Despacito, de "5 en 5", el plan Guzmán contra la inflación

ACTUALIDAD Por Por José Calero para Iprofesional
"Despacito", el hit que hizo millonario al puertorriqueño Luis Fonsi, parece resumir bien la estrategia impulsada por el ministro Martín Guzmán para intentar poner en caja a la inflación.
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"Buscamos que la inflación se vaya reduciendo 5 puntos porcentuales año a año", reveló en la semana el encumbrado jefe del Palacio de Hacienda, ante un auditorio universitario. 

Si ese pronóstico se cumple, lo cual sería todo un logro en una Argentina donde las previsiones económicas casi siempre fallan, el costo de vida descendería a un dígito recién hacia 2026.

Y eso si se consolida la expectativa de que la inflación cierre por debajo del 30% este año, un pronóstico complicado teniendo en cuenta que todos los consultores de mercado, incluso los que tiene en cuenta el Banco Central, la ubican en niveles del 50% para cuando concluya el 2021.

Guzmán, lo más parecido a un superministro desde la época de Roberto Lavagna en el primer kirchnerismo, fortaleció sobre el cierre del 2020 aún más su posición en el Gabinete, al nombrar a un hombre de confianza, el ex secretario de Finanzas Diego Bastourre, en el directorio del Banco Central.

Ya venía mandando en distintas reuniones de Gabinete desde hace varias semanas, y virtualmente intervino la comunicación sobre casi todas las cifras que difunde el Gobierno con el fin de evaluar la marcha de la economía.

Últimamente, Guzmán hace una interpretación positiva de todas las cifras clave del INDEC, y ahora también sumó su propia lectura hasta sobre la recaudación de la AFIP.

Dicen que todo comenzó en una reunión en la Casa Rosada realizada en octubre, cuando el dólar blue estaba a punto de tocar los $200.

Alberto Fernández estaba nervioso pidiendo respuestas sobre por qué no daban resultado las estrategias para frenar al monstruo verde, y Guzmán anticipó con gran detalle la estrategia que se venía para domarlo, lo cual finalmente ocurrió.

En ese momento le dijeron que "eso había que contarlo" ante la opinión pública, y desde allí la comunicación del Ministerio de Economía dio un giro, y Guzmán extendió sus tentáculos para tamizar con una mirada positiva cada información que se difunde.

Entre las metas del ministro está la expectativa de lograr lo que nadie pudo en el país: que los argentinos dejen de pensar, comerciar y vivir en función del dólar.

"Hay que romper el círculo vicioso del bimonetarismo y transformarlo en un círculo virtuoso", sostuvo ministro discípulo de Joseph Stiglitz en estos días.

Y también parece haber comenzado a esbozar una idea siempre pronunciada desde todos los sectores, pero siempre fallida: el diseño de políticas de Estado, estrategias a largo plazo sobre las que haya consenso entre las principales fuerzas políticas.

Su próximo paso en ese sentido será la reforma tributaria, que espera que el Congreso convierta en ley.

Busca crear una estructura general de impuestos que haga homogéneos los gravámenes en todo el país -hay muchas quejas del sector empresarial por Ingresos Brutos y, a nivel nacional, el impuesto al Cheque- y brinde incentivos para la formalización de la economía en negro, que se habría disparado largamente por encima del 40% en la pandemia, cuando históricamente osciló en un tercio.

A su vez, Guzmán pretende avanzar con un plan para aumentar las exportaciones, que tendrá muchos componentes de la propuesta realizada por el Consejo Agroindustrial Argentino.

En su campaña electoral, Alberto Fernández dijo que durante su gobierno cuadruplicaría las ventas al exterior, una meta ambiciosa pero no tan difícil para un país con el potencial de la Argentina.

Hasta ahora, lo único que logró el Presidente es complicar el frente agroexportador, trabando las ventas de maíz al exterior y reviviendo fantasmas de conflicto con el campo, justamente el sector con capacidad decisiva para que cumpla su promesa de campaña.

En el frente financiero, esta semana se reactivarán las reuniones con el FMI para avanzar en un acuerdo que permita refinanciar una deuda de corto plazo que ya ronda los u$s 50.000 millones, intereses mediante.

Economía dice no sentir ansiedad por resolver rápido el acuerdo, porque pretende diseñar un esquema sostenible y cumplir con los compromisos asumidos, como no lo hizo el gobierno anterior.

Guzmán dijo que pretende lograr un "Nunca Más" de las deudas insostenibles en moneda extranjera.

Fue una frase poco feliz, por el valor simbólico que tiene para los argentinos tras lo ocurrido hace más de 40 años en la dictadura.

Pero está claro que el jefe de Economía se dejó llevar por el entusiasmo y el optimismo que lo rodean estos días, donde parece que algunas de sus estrategias empiezan a rendir frutos.

Esta semana el Gobierno confía en anunciar la renovación del programa de Precios Cuidados, en el que pretende duplicar la cantidad de artículos incluidos.

Faltan sortear algunos obstáculos, como el acuerdo con el sector alimenticio, que vienen protestando porque considera insostenible seguir manteniendo a muchos productos claves dentro de ese esquema.

La renovación del programa trimestral llegará con subas promedio del 6,5% y una duda cada vez mayor: ¿Alcanza con Precios Cuidados para tratar de mantener a raya la inflación?

En el Gobierno no lo admiten en público, pero están convencidos de que no alcanza.

Por eso pretenden impulsar un gran acuerdo nacional entre gremios, cámaras empresariales y organizaciones sociales para, entre otros objetivos, alinear precios y salarios en la economía.

Será en el marco de Consejo Económico y Social, cuyo lanzamiento es inminente.

La iniciativa nace con problemas: el Foro de Convergencia Empresarial, un grupo de lobby que engloba a más de 80 cámaras, acaba de lanzar una dura crítica al gobierno.

"La repetida intervención del Estado en las actividades del sector privado afecta el crecimiento económico y el proceso de inversión, que ya está en mínimos históricos", alertó la entidad.

El Foro pegó donde más le duele al Gobierno: trazó un paralelismo entre las medidas que se están tomando y las adoptadas durante los gobiernos de Cristina Kirchner.

Un karma con el que parece que deberá lidiar el Presidente durante toda su administración.

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