El círculo de la confianza

OPINIÓN Por MYRIAM MITRECE
Nada hay en la mente que no haya pasado por los sentidos decía Aristóteles y "ver para creer", el incrédulo Tomás. ¿Es que estaremos condenados a no confiar ni siquiera en lo que vemos con nuestros propios ojos? ¿Ya no podremos confiar ni en nosotros?
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Tratándose de vínculos humanos, "hay de todo como en botica" pero a lo que nadie puede huirle es a la condición social natural que todos compartimos. Ser y co-ser, decía Aristóteles. "El que no puede vivir en sociedad, o no necesita nada para su propia suficiencia, no es miembro de la sociedad, sino una bestia o un dios"". Solo piedras sueltas. La dimensión individual se entreteje con la convivencia en sociedad. Ser, para el humano, es ser con otros. Y la confianza es como la argamasa que pega las piedras. Así se conforman las comunidades naturales, científicas, religiosas, virtuales, educativas, laborales.

Confiar es beneficioso para la salud física, mental y social. Sin confianza en los otros no habría posibilidad de descubrir una identidad común, ni aspirar a objetivos compartidos, ni comprometerse mutuamente, ni crear cultura. Sin una mínima dosis de confianza no es posible vivir como sociedad. Creamos comunidades porque creemos que allí habrá alguien para sostenernos, algo en que descansar, un lugar donde hallar paz y seguridad. Una cultura que fomenta la desconfianza, involuciona. Aunque parezca progresar, se deshumaniza y va hacia su propia muerte.

LA SOCIEDAD SECULARIZADA

Sin Dios en quien confiar, el círculo de la confianza se achica. Dice la filósofa argentina Josefina Perriaux que solo unos ojos muy embotados y un corazón cerrado no logran descubrir las huellas de Dios en lo real: "En la armonía, en la grandeza, en el orden presente en la naturaleza se proclama a viva voz la obra de un Gran Diseñador". No obstante, hoy el hombre ignora este orden, cierra los ojos frente a él y trata despóticamente a la naturaleza. Un gran número de los serios problemas ecológicos presentes en la actualidad tienen origen en esta actitud. 

El hombre contemporáneo desconoce también -y esto es más grave aún- los signos de Dios en la propia realidad humana". Sin confianza en un ser superior que trascienda lo terreno, solo quedan las instituciones humanas para sostenerse mutuamente.

INSTITUCIONES DESPRESTIGIADAS

La posmodernidad generó desconfianza en las instituciones tradicionales. Se las suele valorar en tanto colaboran a lograr los fines propios, pero cuando imponen sacrificios u obligaciones son rechazadas y denostadas.

Muchas instituciones se mancharon con la corrupción. Cuando se introduce en el ámbito público o privado la sospecha todo queda irremediablemente arruinado: si hay pruebas contundentes se confirma, si no hay pruebas, esta es una prueba más del poder de ocultamiento que tienen. Sin instituciones firmes en las que confiar, el círculo de la confianza se sigue achicando. Quedan los otros para sostenerse mutuamente.

HOMBRE LOBO DEL HOMBRE

¡Nos han dicho tantas veces que el hombre es un lobo para el hombre! Esta frase popularizada por Hobbes da por sentado un egoísmo natural que guiaría las conductas humanas. Si quisiéramos rebatir esta afirmación tendríamos miles de testimonios de generosidad y altruismo, tantas, como para sostenerla ¿hasta dónde puede llegar la maldad humana cuando está en juego el dinero o el poder? Sin pares en quienes confiar, el círculo de la confianza se sigue achicando. Quedan los próximos para sostenerse mutuamente.

DAÑAR AL SER QUERIDO

El último año de cuarentena global fue mellando las costumbres cotidianas con la familia y con los amigos. Cuidarse y cuidarte se transformó en "alejate de mí y yo me alejo de vos" porque podemos dañarnos mutuamente. La posibilidad de hacerle mal a un ser querido impuso una valla en las relaciones cercanas y la virtualidad fue suplantando el encuentro cara a cara. Situación molesta en los primeros tiempos, que fue generando con el correr de los meses cierta comodidad y adaptación. El círculo de la confianza se restringió aún más. Si el otro, aún sin quererlo puede dañar, solo queda confiar en sí mismo.

NI EN LOS PROPIOS SENTIDOS

El entorno de escenarios y objetos de apariencia real que ofrece la tecnología informática en la realidad virtual hace, para nuestros sentidos, posible lo imposible. Mediante la inteligencia artificial ya se pueden editar videos realistas aunque ficticios. En una deepfake podemos ver escenas que parecen ser perfectamente reales con protagonistas que nunca hicieron o dijeron lo que las imágenes muestran.

Nada hay en la mente que no haya pasado por los sentidos decía Aristóteles y "ver para creer", el incrédulo Tomás. ¿Es que estaremos condenados a no confiar ni siquiera en lo que vemos con nuestros propios ojos? ¿Ya no podremos confiar ni en nosotros?

HAY SALIDA

Lejos de apoyar el Gran reseteo hacia un nuevo orden, auspiciado y preconizado por el Foro Económico Mundial, no podemos negar que un cambio de actitud es necesario para no caer pasivamente en el abismo. Quizás hayamos llegado como humanidad al punto en que es necesario modificar la dirección para poder avanzar: revalorizar las raíces, restaurar en orden, recoger las piedras sueltas y comenzar pacientemente a volver a amalgamarlas.

Por MYRIAM MITRECE para La Prensa

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