Dólar, inflación y COVID-19: tres amenazas sobre la reactivación en marcha

ECONOMÍA Por Por Juan Gasalla para Infobae
Los analistas prevén un crecimiento de 5% para este año, pero puede verse afectado por las presiones inflacionarias y cambiarias, y la evolución de los contagios
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Después de una recesión que se profundizó el último año, con caída del PBI estimada en 10%, la recuperación de la economía se puso paulatinamente en marcha, aunque todavía no alcanza los niveles previos a la pandemia. 

Los analistas prevén un crecimiento de 5% para este año y una serie de indicadores confirman que ese proceso está en marcha. Mientras que la recaudación e indicadores de consumo están exhibiendo mejoras en la comparación interanual, también crece el uso de la capacidad instalada y los precios internacionales mejoran el perfil exportador.

Pero la reactivación todavía debe sortear serias amenazas que estarán presentes a lo largo del 2021: las presiones inflacionarias y cambiarias y la evolución de los contagios de coronavirus.

“El crecimiento el 5% previsto para este año es solo por suponer que no existirá un confinamiento como el del año pasado. Incluso si la economía se estanca en los valores actuales y deja de crecer, igualmente tendrías un rebote del 5%”, consideró el economista Ramiro Castiñeira, director de Econométrica. “La realidad que el año depende del acuerdo con el FMI. Sin acuerdo, será imposible que logren contener el dólar paralelo. Incluso tengo dudas que lo contengan con acuerdo”, advirtió, en diálogo con Infobae.

Aldo Abram, director de Libertad y Progreso, expresó que “este año tiene alguna incógnita para poder prever que va a pasar con el nivel de actividad, pero lo que es una realidad es que la recuperación que tuvimos después de la profunda caída que generó la cuarentena restrictiva –que profundizó la crisis que venía de antes– fue fuerte hasta noviembre. Se nota una recuperación fuerte, lo cual va a hacer que el final de este año –a menos que diciembre nos traiga una sorpresa– quede muy alto con respecto al promedio del año pasado, que es lo que determina el ‘arrastre’. Y a partir de ahí suma todo el crecimiento que tenga el año en curso”.

“Creo que va a ser más de 4,5% el arrastre que va a dejar el año pasado, así que es probable que este año crezca 6% o más debido a dos cosas: primero, suponer que no viene una segunda ola fuerte (de COVID-19) que genere daño a la economía tanto local como internacional; la otra, que continúen estos vientos internacionales muy favorables”, le dijo Abram a Infobae.

Señales de reactivación

Pasado el segundo trimestre de 2020, que fue período más duro de las medidas de aislamiento social dispuestas para enfrentar el Covid-19, era de esperar una paulatina mejora de la actividad económica mes a mes.

Reflejo de esta tendencia fue el comportamiento de la recaudación tributaria, que en enero creció en términos reales -a una tasa superior a la inflación- por quinto mes consecutivo.

En diciembre, la actividad de la construcción creció un 27,4% interanual, la mayor expansión desde noviembre de 2017, mientras la producción industrial aumentó 4,9%, el mayor crecimiento desde marzo de 2018; en ambos casos, para alcanzar un nivel superior al de febrero de 2020, antes de que se desate la pandemia.

Por otro lado, creció el uso de la capacidad instalada de la industria. El último dato difundido por el Indec, correspondiente a noviembre pasado, ubicó en el 63,3% la utilización de equipos e instalaciones fabriles, su nivel más alto en dos años.

Además, una mayor apertura del comercio global y el repunte de los precios internacionales posibilitó un progreso interanual de las liquidaciones de exportaciones el agro que se verificó en diciembre y enero. El ritmo de ventas de granos y derivados industriales es fundamental cuando se tiene en cuenta que las empresas del sector ingresaron USD 20.274 millones, el 36,9% de los USD 54.884 millones exportados el año pasado por todos los rubros.

Aún con una menor cosecha en la presente campaña, pero mayores precios, la Bolsa de Comercio de Rosario proyecta un ingreso récord por exportaciones agroindustriales de unos USD 35.000 millones en 2021, con un aporte al fisco equivalente a USD 8.000 millones por las retenciones.

Horacio Larghi, director de Invenómica explicó que “la fuerte dependencia de las exportaciones argentinas en commodities es un problema que se agrava año tras año. Las exportaciones tienen una volatilidad muy alta dado que depende del precio de productos como soja, trigo, maíz, etcétera. Ante la débil recuperación económica de los principales compradores de Manufacturas de Origen Industrial, las exportaciones de 2021 estarán intensamente influenciadas por las fluctuaciones del precio de los commodities y los desempeños de las cosechas”.

Para despejar del todo el horizonte financiero, en los próximos meses se podría concretar un acuerdo de facilidades extendidas con el FMI por la deuda de USD 44.000 millones contraída con el organismo entre 2018 y 2019. Un aplazamiento de los pagos hasta 2025, junto con el reciente canje de deuda en moneda extranjera con acreedores privados por más de USD 100.000 millones, también tranquilizaría el panorama cambiario en el corto plazo.

