El dólar, la gran preocupación de Guzmán: qué debe hacer para que no explote la estabilidad

ECONOMÍA Por Por Claudio Zlotnik para Iprofesional
El ministro quiere dar la señal de un ordenamiento de la economía durante el año electoral. Los nubarrones que enfrenta en los próximos meses
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Cuando en esta mañana de lunes arranquen las audiencias públicas para determinar las próximas tarifas de gas, Martín Guzmán se estará jugando la suerte de su estrategia de política económica. Hacia adentro del Gobierno, en donde conviven posturas muy diferentes a las que pretende el ministro, y también hacia afuera, donde miden cada movimiento del titular de Economía, para tratar de adivinar los próximos pasos de la administración. 

Está claro: Guzmán ya planteó que las tarifas deben moverse algunos puntos adicionales a la inflación de este año, con el objetivo de que la cuenta de subsidios -que ya vino engrosándose en los últimos meses- no siga engordando.

"Si el Estado subsidia las tarifas, eso se paga de alguna forma: con impuestos, con deuda o con emisión", avisó el ministro hace algunas semanas públicamente, al dar cuenta de su posición frente a los precios domiciliarios de la luz y el gas, que son el motivo del debate interno.

Para que los subsidios no crezcan y se mantengan constantes en relación al PIB, las tarifas deberían encarecerse al mismo nivel que la inflación sumado a lo que este año crezca el Producto.

El ministro quiere dar la señal de un ordenamiento de la economía durante el año electoral. Se esfuerza por explicar esa cuestión al "ala política" y a los sectores internos más reacios a otorgar aumentos tarifarios.

Guzmán cree que hasta ahora cumplió con todos los objetivos que le propuso en su momento a Alberto Fernández. El primero, un acuerdo con los acreedores privados. Sacar a la Argentina del default evitando juicios en los tribunales de Nueva York.

El segundo round lo ganó a partir de noviembre, cuando ganó la pulseada en el mercado cambiario, luego de que el "blue" se disparara a los $195. Guzmán quedó al mando de la economía, sin competidores internos.

La idea de generar un "puente" hasta la nueva cosecha sonaba, en aquel momento, como un objetivo lejano y con pocas chances de éxito. Las principales consultoras económicas sugirieron a sus clientes que el Gobierno se vería obligado a devaluar antes de fin de año.

Eso no ocurrió y ahora Guzmán cree que tiene los suficientes pergaminos para ganar la pulseada interna y llevar adelante su estrategia.

Ese esquema incluye al Fondo Monetario. Contra lo que el propio ministro esboza en público -que un acuerdo con el organismo podría demorarse-, la visión de algunos funcionarios del equipo económico es que lo mejor sería sellar un pacto lo más pronto posible. Aun antes de las elecciones.

Esos funcionarios suponen que la suba del "riesgo país" a los 1.700 puntos esta última semana, con los flamantes bonos surgidos de la última reestructuración cotizando a precios de default, luce incongruente con la realidad financiera del país. Pero que, en simultáneo, significa una luz amarilla para el ministro.

Básicamente porque, creen, un retraso con el Fondo Monetario podría generar nuevas tensiones en el mercado cambiario.

Estabilidad del dólar, con alto costo

Al Gobierno le llevó varios meses convencer al "mercado" que no habría una devaluación en el canal oficial. La paz cambiaria se logró, pero con elevados costos. En el gabinete económico hay quienes piensan que parte de la aceleración inflacionaria de las últimas semanas se relacionan con la brecha cambiaria por arriba del 100%.

Y que, teniendo en cuenta esa experiencia tan reciente, no vale la pena jugar con fuego.

De hecho, al Banco Central le está costando alrededor de u$s200 millones mensuales mantener a raya las cotizaciones del "contado con liqui" y del MEP. La brecha empuja a la dolarización, aun con la existencia de un "súper cepo", y el BCRA se queda para sus reservas apenas tres de cada diez dólares que logra comprar en el mercado cambiario.

"Guzmán no está acá para defaultear con el Fondo", dice un funcionario que lo conoce bien.

El ministro estará en Washington la semana que viene. Se reunirá con la directora gerente del organismo Kristalina Georgieva. Y nadie imagina que vaya a patear la mesa de negociación.

La idea de postergar un acuerdo hasta después de las elecciones de octubre corre con riesgos. Sólo podría llevarse a cabo en caso de que, como se espera, el organismo reparta una millonaria torta de DEG (Derechos Especiales de Giro, la moneda que usa el FMI para sus operaciones), que le posibilite a la Argentina pagar al contado el vencimiento de u$s 1.800 millones de septiembre próximo.

¿Cuál sería la lógica de pagar en efectivo ese dinero si, antes de diciembre habría que cerrar las negociaciones para evitar el default? Ese mes vencen otros u$s1.800 millones, que la Argentina no dispone.

¿No convendría usar el eventual "regalo" de DEGs del FMI para engrosar las reservas y utilizar esos dólares para oxigenar la actividad económica, que va a necesitar de importaciones para darle continuidad a la recuperación?

A su vez, cabe preguntarse si el FMI se pondrá tan duro en las negociaciones como para que eso genere una alteración de la paz cambiaria. Nadie, ni las fuentes oficiales ni en el mercado financiero, creen en esa posibilidad.

Al contrario, los contactos que técnicos del Fondo mantuvieron con consultores de la City dan la idea de que el organismo se mostrará flexible en sus pretensiones de reformas estructurales. No así con la meta de déficit fiscal para el primer año del acuerdo. Esa es la aspereza en las últimas conversaciones.

Las diferencias sobre la acumulación de reservas serían menos determinantes tomando en cuenta la realidad del mercado cambiario, donde el Gobierno viene sosteniendo un achicamiento de la brecha y logrando una fluida liquidación de divisas por parte de los exportadores.

Inflación, punto crítico

El punto en contra viene por el lado de la dinámica inflacionaria. La suba de los precios se aceleró en los últimos meses, sobre todo en el rubro de los alimentos.

Esa realidad es la que pone presión a Guzmán a la hora de hablar de las tarifas y de los subsidios. Una inflación en los niveles actuales choca contra la pretensión de asegurar la reactivación. Al mismo tiempo, presiona para "hacer lo que haya que hacer", con tal de evitar un nuevo salto de los dólares "alternativos".

Bajo esa realidad se maneja el ministro. ¿Cómo administrará los recursos? ¿Qué aire le dará "la política", sobre todo la interna?

Las próximas semanas, seguramente luego de su visita a los Estados Unidos, habrá definiciones al respecto. Las primeras pistas se conocerán entre este lunes y martes, con las audiencias por las tarifas de gas.

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