Atrasar elecciones adelanta el año electoral

POLÍTICA Por Por Claudio Jacquelin para La nacion
Una paradoja está signando el año político. La instalación del proyecto oficial de posponer elecciones tuvo el efecto de adelantar el calendario electoral de la dirigencia, a pesar (o a propósito) de que la atención del electorado la ocupan otras preocupaciones más urgentes.
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La agenda pública expone con elocuencia el nuevo escenario: se anticiparon discusiones internas en las coaliciones políticas dominantes, se activaron probables candidaturas y, sobre todo, se dio impulso a acciones del oficialismo con el objetivo de mejorar sus chances en los comicios. La pandemia del Covid y las fragilidades de la economía operan como causa, efecto y excusa. 

Así puede entenderse mejor El show de las retenciones, donde Alberto Fernández en el rol protagónico atravesó casi todos los registros escénicos y compuso diferentes roles, encarnando tanto el del malo de la película como el del amable componedor, pasando por el grotesco, la tragicomedia y el melodrama. Todo sea por la caja y las urnas.

Si la película forma parte de la saga titulada Ganando tiempo podría decirse que al Presidente no le fue tan mal, aunque quede grabada la imagen de su apresurada deposición de las amenazas. El primer fotograma con la Mesa de Enlace valorizando la actitud de dialogo y escucha de Fernández y no subiendo apuestas le alcanza al oficialismo para presentar como exitosa táctica de golpear para negociar. A eso la Casa Rosada suma el hecho de haber involucrado al sector de la producción primaria en la discusión sobre el precio de los alimentos, lo que, dicen, tiene el efecto de no despegarlos del problema inflacionario. A la dirigencia del campo, en cambio, para aclarar ante la opinión pública algunas acusaciones y falacias instaladas por el Gobierno. Además, le permitió descomprimir un poco la presión de sus bases le alcanzó con la promesa presidencial de que no aumentarán retenciones, aunque no alcance para mejorar los niveles de desconfianza y malestar con el Gobierno. Puestas en escenas. Todos están en período de probation.

En la misma senda se inscribe la primera reunión con los grandes empresarios realizada este jueves para tratar de evitar desmadres de precios y conflictos salariales. Nada que impida que continúen las tensiones en esos ámbitos ni que se registren nuevas escaladas en los costos y en las demandas.

El diferimiento de los conflictos, que no soluciona, pero sí posterga los problemas de fondo, aceleró a su vez los debates de la oposición de Juntos por el Cambio.

Los reclamos al jefe de gobierno de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, para que lidere con más visibilidad, al menos el espacio moderado de su coalición, o para que confronte con más énfasis con el Gobierno, como quieren los duros, adquieren cada vez más volumen en el espacio cambiemita.

La conferencia de prensa de la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, al lado del ministro nacional, Nicolás Trotta, para confirmar el comienzo de las clases en CABA es un ejemplo de la diversidad de interpretaciones y miradas que tiene cada acción de Larreta en el interior de JxC.

Para el jefe de Gobierno y sus seguidores esa escena implicó la reafirmación de la moderación como método eficaz para conseguir sus objetivos (en este caso empezar las clases antes que ningún distrito, después de las muchas disputas mantenidas con el gobierno nacional y con los gremios docentes). El resultado es lo que importa, concluyen con pragmatismo bilardista los dialoguistas.

No es lo que piensan y dicen los sectores más duros del macrismo puro. Tampoco los del radicalismo que responden al titular partidario Alfredo Cornejo, que muchas veces se diferencian del sector que representa Martín Lousteau. Para ellos, la foto Trotta-Acuña desdibujó la manifestación para que empiecen las clases en todo el país que hizo la conducción partidaria de JxC, liderada por Patricia Bullrich y el propio Cornejo.

Ninguna de estas disrupciones puede desvincularse de la cuestión electoral. No solo respecto de los comicios legislativos (sin fecha cierta) de este año, para los que el ordenamiento de candidaturas y el perfil que ofrecerá la coalición son discusiones tan pendientes como ineludibles, que prometen chispas, aunque no incendios. Todo indica que hay más disposición a doblarse antes que a romper la alianza.

Dos elecciones en una 

La postergación de los conflictos y de algunos de los problemas económicos, así como el anticipo del año electoral, apresuraron los escarceos para posicionarse con miras a la elección presidencial de 2023.

