Dejar de administrar el estancamiento argentino

POLÍTICA Por Por Daniel Marx para El Cronista
Por la pandemia los seres humanos pasamos de una experiencia traumática y otra alentadora a la vez, aunque no resulte demasiado evidente.
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Para el conjunto veníamos, durante décadas, con la visión un complejo progreso que se mostró en frentes diversos, como aumento de la esperanza de vida, disminución global del número de personas debajo de la línea de pobreza, nuevas técnicas de manejo energético, creación de inteligencia artificial e, incluso, menores amenazas de amplios conflictos bélicos. Reconocimos también nuevos inconvenientes asociados a ese progreso. 

Los efectos secundarios negativos de esos cambios llegaron a constituir serias amenazas a lo alcanzado si se los ignoraba y dejaban expandir. Entonces, se impulsaron mecanismos de coordinación y reglas que permitieron ir controlando los aspectos perniciosos, aunque también no dejaron de apoyar mayores progresos. Así se generaron iniciativas que abarcaron desde una mayor inclusión y promoción de capacidades y oportunidades para las personas hasta atenuaciones con fortalecimiento del tejido social y otras de cómo atenuar y luego revertir el cambio climático.

En ese contexto, la pandemia nos recordó que estamos muy lejos de tener dominio absoluto de las circunstancias y, menos aún, arrogarnos el papel de "Dios del universo". Pero también, en tiempos récord, se desarrollaron vacunas y se comenzó un largo camino, no absolutamente asegurado, para la inmunización. Aun cuando quedan importantes aspectos por resolver, se aplican técnicas que combinan aspectos diversos como marcadores genéticos innovadores, procesamiento de datos para la incepción de la vacuna y cadenas de logística para su manufactura y distribución.

Habiendo la Argentina perdido posiciones por décadas según múltiples indicadores de bienestar de países, se puede usar la experiencia descripta tomando reflexiones aplicables a una salida para su encrucijada económica actual.

No pretendiendo agotar el tema consideraríamos:

Reconocer las limitaciones. No se pueden dominar todas las fuerzas ni predecir con precisión qué nos deparará su interacción, pero hay cuestiones básicas que debemos respetar. Y eso nos preparará mejor para enfrentar (o aprovechar) ese tipo de circunstancias. Por ejemplo, si se fijan precios debajo de los costos, tarde o temprano no habrá productos, salvo que se lo subsidie y se asuma el costo a pagar. Si no hay producción no hay ingresos, y sería difícil que haya inversión para aumentar la capacidad futura. Tampoco pensemos que si creamos dinero no deseado no tendría efectos (pérdidas) sobre el poder adquisitivo. En consecuencia, correspondería actualizar precios distorsionados por regulaciones para evitar problemas de oferta a futuro y evitar dificultades para los consumidores. Eso no significa desatender los ingresos para los segmentos de la población más vulnerables. Asimismo, aumenta el margen para la acción si el manejo presupuestario y monetario se lleva a cabo con prudencia, en un contexto que de mayor credibilidad y confianza hacia los activos argentinos.

Transformar crisis en oportunidades. Es clave movilizar e incorporar nuevos recursos y utilizarlos eficientemente. Si se generan situaciones en las que hay pérdidas de acervo en las dimensiones humana, física y monetaria y se agregan incertidumbres, que se reflejan en ingresos y precios deprimidos, podríamos usar esto como punto de partida. De allí, sumar mecanismos que motoricen oportunidades en lugar de infundir mayor riesgo, que torne inviables proyectos que normalmente serían aprovechables. El riesgo país, el tipo de cambio libre, los precios de los activos locales y los salarios reflejan un presente difícil de interpretar y el descuento de una visión de futuro no promisorio. Ello está fundamentado en las condiciones de funcionamiento diseñadas localmente y no por la potencialidad de los recursos existentes o a incorporar.

Crear reglas acordes con un funcionamiento lógico. La coordinación de los agentes económicos se hace mediante reglas de juego, conllevando a un sistema conocido por sus participantes con diversos mecanismos de responsabilidades, derechos y obligaciones. También mediante mecanismos de perfeccionamiento, que eviten alteraciones recurrentes difíciles de asimilar. De darse estas últimas, frecuentemente redundan en cierta destrucción de valor por esfuerzos previos que podrían utilizarse. En nuestro caso, coordinación significa formas de interrelación más estables y predecibles entre las partes del aparato económico, pero complementadas por correcciones de desequilibrios acumulados. Implica dar foco a los mecanismos de articulación de largo plazo mientras que, en lo inmediato, se administran las dificultades de una compleja transición que demanda un importante esfuerzo y fuertes inversiones en épocas de restricciones.

Balancear roles y oportunidades con riesgos y retornos. En este sentido, el Estado tiene un rol ordenador y de provisión de servicios determinados, incluyendo los que se considere fundamentales. Ello involucra beneficios y costos a la sociedad. Cómo, cuándo y cuánto son decisiones de política. Su buena administración corresponde a los funcionarios. El sector privado es quien tomará riesgos, que se remunerarán con los correspondientes resultados, buenos o malos.

Valorar innovación, uso y ampliación de conocimientos en contexto de sana competencia. El progreso es explicado crecientemente por trabajos que reflejan el aporte de personas y fuentes múltiples de origen diverso y, en proporción menor, originado por "individuos iluminados". Ello significa tener una actitud de apertura y flexibilidad en funcionamiento e interacción. También requiere capacitación continua. El desafío es, entonces, una inserción al mundo inteligente, que aproveche y motorice avances, pero de manera tal que se eviten aprovechamientos indebidos, asociados a posiciones dominantes de determinados jugadores.

Nuestra economía está muy expuesta a fluctuaciones que no dominamos. Corrigiendo por ello, surge un resultado insatisfactorio en nivel de actividad, alta inflación, empleo, alta pobreza y pérdida de valiosos recursos. Por eso conviene pensar más allá de administrar el estancamiento. No somos omnipotentes ni impotentes, pero es posible alterar el resultado. Este es un buen momento de concitar una propuesta superadora.

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