Cristina Justicia de Kirchner

OPINIÓN Por Alfredo Leuco
Cristina se quiere convertir en la justicia. Me la imagino en un pedestal, hecha de granito, espiando por debajo de la venda, con la balanza desequilibrada y la espada afilada. Así nos va
hoy

Muchos quisieron mirar para otro lado, pero el abuelo de Úrsula, la chiquita que fue asesinada en Rojas dijo una verdad demoledora. En medio de su dolor, y en pocas palabras, resumió el drama más grande que tenemos los argentinos. Se preguntó: “¿De qué justicia me hablan si en este país, los que deberían estar presos, nos están gobernando?”. Implacable. Resumió el pensamiento de millones de argentinos que se dan cuenta que, si los ladrones de estado no tienen juicio, castigo y condena, estaremos en el horno.

 
Y el diputado Álvaro de Lamadrid, que conoce al ladri feudalismo desde la cuna en Santa Cruz, encontró la metáfora justa: “Hay que impedir que Cristina se convierta en la justicia. O hay Cristina o hay justicia”. Por eso se me ocurrió titular esta columna editorial como “Cristina Justicia de Kirchner”. Porque está logrando el objetivo de ponerle su nombre y apellido a uno de los pilares del estado republicano. Todos los días se comen una pieza del ajedrez de los tribunales. Es un plan sistemático de copamiento de la justicia que se está cumpliendo con una disciplina castrense. Minuto a minuto avanzan a paso redoblado y tambor batiente para lograr la impunidad y la inocencia absoluta de Cristina y su banda del Cártel de los Pingüinos y a la venganza contra los dirigentes políticos y periodistas que la denunciaron o la investigaron. 

Lo que en realidad dijo el abuelo de Úrsula es que el gobierno es un aguantadero. Porque hay delincuentes entre sus filas o porque hay cómplices o encubridores, que hacen todo lo posible para que no sean sancionados como corresponde. Empezando por el presidente encargado que, de ser uno de los fiscales más feroces contra Cristina, pasó a ser su abogado defensor. Es una de las “panquequeadas” más alucinantes de la historia política. Casi nadie le dio tan fuerte con un caño a Cristina y casi nadie le chupa más las medias como Alberto.

Podríamos hacer una larga lista de las movidas del cristinismo para ponerle su camiseta partidaria a la justicia. Las más recientes son, a saber:

Los diputados más talibanes activaron la vigencia de 6 artículos del Código Procesal Penal que como resultado relativiza las sentencias firmes de la Corte Suprema, demora la ejecución de las condenas y favorece a Cristina, Boudou, Báez y De Vido entre otros ángeles de la honradez.
Brutal hostigamiento a la Corte Suprema por parte de las principales voces del oficialismo. El presidente Alberto Fernández dijo que “La Corte está mal, es un tribunal muy poco calificado socialmente”. Y Leopoldo Moreau, vocero habitual de la exitosa abogada que nunca ganó un juicio, pero lo perdió varias veces, pidió la ampliación del máximo tribunal y el juicio político a algunos de sus miembros. Fue tan grave que el Colegio de Abogados de la Ciudad, emitió un comunicado exigiendo “el debido respeto” a la Corte que es la cabeza del Poder Judicial.
En el plano de la justicia electoral, instrumentaron cuestiones muy inquietantes y peligrosas para la salud y transparencia de los comicios. Designaron al juez Daniel Bejas en la Cámara Nacional Electoral. Fue apoderado del Partido Justicialista de Tucumán, abogado del actual gobernador Juan Manzur y del anterior, José Alperovich y no fue quien salió primero en el concurso respectivo. Había ganado la doctora Alejandra Lázzaro, experta en el tema que, sin embargo, fue relegada pese a que este gobierno se llena la boca hablando de los derechos de la mujer y las políticas de género. Y como si esto fuera poco, Alejo Ramos Padilla será el que resuelva sobre las cuestiones electorales en el principal distrito de la Argentina que concentra casi el 40% del padrón. Fue designado al frente del juzgado federal Numero 1 de La Plata. Ramos Padilla, en toda su actuación ha demostrado que es más cristinista que Cristina y que está al servicio de la militancia y no de la justicia.
Por decreto, Alberto Fernández ordenó el regreso a la Cámara Federal del juez Eduardo Farah. Es un tribunal clave porque revisa los fallos que se dictan en las más escandalosas causas de corrupción. Fue el que firmó la libertad para Cristóbal López y siempre fue un operador kirchnerista ligado a los servicios de inteligencia. Y como si esto fuera poco, Alberto ya envió el pliego de Roberto Boico para sumarse a esa cámara. ¿A quién defendió Boico? A Cristina y Parrilli que va a votar en la comisión de acuerdos. Boico fue abogado de ellos en la causa que más grave y que más los inquieta: el pacto tenebroso con Irán.
Un tránsfuga llamado Diego Molea está a punto de ser nombrado presidente del Consejo de la Magistratura. Rector de la Universidad de Lomas de Zamora pasó rápidamente del duhaldismo al massismo, a cerca del macrismo y a La Cámpora con la misma velocidad y lealtad. Es un lugar estratégico y con muchísimo poder. El Consejo es, entre otras cosas, el encargado de designar y destituir jueces. El que tiene esa llave, puede premiar o castigar a los magistrados y disciplinar a los más débiles.
Hay algunos huesos que les resultan duros de roer para el oficialismo. Están operando para voltear a algunos fiscales como el doctor Carlos Stornelli y el procurador general, Eduardo Casal. Todavía no lo han logrado. No les resulta fácil. Pero su voracidad por el poder los convierte en gotas que horadan las piedras.

