El derrape de YPF, otra muestra argentina de destrucción de valor

ECONOMÍA Por Por Daniel Fernández Canedo para Clarin
La petrolera tuvo que presentar otra oferta de canje de deuda tras el fracaso de la inicial. Fue otro golpe al valor de las empresas nacionales.
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Fue el 15 de septiembre pasado cuando el Banco Central anunció que las empresas privadas podrían acceder a sólo el 40% de sus necesidades de divisas para hacer frente al pago de su deuda externa. 

Algunas de las más grandes y confiables avanzaron en conversaciones con sus acreedores y llegaron a nuevos esquemas de financiación, alargando plazos y re pactando las tasas de interés.

El caso de YPF fue distinto. Avanzó con una oferta considerada hostil por sus acreedores (algunos de ellos muy grandes con los fondos de inversión Blackrock y Fidelity) y el caso estalló cuando el Banco Central le dijo que no podría venderle US$400 millones para pagar el próximo 23 de marzo.

La lectura de los operadores del mercado es que, probablemente, YPF no tendría los pesos para comprar los dólares y que, seguro, el Central no se puede comprometer a desembolsar US$400 millones.

Las reservas disponibles del Banco Central rondan los US$4.000 millones contabilizando, las tenencias de oro, y si bien los funcionarios aseguran que resultan suficientes para transitar el camino hasta el ingreso de los dólares de la exportación de soja en abril, el goteo de divisas de las últimas dos semanas demuestra que Miguel Pesce no tiene margen para derroches.

Según los expertos en finanzas, el fracaso de la oferta inicial para los acreedores estaba cantado por dos motivos: YPF no quería pagar nada por dos años y la tasa de interés propuesta era de 8,5% anual, baja frente al 16% que ofrece la Argentina.

Bastaron esos dos datos, y la idea de que era una propuesta hostil, para derrumbar el precio de las acciones de la petrolera y derramar pérdidas en el resto del mercado.

El martes 26 de enero YPF repuntaba 6,7% pero en lo que va del año las acciones caían 21%. La táctica de la dureza frente a los acreedores les salió mal.

El cambio de Guillermo Nielsen (en el gobierno lo sindican como el responsable de la operación fallida) por Pablo González en la presidencia con la coronación del kirchnerismo en la conducción de la petrolera hizo crecer una nueva oferta de canje dejando de lado la estrategia de ir al choque que sólo había logrado una aceptación del 13%.

Ahora YPF está dispuesta a pagar intereses durante los dos primeros años que antes pretendía graciables, extendió al 5 de febrero el vencimiento final de la oferta y "decidió reforzar la estructura de garantías del bono 2026" además de subir de 8,5% a 9% anual la tasa de interés aplicable a los bonos a partir de 2023.

En YPF se justifican diciendo que el cambio forma parte de la negociación. Si así fuera, cuanto menos, habría que lamentar la destrucción de valor de las acciones de una compañía mixta, que cotiza en bolsa, que maneja el gobierno y que perdió confianza por parte de los inversores.

La caída de YPF arrastró al resto de las acciones en la bolsa y a las Obligaciones Negociables privadas. Una nueva destrucción de valor a la que se viene acostumbrando la Argentina en los últimos tiempos.

Otro ejemplo palpable es el resultado del canje "exitoso" que condujo el ministro Martín Guzmán a mediados de 2020 que arrancó con una oferta dura del gobierno proponiendo US$40 y terminó con el compromiso de pagar US$55 por cada lámina de 100 que era lo que pedían los acreedores.

Los bonos de aquel canje debutaron cotizando a US$46 y despertando expectativas de recuperación. ¿Fue la política la que metió la cola?

Hoy el bono global 2030 cotiza a US$39 y el 2035 a US$35, por debajo de los niveles de arranque de aquel canje y ofreciendo tasas de interés siderales de 16/17% anual. Y, a pesar de eso, no aparecen compradores.

El paso del tiempo no resuelve por si mismo el proceso de destrucción de valor de una economía, ni tampoco una buena cosecha.

Un cálculo a mano alzada muestra que con un PBI esperado para 2021 de $35 millones de millones(billones) y con un tipo de cambio de "contado con liquidación" de $147, el PBI en dólares de la Argentina rondaría los US$236.000 millones.

Así el PBI per cápita, suponiendo 45 millones de personas, representaría US$5.200 por año, muy lejos de los más de US$10.000 que supo tener el país.

¿Está el gobierno pensando en atraer a inversores locales y del exterior? A contar por el primer mensaje de YPF a los acreedores, no.

La estrategia de endurecerse para después aflojar ante la falta imperiosa de financiamiento no parece ser el camino. ¿Insistirá con esa táctica el presidente Alberto Fernández en la negociación con el Fondo Monetario Internacional?

El FMI está ahora bajo la mirada del flamante presidente de los EE.UU., Joe Biden, y de la experta titular del Tesoro norteamericano, Janet Yellen, que ya ocupó la titularidad de la Reserva Federal. ¿Será bueno o malo para el gobierno argentino? No hay una opinión única ni dentro de la Casa Rosada ni del Palacio de Hacienda.

Pero sí hay una visión unificada sobre la necesidad de bajar el déficit fiscal y la brecha entre los dólares para lograr algún acuerdo.

La distancia entre el dólar oficial mayorista ($87,02) y el "contado con liquidación"($149,72) alcanza a 72%, un nivel demasiado amplio para favorecer una liquidación fluida de las exportaciones de trigo, maíz y soja.

El gobierno insiste en que no tiene pensado subir al dólar por encima de lo que marca la inflación y los aumentos de los precios de los alimentos en las últimas semanas le van dando argumentos para mantener a raja tabla ese compromiso.

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