Albertismo sin Alberto: nace una criatura inesperada

POLÍTICA Por Por Daniel Bilotta para
Marcela Losardo es el caso de vacilación más reciente en el gobierno del Frente de Todos.
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Las tensiones por el control de las variables económicas en el seno del Gobierno y la crisis de confianza en la gestión por el caso de las vacunas condicionan las alianzas parlamentarias. Es la razón por la que fracasó la realización de sesiones extraordinarias. Resulta difícil que el oficialismo pueda introducir una agenda con las modificaciones al orden y funcionamiento institucional que le interesan a ella si en octubre no obtiene un resultado que le permita alcanzar la representación de los dos tercios en ambas cámaras del Congreso. 

Sin los votos suficientes, por ahora no hay posibilidad de modificar la composición de la Corte ni de avanzar con una reforma judicial. Las soluciones imaginadas por el Instituto Patria para resolver las causas que apremian a Cristina. Es lo que relativiza el peso de su presión sobre Alberto Fernández. ¿Le serviría a la vicepresidenta ocupar posiciones en el gobierno si no puede aplicar un programa distinto? Una garantía que tampoco ofrece la creación de una comisión bicameral para controlar a jueces y fiscales que anunció el Presidente en la Asamblea Legislativa.

Losardo es el último emergente de ese conflicto. Aunque en apariencias, sin voluntad de tomar parte en él. Parece dispuesta a abandonar el cargo. Los límites que marcó al funcionamiento de esa comisión bicameral es la prueba más evidente. Aclaró, precisamente, que no podría ejercer ese control. Losardo obró en defensa de los antecedentes que no siempre está en condiciones de honrar Fernández, su antiguo socio: ser alguien formado en el mundo del derecho. Traducido en sentido práctico: de contacto estrecho con el Poder Judicial. La razón por la que Fernández la convocó al Ministerio de Justicia.

El Partido Justicialista no está al margen de este fenómeno de disfuncionalidad.  Resulta lógico. Fernández lo presidirá desde el 21 de marzo. Los gobernadores se integraron a  la lista de unidad que confeccionó  Cristina por  temor  a que La Cámpora filtre en ella dirigentes afines que puedan aprovechar esa plataforma para disputarle poder en sus territorios. Ninguno está interesado en que se repita la experiencia que atraviesan los intendentes del conurbano en el peronismo bonaerense.

La provincia de Buenos Aires concita la expectativa del kirchnerismo. Es donde más posibilidades tienen de sumar voluntades en el Congreso. Sobre todo, en la Cámara de Diputados.  Los intendentes enfrentan una contradicción que no atinan a resolver. Según los datos que arrojan los sondeos, el voto kirchnerista del conurbano es refractario a La Cámpora, pero muy fiel a Cristina. El detalle es que su hijo lidera la organización que suele desarrollar las estrategias decididas por su madre.

Máximo se postula allí como una superación de la tendencia a perpetuarse en el cargo de los caudillos municipales. Es curioso. Puede hacerlo gracias a una ley impulsada por María Eugenia Vidal que La Cámpora rechazó votar en la Legislatura. No es lo único llamativo. La delegación Formosa de La Cámpora dio respaldo irrestricto a Gildo Insfrán tras la represión policial desatada sobre quienes se oponen a regresar a la fase uno de la cuarentena. Insfrán gobierna esa provincia hace 25 años y es un aliado incondicional de Cristina.

Fernández intentó hacer equilibrio. Condenó la violencia institucional, pero pidió esperar. El mismo consejo que le dio a los intendentes más cercanos para que lleguen a un acuerdo por el PJ bonaerense con Máximo. Las urgencias de La Cámpora están dificultando esa posibilidad. Desean elegir a Máximo por aclamación el 21 de marzo. Es decir, el mismo día que está prevista la designación del Presidente como nuevo titular del PJ nacional.

Allí aparece otro inconveniente. La renuencia de Fernández a intervenir a favor de los suyos. Es lo que los obliga a inducir el alumbramiento tardío de una criatura política: el albertismo. Pero sin Alberto. Un detalle inesperado de su concepción. “Con Alberto está todo bien. El problema es que no nos defiende en ninguna ocasión” reveló un jefe comunal para describir el proceso. Los intendentes más reacios a La Cámpora habían pactado con Máximo que la lista sería presentada el 2 de mayo ante la Junta Electoral.

Durante un plazo de 60 días tendrían lugar las negociaciones para darle forma a la nueva conducción del PJ. Una instancia que La Cámpora preferiría omitir. Máximo postula a Mariel Fernández como vicepresidente.  Antes de ocupar ese cargo, la intendente de Moreno debería estar entre los cuatro delegados que elegirá cada sección electoral. Moreno corresponde a la Primera, donde Gustavo Menéndez (Merlo), Fernando Moreira (San Martín), Alberto Descalzo (Ituzaingó) y Juan Zabaleta representan la oposición a Cristina.

Máximo ejerce un protectorado sobre Moreno. Originalmente ligada al Movimiento Evita y a los cartoneros de Grabois, Fernández le debe a La Cámpora una parte importante de su victoria en las PASO de 2019 en la que participaron siete listas. Seis con el patrocinio de la Cámpora. La única que no lo tuvo fue la del intendente Walter Festa, miembro de esa organización. Pero criticado por un supuesto acercamiento al gobierno de Vidal. Los intendentes rechazan que el acuerdo para elegir consejeros al PJ esté resuelto.

En la zona Sur reinaría otra armonía.  Jorge Ferraresi (Avellaneda) Martín Insaurralde (Lomas de Zamora) y Mayra Mendoza (Quilmes) representarían a la Tercera Sección con Marisa Fassi. La intendente de Cañuelas es la esposa de Gustavo “Pata” Arrieta. El titular de Vialidad Nacional llegó a ese cargo por decisión de Gabriel Katopodis pero decidió tomar distancia del ministro de Obras Públicas para alinearse con Insaurralde. Una baja sensible para Katopodis que desea suceder a Axel Kicillof en la gobernación.

Losardo habría comenzado a ser ganada por un desánimo que ya padecen otros miembros del gabinete. La falta de confianza en el futuro de la gestión de Fernández.  Gustavo Béliz podría ser el caso más paradójico. No descarta volver a trabajar en un organismo internacional. El secretario de Planeamiento Estratégico ambiciona presidir la Corporación Andina de Fomento (CAF) que la Argentina integra junto a otros 17 estados de la región.

El problema es que la CAF será presidida hasta abril del 2022 por Luis Carranza Ugarte. Un economista peruano de buena reputación que aspira a ser reelecto por otros cinco años. De él dependería el nuevo financiamiento de obras públicas ya iniciadas con créditos de la CAF. Béliz tiene a Christian Asinelli trabajando en ese tema, pero también en su candidatura. El subsecretario de Asistencia Financiera ocupó antes la dirección corporativa de Desarrollo Institucional en la CAF.  Cesó en esa función cuando asumió Carranza Ugarte.

La buena relación con sindicalistas y empresarios hizo que el presidente designe a Béliz al frente del Consejo Económico y Social para cumplir con una tarea muy ambiciosa. Pensar proyectos de largo plazo para la Argentina.

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