Es difícil ser progresista en la Argentina de los feudos

POLÍTICA Por Por Débora Plager para El cronista
El 17 de diciembre de 2010 en la ciudad tunecina de Sidi Bouzid, un vendedor ambulante llamado Mohamed Bouazizi fue interceptado por la policía y despojado de todas sus mercancías.
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A modo de protesta, Mohamed decidió prenderse fuego e inmolarse frente al Palacio de Gobierno. La chispa que prendió su cuerpo fue la llama que encendió las protestas en todo el mundo árabe. Su infierno se convirtió en primavera y el aroma de la intifada de jazmines llegó hasta El Cairo. 

Tahrir en árabe significa liberación. "Pan, libertad y justicia social", fue el grito que se escuchó a orillas del río Nilo. Dos meses más tarde, el 11 de Febrero de 2011 el presidente Egipcio Hosni Mubarak dimitió luego de tres décadas en el poder.

Gildo Insfrán lleva más de 30 años en el gobierno de Formosa: 25 como gobernador y dos periodos previos como vicegobernador. Insfrán cursa su séptimo mandato consecutivo.

Según datos oficiales, en la provincia se detectaron 1475 casos de coronavirus desde que se inició la pandemia. El ministerio de Salud de la Nación reporta que Formosa es la provincia argentina con menos casos de Covid-19 detectados. Sin embargo y sin ninguna justificación sanitaria, se dispusieron centros de aislamiento que son violatorios de los derechos más elementales.

El símbolo más trágico del autoritarismo provincial quizás sea el de Mauro Rubén Ledesma, el joven de 23 años que murió ahogado cuando intentaba cruzar a nado el río Bermejo para ver a su pequeña hija. Había pedido varias veces el permiso para ingresar desde la provincia de Chaco donde estaba trabajando, pero sistemáticamente se lo negaron.

El secretario de Derechos Humanos de la Nación, Horacio Pietragalla, emitió un comunicado en el que habló de la "campaña de desprestigio" llevada adelante por los "medios hegemónicos", y de la violencia desmedida de los manifestantes.

La ministra de Seguridad Sabina Frederic dijo: "Hay un ensañamiento inadmisible contra el gobernador Gildo Insfrán". Mientras, el Presidente Alberto Fernández lo colmaba de elogios al catalogarlo como unos de los "mejores políticos y seres humanos".

Qué difícil es ser progresista en la Argentina de los feudos. La ciudadanía movilizada observa el espectáculo denigrante de quienes tienen responsabilidades de gobierno.

El presidente Fernández en un gesto irreductible de falta de autoridad política, entregó a su ministra de Justicia. Marcela Losardo estaba primera en la lista de los "funcionarios que no funcionan" para Cristina Fernández de Kirchner.

Los tiempos se aceleran de manera vertiginosa. Cristina sabe que este es un año electoral. La mala gestión del Presidente en materia económica y de vacunación, luego del escándalo del Vacunatorio VIP, pone en riesgo el resultado de la elección para el oficialismo.

Está más claro que nunca que Cristina Kirchner está en el poder para limpiar la historia de su pasado. El peronismo tiene en su génesis ciertas complejidades respecto del poder y la percepción de debilidad.

Alberto Fernández no pudo haber sido más explícito cuando intentó justificar la salida del gabinete de Marcela Losardo: "Ella cree que el tiempo que viene es un tiempo que necesita otra actitud".

¿A qué se refiere? ¿Al amedrentamiento de los magistrados que no se encolumnen con los planes de impunidad? ¿A la creación de una comisión bicameral para investigar a jueces y fiscales? ¿A la modificación de la composición de la Corte Suprema de Justicia? ¿A retomar el intento de llevar a los jueces en las boletas electorales para su designación? ¿A modificar la ley del Ministerio Público para elegir al procurador general de la Nación? ¿A intimar a través ANSeS a jueces y fiscales para que se jubilen?

Si nada de ello prosperase, allí estará Alberto Fernández con la potestad siempre a mano del indulto presidencial.

Hay que mirar a Formosa, la ciudadanía movilizada puede ser un arma muy poderosa. Recordemos las protestas en Grecia y sus derivaciones políticas entre el 2010 y el 2011, el movimiento de los indignados en España que puso fin al tradicional bipartidismo, las movilizaciones estudiantiles en Chile, en Colombia y en México.

Si bien es cierto que, en el mundo árabe, las revueltas no lograron una salida democrática sustentable, mostraron capacidad de movilización popular para generar un cambio. Quizás la pandemia haya mermado por un tiempo la agitación callejera.

Sin embargo, hay cientos de miles de argentinos esperando su primavera.

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