Manual para destruir un Estado en pocos meses

SANTA FE Por Coni CHEREP*
¿Cómo nacen los campos de concentración? Haciendo de cuenta que no pasa nada
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Se trata de no hacer nada. De mirar con una sonrisa complaciente a los protagonistas y dejarlos hacer.

Es imprescindible tener indolencia. Eso se tiene o no, pero si por alguna razón, irrumpe una sensación de reproche , culpa o indignación, es conveniente tener a mano un papel recordando los beneficios personales que se reciben a cambio del silencio y la condescendencia.

No hay temas mayores o menores. Acá da igual el área del que se trate. Es recomendable que empecemos por aquellos temas que pudieran generarnos alguna reacción adversa. Por ejemplo: si afrontamos el maltrato a los enfermeros de los hospitales públicos y lo sostenemos- con un poco de esfuerzo- en poco tiempo será natural ver como caen en desgracia los médicos, los docentes y el resto de los trabajadores sin que nos cause ninguna reacción adversa.

No se detenga en banalidades como los programas, los planes culturales, la formación. No juegue con la tonteria de los dilemas morales.Los Centros Culturales serán depósitos, las escuelas se ven mejor abandonadas, los hospitales tienen que funcionar si o si, con el personal que tengan. Y sino, ya lo dijo aquel lider » ramal que para, ramal que cierra». Siempre nos queda a mano privatizar.

No se cuestione los acuerdos con los enemigos del pasado. La prioridad es tener el poder y seguir haciendo lo que necesitamos hacer. Si ve cerca de su despacho a aquel adversario con el que juró nunca tener vínculos, disimule. Sapos hay que tragar siempre, no será el primero, ni el último, claro.

No gaste un centavo en invertir para el futuro. Lo nuestro es hoy. Hoy es nuestro tiempo, repítalo con tono heroico que suma, y no se detenga mucho en dar explicaciones. Si alguien cuenta la verdad, no la desmienta ni la conteste. Haga silencio, que pronto pasa.

Haga proselitismo con el Estado, subvencione a los amigos, profundice la dependencia de los militantes, tenga cortitos a los «negritos» y adviertales que usted es el que decide si la tarjeta tendrá fondos o no el mes que viene.

Contrate por tiempos cortos y en la mayor precariedad posible.

No deje una sola licitación sin trazar las reglas para las empresas de sus amigos.

No se meta en los negocios de los superiores, salvo que lo inviten a participar.

Respecto a la inseguridad y esos temas que suelen provocar ruidos , aprenda una cosa elemental: lo que se dijo en el pasado, no tiene ninguna importancia. Agua pasada, nada de memoria que incomode. Así que se recomienda beber del argumento de «la complejidad» y «las necesidades de las reformas de fondo», que nos animarán a pasar el tiempo sin apuros ni contrariedades. Con los días, los muertos serán números en las portadas de internet, y si nos causara alguna impresión, tengamos presente que mañana habrá otros temas de los que hablar y que enterrarán a los cadáveres debajo de discusiones, preferentemente ideológicas.

Acuse siempre a la policía. Es un argumento que sirve para tapar todo. Llamelos incapaces, corruptos, y asesinos si hace falta. Diga que ellos son los que no hacen lo que tienen que hacer. Si cabe, expliquele a la gente que los policias son tan brutos, tan incapaces, que ni siquiera comprenden lo que tienen que hacer.

Siempre compare la realidad con la dictadura. Eso alivia mucho.

Tenga a mano siempre una culpa tallada a medida del crítico, y no dude en lanzarla apenas pueda, aunque carezca de sustento. Por ejemplo, si un cura critica las políticas sociales de nuestro gobierno, recuerdele que la iglesia fue complice de la dictadura. Si un opositor reclama por la desaparición de políticas sociales, dígale que no asume todavía haber perdido las elecciones. Y claro, nunca dude en mezclarlo con expresiones desacreditadas. Tenga en el bolsillo palabras fáciles de usar : diga gorila, diga derecha, diga facho, diga neoliberal y si la cosa se pone complicada, no dude en decir que lo que se hace es necesario para defender, por ejemplo, a la gran nación latinoamericana.

Use la historia a su favor. Si su lider tiene empleados esclavos y los castiga con prisión por atreverse a hacer algún reclamo, usted redoble la apuesta y emita recuerdos sobre la dignidad de los protagonistas de La Forestal o recuerde que , fue el gobierno de Hipólito Irigoyen el causante de los abusos en La Patagonia Rebelde. Y claro, no dude en citar la identidad partidaria de los desaparecidos, ni deje de reivindicar el honor violento de los militantes de las organizaciones armadas de los 70. No importa que se haga para disimular un robo, una estafa o la aplicación indebida de vacunas contra el Covid.

