El mundo no se termina después de las elecciones

ECONOMÍA Por Por Daniel Artana para El Cronista
Falta algo menos de nueve meses para las elecciones de octubre y se especula con que el Gobierno podría aprovechar la bonanza en los precios de exportación para postergar las correcciones en la economía que tengan alto costo político.
04-urna

No hay una respuesta económica para las dos primeras preguntas. Respecto de la última pregunta los problemas fiscales y monetarios no se arreglan sólo por el mero paso del tiempo, a menos que la fortuna continúe y la soja siga subiendo de precio en forma ininterrumpida. 

 Sin suerte adicional lo que no se corrija hoy requiere ser corregido mañana, y además en un escenario gradual, como en general prefieren los dirigentes políticos, se suma a lo que estaba previsto hacer en el futuro. En otras palabras, menos ajuste hoy aumenta la magnitud del ajuste en 2022.

Nótese que la estrategia de contención de la brecha cambiaría por medio de ventas de títulos a paridades bajísimas o sacrificar las escasas reservas del BCRA aumentan la fragilidad de la economía. Se queman activos para lograr un magro resultado si se juzga por la todavía elevada diferencia entre los tipos de cambios alternativos y el oficial.

Una menor corrección fiscal está en la lista de las variables a incluir, asociado estrechamente a los aumentos de tarifas. ¿Pero irá más allá el Gobierno y tratará de reducir el ritmo de depreciación del tipo de cambio nominal y sumar atraso cambiario a los problemas a resolver después de octubre?

Desde junio hasta enero el BCRA depreció el tipo de cambio oficial en alrededor de 24%, cifra prácticamente idéntica a la inflación de esos siete meses. En los últimos tres meses se siguió con esa estrategia. Pero si la inflación es mala para los votos quizás intenten desacelerar el ritmo de depreciación previo a las elecciones con la intención de "dormir" artificialmente los precios del mismo modo que se hace con las tarifas, los precios de varios productos y eventualmente los salarios.

En el frente fiscal del gobierno nacional, el año 2020 cerró con un déficit primario de 6.5% del PIB y uno global de 8.5% del PIB, mejor de lo proyectado por el gobierno en septiembre al momento de enviar al Congreso el Presupuesto 2021. En ese contexto, sería más fácil reducir el déficit primario a 4.2% del PIB como prevé el presupuesto.

Sin embargo, durante 2020 el BCRA transfirió al Gobierno el equivalente a 7,6% del PIB y la deuda pública (neta de adelantos y letras en poder del BCRA) creció algo más de 2% del PIB. En otras palabras, si se estima el desequilibrio por la información de las fuentes de financiamiento habría sido alrededor de 10% del PIB.

La actividad debajo de la línea parece tener algo de dinamismo luego de que se decidiera en 2019 volver a excluir del gasto a los Programas de Inversión Prioritaria. Para no aburrir al lector con tecnicismos fiscales, la necesidad de fondos del año pasado fue algo más alta que lo que sugieren las cuentas del Tesoro.

Además, si se pretende mejorar la posición de reservas del BCRA lo más probable es que se recurra a la emisión con mucho menos margen para esterilizar como si pudo hacerse el año pasado con los aportes de la autoridad monetaria al Tesoro. En resumen, si no se corrige el desequilibrio fiscal (incluso más de lo que prevé el Presupuesto) la emisión monetaria pondrá más presión sobre la brecha cambiaria, el tipo de cambio oficial y los precios luego de octubre.

Las elecciones de medio término pueden tener una relevancia mayor a la habitual para algunos miembros de la coalición oficialista, pero para el ciudadano común no es así. La vida continúa después de octubre. Y para ese ciudadano un programa fiscal y monetario que ordene gradualmente las cosas luce menos traumático que postergar todas las "malas noticias" para el año próximo.

Te puede interesar