. Esa sí que el consultor ecuatoriano, Jaime Durán Barba, jamás la vio venir.

Los halcones de Mauricio tuitean con furia. Las palomas de Horacio se cruzan, por ejemplo, en el cumpleaños de Carrió. Hasta la casa de Exaltación de la Cruz llegaron el último sábado, además de Rodríguez Larreta y los lilitos de la Coalición Cívica, el radical cordobés Negri, Diego Santilli y Alfonso Prat Gay. Macri y Patricia Bullrich, en cambio, enviaron saludos.

Está claro que cuando suenen las baterías de la batalla electoral del año próximo, el espacio entre palomas y halcones se va a reducir notablemente. “La clave ahora es como le disputamos el poder al kirchnerismo”, dice Jorge Macri, quien le resta importancia a esa controversia de bajo vuelo. En la misma línea se expresó esta semana el intendente de Pinamar, Martín Yeza, de buena relación con Rodríguez Larreta y anfitrión reciente de Macri.

"Hacia el 2021 veo que hay un sector del partido más reivindicativo de lo que se hizo y que busca diferenciarse del kirchnerismo, los halcones Grupo A. Y los halcones Grupo B, que creemos que tenemos que recuperar la ambición de transformar la Argentina", diferenció Yeza en la interna avícola, con un cálculo que sonó un poco a análisis sanguíneo.

Grupo A o Grupo B, todos quieren ser halcones en estos tiempos y a nadie le gusta que lo llamen paloma cuando se trata de ganar o de perder una elección decisiva. Tal vez para la oposición, no se trate tanto de volar más alto sino de mirar más de cerca lo que sucede sobre el territorio de un país que lleva nueve años de derrumbe económico con las marcas indelebles de Cristina, de Macri y ahora de Alberto.

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