Reivindique siempre al sudor por encima de cualquier sapiencia. Ponga siempre como escudo el compromiso del que repartuió volantes o panes dulces durante la campaña, por encima de la formación técnica o la idoneidad de quienes deben ocupar un cargo público. Se trata de organizar un desastre, y no de otra cosa. No lo digamos nunca, eso si. Nadie puede asumir que estamos haciendo eso, aunque la mayoría ya lo sepa. Usted lo niega terminantemente, y si se le complica dice: «Es la pandemia», y lo pone al otro en la incomodidad de resultar un indolente.

No dude en defender al compañero en dificultades, aunque el compañero viole claramente los derechos humanos. Relativice los hechos, y use, si le hace falta, la comparación con personajes que no tienen nada que ver, pero que siempre sirven para salir del paso. Diga Macri cada vez que pueda, cite a Roca, a Rivadavia y a Videla. Vincúlelos con el crítico. Pongalos en la misma salsa, y que ellos se encarguen de explicarlo.

Acuse sin argumentos, mienta en la medida que haga falta, acuse a los jueces de ser ejecutores de un plan de persecución política- a los propios no, tenga cuidado- y si todo se complica, diga «Law Fare», o acuse a multinacionales y a conspiraciones mundiales, para ganar tiempo.

No se asuste por las consecuencias, con los días su sueldo y sus privilegios le irán dando calma frente a los resultados: si se abandonan las escuelas, si el personal se queja por falta de cosas esenciales, si sus jefes persiguen a periodistas para que no hablen, o hacen manifestaciones vergonzosas, usted sepa que pasa. Que como los cadáveres, todo se entierra. No se asuste si percibe que los intereses de los más necesitados están en peligro. Sepa que la realidad es dificil de cambiar y que no es justo que nos reclamen a nosotros hacer lo que bien pueden hacer otros, más adelante.

Disfrute con solaz, las ventajas de tener poder. Recuerde que es finito y que si no se aprovecha ahora, mañana puede ser tarde. Maltrate, discrimine por colores partidarios, descuente dias a los que se animan a protestar y meta preso al gremialista que la va de héroe y se encadena en la puerta de la empresa para defender a sus afiliados.

Goce del espectáculo de ver en la intimidad a los dirigentes que alguna vez admiró y que ahora muestran la verdadera identidad. Alabe al dirigente sindical que se enriquece mientras sus afiliados pierden el 30 % de su poder adquisitivo. Aprenda de ellos: Bloquee en redes sociales a los insolentes que se quejan. Use sin verguenza alguna los argumentos que usaban los otros antes de que nos tocara en suerte ocupar este lugar, diga: Hay prioridades, se trata de ser responsables con el déficit fiscal, aprenda la palabra equilibrio y póngala donde más cómodo le resulte. Aplauda el ahorro y los intereses bancarios frente a la desesperación del empleado que no puede pagar el alquiler, es sencillo: «es el momento de hacer el esfuerzo, y lo tenemos que hacer todos», y agregue, siempre, nunca se olvide, que más adelante ya habrá tiempo para aumentar algunos centavos en sus bolsillos. Siempre cerca de las elecciones, claro. ¿ Cómo se le ocurre despilfarrar dinero en circunstancias lejanas a ese acto tan trascendental para nuestras vidas?

Haga silencio. Acostúmbrese a no hacer nada que no haga falta, respete como a la biblia las órdenes del superior, aunque no las entienda, aunque le parezcan absurdas y disparatadas, aunque se contradigan unas con otras en razón de horas o minutos.

Reivindique al pillo, al rápido, al vivo. Son jugadores claves que ensucian cualquier partido que se ponga chivo.

Tenga a mano amenazas. Hágale saber al dependiente que la puede pasar mal, si se atreve a decir que las cosas no se están haciendo bien. Disponga de buena parte de su tiempo como funcionario, en espiar y marcar de cerca a los empleados sospechosos. Mire sus redes sociales, controle sus relaciones y si los encuentra relacionados con algún enemigo, avisele que no va por buen camino.

Finalmente, no tema al tomar decisiones dolorosas, porque siempre habrá un traje de valiente que lo justifique. Los compañeros lo aplaudirán, y en el peor de los casos, harán silencio. Todos formamos parte de un equipo y el que no juega en equipo, ya sabe cómo termina.

Son cuatro años, es nuestro momento para deshacer todo lo que se pueda, para borrar todos los rastros de aquello que pudiera recordar tiempos mejores. No pierda tiempo pensando en cosas que pudieran mejorar la situación general, piense primero en los compañeros, después de usted, claro.

*conicherep.com

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