Por eso es necesaria una sociedad civil alerta y vigilante. Jorge Lanata lo definió muy bien. Dijo que Cristina se siente por encima de la Corte. De hecho, quedará en la memoria colectiva, aquel momento cuando le gritó a los jueces que a ella ya la había absuelto la historia y que los magistrados son los que van a tener que contestar preguntas.

Hace poco tiempo, la doctora Elisa Carrió lo dijo con toda contundencia: “La Cristina constituyente que yo conocí, murió hace mucho. Solo queda la acusada que modifica instituciones para quedar absuelta” Y cargó contra Carlos Beraldi: “Recibe millones de honorarios de dinero sucio robado al Estado y define un Procurador a término y con mayoría absoluta a gusto de su defendida”.

El diputado Juan Manuel López, dijo que Cristina quiere meter presa a Carrió “en venganza por el valor de haberla denunciado cuando nadie se animaba. Es el odio de no poder reconocerse ladrona”.

El cargo de jefe de todos los fiscales siempre fue muy importante, pero ahora, con el nuevo sistema acusatorio, pasó a ser casi más importante que un miembro de la Corte Suprema. El Procurador que elija Cristina va a tener la llave para abrir o cerrar todas las causas. Por eso Cristina quiere elegir a su propio procurador. Quiere un fanático y un cruzado que no tenga escrúpulos y le deje su prontuario limpio y que dinamite todos los juicios que Cristina tiene. Esta es la gravedad. El próximo jefe de todos los fiscales que elegirá Cristina quedará grabado en la historia como el jefe de la impunidad para la reina, el príncipe heredero y toda la caterva de ladrones que saquearon al estado nacional.

La comisión Beraldi recomendó que se integre un nuevo tribunal intermedio, apenas por debajo de la Corte. Allí irán a parar todos los recursos que presentó Cristina y todos los delincuentes de estado. Y en ese tribunal intermedio se consolidará para siempre, el monumento a la Cristina revolucionaria, humilde, honrada y defensora de los pobres. Por ahora esa especie de Corte bis no tiene nombre. Propongo que se llame Corte K o Corte Beraldi. ¿Qué les parece?

Pero la ofensiva final contra los tribunales tiene varios caminos más. Ya se sabe, volvieron mejores, significa que primero van por la justicia y después por los medios de comunicación y finalmente se quedan con todo para siempre. Ese es el proyecto que los mueve. Chavismo santacruceño explícito.

La Oficina Anticorrupción que ya fue vaciada en sus contenidos por el militante Félix Crous, será reubicada en el organigrama de gobierno y colocada casi en estado de extinción. Como puede verse, el kirchnerismo en su historia siempre destruyó todos los organismos de control de ética y transparencia. Y esta vez está haciendo lo mismo. Néstor antes y Cristina ahora, siempre quisieron controlar todo y que nadie los controle a ellos. De allí viene su odio a los jueces y a los periodistas que no se alquilan ni se venden.

Ellos dijeron que venía a distribuir la riqueza y cumplieron: la distribuyeron entre ellos.

Que suenen las alarmas institucionales. La República acaba de ser violada una vez más. Eso es violencia política e intolerancia. Un nuevo régimen se está consolidando en la Argentina a la vista de todos. Algunos lo llaman cristinato. Otros, le dicen monarquía absolutista. Hay quienes lo definen como tiranía ladri progresista. Nadie sabe el nombre exacto. De lo único que estamos seguros es que no es una democracia plena. Esperemos que no sea una democradura. De nosotros depende.

Lo definió magistralmente el filósofo y colega Miguel Wiñazki al plantear que, si “se roban la justicia, no van a poder ser condenados por los robos anteriores”.

Es el corazón del latrocinio y la cleptocracia que instalaron los Kirchner en Santa Cruz primero y en toda la Nación, después.

Cristina se quiere convertir en la justicia. Me la imagino en un pedestal, hecha de granito, espiando por debajo de la venda, con la balanza desequilibrada y la espada afilada. Así nos va.

Por Alfredo Leuco paraEl Diario de Leuco

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