Crisis de autoridad

POLÍTICA Por Por Sergio Crivelli para La prensa
En parte porque llegó al poder con votos prestados y en parte por sus desaciertos en la gestión el Presidente sufre una acelerada pérdida de autoridad.
17-af

La designación de Martín Soria en el ministerio respectivo es la segunda consecuencia de ese giro. La primera, fue sembrar incertidumbre entre sus colaboradores y los agentes económicos y sobre el futuro institucional. 

En el gabinete la actitud de Fernández ha generado críticas en voz baja que empezaron a trascender a la prensa. El último aporte en ese terreno fue el reclamo de que forme una suerte de comando político para socializar las decisiones.

Los mismos medios que crearon esa entidad mitológica llamada "albertismo", sacan ahora a la cancha una nueva criatura, el "albertismo rebelde", tan inexistente como la primera. Temen en el fondo que se potencie el macrismo más duro y no encuentran otra ficción que oponerle. Los problemas del presidente son tan evidentes que ha sumado entre sus críticos hasta a Horacio Rodríguez Larreta.

Los que fueron colegas de Losardo ven que en cualquier momento pueden ser entregados ante las exigencias de Cristina Kirchner no importa cuánta lealtad hayan mostrado. Se extiende un clima de desconfianza poco propicio.

El problema, de todas maneras, no es de lealtad, ni de confianza. El Presidente tiene un poder delegado y es natural que bajo presión el poder de sus ministros se esfume. Lo probó ya con varios desplazamientos, no sólo con el de Losardo. En el caso de Justicia era además irrelevante que el ministerio estuviese una semana en una suerte de limbo, porque tampoco importaba a quién nombraba. Las estrategias judiciales son resueltas por operadores que no necesitan ser ministros para interesarse por las causas de la vice en Comodoro Py.

Otro testimonio de la forma en que ha sido mellada la autoridad presidencial es la compleja situación del ministro de Economía, Martín Guzmán. Insinuó la necesidad de un moderado ajuste para evitar una crisis inflacionaria, pero la vice lo frenó. Ni actualización realista de tarifas, ni acuerdo con el FMI; tendrá que arreglárselas como pueda hasta las elecciones. Un cuadro muy parecido al de la época CFK-Kicillof que paraliza cualquier posibilidad de inversión y reactivación que no sea a fuerza de "maquinita".

Por último, el violento ataque que Fernández sufrió en Chubut muestra cómo desgastó hasta la investidura presidencial. Fue un episodio institucional grave e inimaginable para un presidente peronista. Facciones del oficialismo se enfrentan y las piedras se las tiran a él. Pero lo inquietante no fue sólo la violencia, sino que el principal problema del Presidente es el fuego "amigo". No controla ni a los propios.

Te puede interesar