Menem, un peronista con política neoliberal

OPINIÓN Por Rodolfo Montes
El caudillo riojano tuvo la audacia de llevar un programa totalmente contrario a la matriz filosófica del movimiento nacional justicialista.
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A su modo, Carlos Menem fue parte de la excepcionalidad argentina, y del peronismo en particular. Tuvo la sorprendente audacia de conducir al mayor movimiento nacional popular del siglo XX hacia un programa político absolutamente contrario a la matriz filosófica del movimiento político originario, que desplegó en sus dos presidencias su líder fundador, de 1945 a 1955. Hasta Menem, peronismo era la búsqueda del bienestar para las grandes mayorías, la defensa del interés nacional, la idea de patria, pueblo y soberanía. Pero Menem lo hizo, todo al revés, y ganando dos elecciones presidenciales de manera nítida, limpias, sin discusiones.
La virtud no debe buscarse en los resultados de la aplicación de un programa económico monetarista ortodoxo y neoliberal que terminaría explotando, no ya en sus manos, sino en las de su continuador empeorado, Fernando De La Rúa. Lo sorprendente fue el modo con que la derecha argentina resolvió en los años 90 _con Menem_ lo que nunca había podido resolver desde que, a partir de 1946, se terminó el grotesco fraude electoral que dominó al país durante la década infame. Hasta Menem, la derecha llegaba a la Casa Rosada con fraude o golpes militares. Con Menen, ingresó con legitimidad popular.
Un caudillo riojano, estéticamente ajeno a las tradiciones liberales porteñas, donde abreva el grueso de la tradición política dominante de los sectores del poder económico permanente de la Argentina, había llegado para orientar gran parte de la mayoría popular del peronismo a favor de política que llevarían más tarde o más temprano a la devastación profunda de casi todos los resortes del país relativamente independiente y con pinceladas de justicia social que perduró hasta el desplome de finales de la década del 80.

¿Cómo consiguió ese viraje del peronismo sin romperlo en mil pedazos, sin incendiar su propia figura? La biografía del caudillo riojano está plagada de sincericidios célebres, “si decía lo que iba a hacer, no me votaba nadie”, dijo en su momento. Aunque, nobleza obliga, en 1995 ya había aplicado a fondo su programa económico y volvió a ganar con el 50 por ciento de los votos. La pregunta sobre por qué Menem ganó dos veces en nombre del peronismo y haciendo todo lo contrario, habrá que encontrarla fuera de las fronteras nacionales.

En mayo de 1989, cuando el triunfo de Menen, ya se palpitaba la espectacular caída de muro de Berlín, que ocurrió en noviembre del aquel año. El acontecimiento político que cerro el siglo, y por anticipado. Clima de época, y fin de la idea planetaria de que un mundo pensado en términos colectivos e igualitarios era posible. Se cayó el comunismo _luego terminó de perfeccionarse esa derrota cultural histórica de una parte de las izquierdas con la disolución de la Unión Soviética_ y afloró un mundo sin contrapesos, capitalismo financiero, globalización, individualismo extremo, pura brutalidad con los resultados a la vista, 30 años después: el uno por ciento de la población mundial acumula más riquezas que todas la clases bajas y medias juntas del mundo entero.

Y Menen estuvo justo ahí, en ese tiempo histórico, y consiguió lo que nadie, meter siete millones de boletas PJ lista 2, con las caras de Perón y de Eva, en las urnas, en 1995, luego de hacer todo lo contrario que indicaba el programa peronista.

También hay que decirlo, la idea de colonizar un partido popular, mantener su potencia electoral cambiándole el programa político en 180 grados, es parte de la lucha política universal desde el fondo de los tiempos. No hay exclusividad en la persona del ex presidente ahora fallecido. Sí fue un personaje, vistoso, bizarro, a la vez que dramáticamente dañino para el campo nacional, su propio partido, y las izquierdas populares asociadas.

Otro tanto ocurrió, y ocurre, por caso en Europa, con las expresiones del progresismo socialdemócrata, que ingresaron _luego de la caída del comunismo_ en una penosa declinación ideológica hasta convertirse en dispositivos del capitalismo financiero mundial. Y luego desintegrarse (Partidos Socialistas de Francia, Italia, España y Grecia entre otros).

Menem fue un líder auténtico, generó una cultura de época, aunque su ideario y accionar no ingresan en el mármol de los próceres proactivos a favor de la patria. Puede decirse, sin embargo, que los dos presidentes que lo sucedieron _hasta hoy_ de la mano del voto popular, y con ideas similares al Carlos de La Rioja: De la Rúa y Mauricio Macri, han dejado otros dolores adicionales, irreparables _además del latrocinio económico para los sectores populares_, que Menem no dejó: muertos por represión policial _De la Rúa en 2001_ y un sistema ilegal de persecución judicial y política _lawfare_ dirigido a la oposición kirchnerista, en especial a Cristina Kirchner, obra del gobierno de Cambiemos (2015-2019). Para un sistema de ideas y de valores, mayoritario y prevalente en casi todo el planeta, siempre se puede ser peor. Aunque no es consuelo ni redime a Carlos Menem.

Por Rodolfo Montes para La Capital de Rosario

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