Trump rompe 150 años de tradición democrática

El presidente no asistirá a la toma de posesión de Biden y quebranta así una costumbre, mantenida por todos sus predecesores desde 1877, que representa el respeto por la democracia, el proceso electoral y la unidad del país
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La ausencia de Donald Trump este miércoles en la toma de posesión como presidente de Joe Biden ha roto una tradición democrática que ningún otro mandatario de Estados Unidos había quebrantado, salvo muerte o dimisión durante el cargo, desde que en 1869 Andrew Johnson no asistió a la investidura de Ulysses Grant. Con su decisión, Trump, que ha afirmado que su derrota es producto del fraude electoral, intenta enfangar una ceremonia que representa el respeto por el proceso electoral estadounidense y la unidad del país por encima de las desavenencias políticas.

El republicano Ronald Reagan, en unas palabras dirigidas a su predecesor, el demócrata Jimmy Carter, explicó con elocuencia en su propia toma de posesión (1981) la importancia de esta costumbre: “A través de su amable cooperación en el proceso de transición, ha mostrado a un mundo expectante que somos un pueblo unido, comprometido a mantener un sistema político que garantiza la libertad individual en un grado que no lo hace ningún otro”. Y añadió: “A ojos de muchos en el mundo, esta ceremonia es un milagro”. Y aunque no siempre con tan buena armonía, desde que en 1877 el republicano Ulysess Grant dio el relevo al también republicano Rutherford Hayes, todos los presidentes salientes vivos —salvo Nixon que dimitió acorralado por el caso Watergate—, no han faltado a la investidura de sus sucesores.

Con Trump, son cuatro los mandatarios que han roto la tradición de asistir a la inauguración de una nueva Administración desde que George Washington fuera investido como primer presidente de Estados Unidos, en 1789. Además de Andrew Johnson, tampoco acudieron a la investidura de sus sucesores el segundo presidente estadounidense, John Adams, quien en 1801 no participó en la toma de posesión de Thomas Jefferson, y su hijo, Quincy Adams, presidente entre 1825 y 1829.

El propio Donald Trump, en su discurso de toma de posesión, reconoció la importancia de la “transferencia ordenada y pacífica del poder” entre las distintas Administraciones cuando literalmente afirmó estar “agradecido al presidente Obama y a la primera dama Michelle Obama por su amable ayuda”. “Han sido magníficos”, apuntaló. Y sus palabras no fueron una anomalía entre presidentes de distinto signo político: Obama agradeció a George W. Bush “su servicio a la nación y la generosidad y la cooperación que ha demostrado en la transición” (2009); Carter reconoció los servicios que Ford había prestado a la nación (1977); y Eisenhower destacó en su discurso frente a Truman que el cambio político en EE UU no implica “turbulencias, agitación ni desorden” (1953).

Incluso, en dramáticos relevos, como el de John F. Kennedy, asesinado en Dallas el 22 de noviembre de 1963, la importancia de subrayar la continuidad democrática estuvo presente: la viuda de Kennedy, Jacqueline Kennedy, acompañó a Lyndon B. Johnson en el juramento de su cargo, a bordo del Air Force One, tan solo horas después de que hubieran asesinado a su marido.

Fuente: El País

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