La acusación que hizo Larreta al gobierno nacional por el recorte de fondos, como justificativo de la suspensión o retraso de obras (incluidas las de infraestructura escolar) fue interpretada por muchos (dentro y fuera de JxC) en clave de campaña presidencial. "Se ataja por los problemas de gestión que le va a ocasionar este año y los próximos el recorte de fondos que le propinó Fernández y al mismo tiempo relativiza las acusaciones de ser complaciente con un gobierno que se quiere llevar todo. También licua el efecto de la foto con Trotta", dicen sus adversarios internos.

El jefe de gobierno porteño responde con su amplia sonrisa, evita discusiones y niega motivaciones presidenciales. También él quiere y necesita ganar tiempo. Sin embargo, no desaprovecha ninguna ocasión de trascender los límites de su distrito, a pesar del cansancio que arrastra como consecuencia de haber contraído el Covid hace ya poco más de un mes, que le impide retomar el ritmo de sus anteriores rutinas deportivas. Tampoco deja de reunirse y de hablar con los referentes de todos los distritos posibles. Cambiemitas y peronistas no kirchneristas, desde La Quiaca hasta Ushuaia y de Mendoza a Entre Ríos, pasando por todo el conurbano y el interior bonaerense. Su actitud metódica la aplica tanto para la gestión como para la militancia.

Aunque para Larreta las elecciones de este año no definirán nada respecto de 2023, cosecha demandas para que empiece a dar el debate pendiente sobre el perfil que mostrará Juntos por el Cambio en los próximos comicios. La cuestión pasa por empezar a resolver, o no, la tensión existe entre los que quieren dar señales de ampliación del espacio y la de consolidar el núcleo duro antikirchnerista. Larretistas y seguidores de Lousteau versus quienes se identifican con Macri, Patricia Bullrich, Miguel Pichetto, Mario Negri y, en menor medida, Cornejo. Lilita Carrió y sus huestes se prestan a interpretaciones diversas, a gusto de cada bando, lo que a ella le sienta cómodo: le sube el precio a su pretendido rol de fiel de la balanza coalicionista.

El jefe de Gobierno porteño prefiere diferir cualquier definición con dos argumentos. Por un lado, esgrime los antecedentes de las elecciones de medio término de los últimos 12 años para relativizar su importancia: "En 2009 el triunfador fue [Francisco] De Narváez; en 2013, [Sergio] Massa, y en 2017, nosotros. En las ejecutivas posteriores ninguno pudo repetir", les propina a los propios como si fuera una dosis de ansiolíticos.

A eso, agrega argumentos económicos con los que coinciden también muchos cambiemitas y economistas no solo partidarios: "El Gobierno puede diferir la crisis este año y ganar las elecciones, pero no podrá resolverla ni evitar que se agrave en los próximo dos años por haber pateado todo para adelante", sostiene convencido.

Fiel discípula (o émulo) de Larreta, María Eugenia Vidal empezó a moverse en silencio, pero activamente, desde su reciente regreso de las vacaciones. Comparte la estrategia larretista, aunque también empuja algunas definiciones conceptuales. Sigue sin responder a la pregunta de si será candidata este año, pero da señales de estar dispuesta a volver a dar pelea. Ya ha participado de algunos actos en el territorio que gobernó hasta poco más de un año y evalúa invitaciones para viajar por otras provincias. Volver.

Dicen que cuando se le pregunta qué impacto podría tener para su futuro político si fuera candidata en la provincia y perdiera su primera respuesta no es negar de plano una postulación sino inquirir: " Y, ¿qué es perder? Cristina perdió la elección en 2017, pero no perdió el poder de imponer su espacio y recuperar el poder. Si sacamos entre 37 y 40 puntos en la provincia, recuperando votos en el conurbano y ampliando la base en el interior no es ninguna derrota", le han escuchado decir en su espacio. Habrá que ver si lo repite cuando rompa próximamente el silencio que se impuso para los medios.

Mientras tanto, todos miran encuestas, aunque menos que los pronósticos de inflación. Los economistas están siendo más demandados que los gurúes electorales. El bolsillo sigue moviendo más el voto del minoritario, pero decisivos, electorado fluctuante. Aunque la variable del desencanto social empieza a ser evaluada como un elemento relevante. Para este sector, sobre todo, el año electoral y los devaneos de los políticos quedan muy lejos.

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