Un informe de Abeceb.com subrayó que “Argentina deberá subirse al impulso de las condiciones internacionales que se pronostican favorables, como la suba de los precios de commodities, el despegue de Brasil y las tasas cero para el financiamiento. Además, podrá usar el acuerdo con el FMI para anclar expectativas”.

Aldo Abram aportó que “los bancos centrales de los países desarrollados se han dedicado a emitir muchísimo para impulsar sus economías y eso ha hecho caer muy fuerte el valor de las monedas ‘duras’ -el dólar entre ellas-, por eso han subido tanto nuestros productos exportables. Eso es como un aumento de sueldo para el país, o sea que nos va a impulsar crecimiento, más allá de que haya alguna caída en la producción de bienes exportables, tanto por la sequía o lo que genera el cepo”.

El camino del crecimiento no está garantizado

Aunque las condiciones para crecer son propicias después de un muy negativo 2020, el camino no está libre de obstáculos. Tres amenazas se ciernen sobre la reactivación: las expectativas de devaluación frente a un tipo de cambio que podría atrasarse antes de las elecciones legislativas, una inflación creciente y eventuales restricciones ante el avance del coronavirus.

1 - El factor dólar. La suba que exhiben los dólares que se negocian en la Bolsa, en un rango de 8 a 9 por ciento en lo que va de 2021, reflejan que hay actores del mercado que buscan refugio en moneda dura y están dispuestos a pagar $152 por dólar ara exteriorizar sus fondos.

Mientras que el dólar libre acusa una muy importante caída en lo que va del año, las cotizaciones alternativas en los negocios bursátiles son legales y no tienen restricción en cuanto a cantidad. la suba experimentada es una señal de que la incertidumbre sobre la economía es aún palpable, mientras persiste un duro control de cambios que, a la vez, restringe el ingreso de divisas desde el exterior por exportaciones y por la cuenta capital.

“El cepo hace caer las exportaciones. Este año van a subir en términos nominales simplemente porque hay muy buenos precios, no porque mejore la producción, pero la realidad es que eso va a impulsar la economía. También a esto favorece que haya mucha liquidez internacional y la demanda del mundo crezca, y que los capitales que no encuentran rendimientos en el mundo -son cercanos a cero o negativos- busquen otros países con más riesgo, pero más rendimientos, para aumentar la rentabilidad de las carteras. En el caso de la Argentina no es que va a venir más plata, sino que se vaya menos plata, con lo cual el desfinanciamiento es menor. Eso también nos favorece, por menos desfinanciamiento de nuestra demanda interna”, detalló Abram.

3 - Coronavirus latente. La progresión de la aplicación de la vacuna será determinante para la economía. Llegar a fin de año con un control sanitario sobre la enfermedad permitirá consolidar la recuperación económica, para regresar a los niveles perdidos en 2019, antes de la pandemia. Pero de no producirse en tiempo y forma, la necesidad de nuevas restricciones lastrará la reactivación.

Para Abeceb.com, “los mayores riesgos pasarán por las condiciones sanitarias que podrían provocar el retraso en la vacunación masiva y una segunda ola de magnitud, y por el impacto en lo económico de las decisiones políticas que se tomen para administrarlas”.

Por ello, Abram recordó que “hay que estimar que hacia delante va a seguir desacelerándose el nivel de actividad durante todo este año. El gran problema que se presenta es si el Gobierno no entiende que esto es simplemente una recuperación del hecho de una cuarentena restrictiva y larga -a empresas y personas se les impidió trabajar y de golpe se les empieza a dar la posibilidad de hacerlo-. Eso genera recuperación más un viento a favor. Si creen que el diagnóstico es correcto y que no hay que hacer más que lo que ellos han estado haciendo para seguir creciendo sostenidamente, nos vamos a pegar un ‘porrazo’ como pasó con el gobierno de Cambiemos en 2018, que pensó que se podían demorar las reformas estructurales necesarias para resolver la crisis preexistente que recibieron”

“Si este Gobierno no entiende que hay una crisis de credibilidad de fondo, lamentablemente le va a pasar los mismo, sin un plan de reformas estructurales detallado, se va a encontrar con una nueva crisis, a más tardar, el año que viene. Sería repetir errores para evitar costos políticos y ganar elecciones”, advirtió el economista de Libertad y Progreso.

2 - Inflación que acelera. En la medida en que se abre la economía, el dinero empieza a circular a mayor velocidad, mientras que una recuperación de la actividad también se replica en mayor demanda de bienes. El crecimiento de la inflación mes a mes es reflejo de esto, ya con tasas que se estabilizan en torno a un 4% mensual y que llevan a previsiones de inflación próximas al 50% anual en 2021, muy por encima del 36,1% del 2020.

José María Segura, economista Jefe de PwC Argentina, describió que “cuando allá por el tercer trimestre del año anterior la emisión monetaria amenazó con desbordarse, con presiones sobre los mercados cambiarios no oficiales, e impactar en la formación de precios vía expectativas, el Gobierno respondió con una política de mayor contención del gasto y más regulaciones e intervenciones en estos mercados cambiarios. Si bien esto aquietó las presiones inflacionarias, hacia fines de año, con un nivel de actividad más normalizado a partir del relajamiento de las restricciones sanitarias, las mismas comenzaron a resurgir”.

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