La carrera inflacionaria: un dolor de cabeza para Alberto Fernández

ECONOMÍA Por Tristán Rodríguez Loredo para Noticias
Contener el aumento de precios y que no siga cayendo el poder adquisitivo es el gran desafío para la política económica.
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Una clásica frase peronista amenaza repetirse en este año electoral: mientras los precios suben por el ascensor, los sueldos trepan por la escalera. El discurso de Alberto Fernández en la apertura de sesiones ordinarias volvió a insistir en que la recuperación del salario era un objetivo indeclinable de su gestión. La mejora del poder adquisitivo en un año electoral es una variable central en el tablero de indicadores del equipo de campaña. Se calcula que el salario real cayó 25% en promedio en el último lustro, por la recesión a partir de mediados de 2018 y la altísima inflación de todo este período. Hay diferencias entre sectores y tipos de empleo, pero la tendencia para todos es la misma. Por lo tanto, mejorar el salario real implican dos movimientos simultáneos: que los salarios nominales crezcan más que los precios y que se sostenga en el tiempo. Con una inflación en los dos dígitos en la última década y un 40% promedio en los últimos tres años, pretender que el IPC caiga en 2021 a niveles “civilizados” es utópico. 

Escalones. Solamente la inercia inflacionaria empuja los precios con fuerza. Luego de un año de cuarentenas prolongadas que dieron pie a controles de todo tipo (desde el congelamiento en el caso de las tarifas hasta los precios sugeridos en alimentos de primera necesidad o bien la administración de subas permitidas, como en el caso de los combustibles) la sola presión de los rubros más rezagados por equiparar al promedio fuerza más acciones de parte del Gobierno que no quiere que se desmadre el control justo en la recta final.

El IPC fue subiendo en escalones desde julio del año pasado, cuando la actividad y el empleo tocaron sus puntos más bajos. Del 1,5% mensual promedio pasó al peldaño de entre 3,5% y 4% para el verano (se estima entre 3,2% y 3,5% para febrero). También generó una discusión acerca de la actualización de las tarifas: o aumentan los subsidios y continúan pisando los precios o los actualizan y crece el rojo fiscal. Esta parece ser la opción que regirá al menos hasta la fecha de elecciones. Lo demás, para la economía argentina, es muy largo plazo.

Números. Por último, esta semana una corrección técnica a los ponderadores del IPC por parte del INDEC hizo retroceder las sensaciones a la época de la intervención del organismo estadístico y la épica del “dibujo patriótico”. La gestión de Marco Lavagna fue intachable, hasta el punto de que en los últimos meses sus mediciones de la inflación le dieron algunas décimas más que a los consultores privados. “El cambio de canasta es normal y deseable. El tema es que, como este gobierno no tiene credibilidad, se sospecha que puedan aprovechar una excusa técnica para manipular el índice, como ya lo hicieron en el pasado” admitía a NOTICIAS un economista que hace sus propias mediciones.

También afectaría otra cuestión muy sensible en esta época: la medición de la pobreza. Para Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA), cambiar la canasta del IPC impacta sobre los alimentos y por lo tanto sobre la línea de la pobreza. “Si se mantiene la metodología no habría problemas, pero si no es así, genera la necesidad de un nuevo empalme, no sólo para el Observatorio sino también para el INDEC en su medición de pobreza por ingresos”, explica.

De bolsillo. El otro componente vital y móvil de esta ecuación es, justamente, el salario. Para Camilo Tiscornia, de C&T Asesores Económicos, el mercado laboral se vio muy afectado por la crisis del Covid y considera muy difícil que los puestos de trabajo se recuperen rápidamente porque hubo un cambio estructural. “Puede haber una recuperación del salario real cerca de las elecciones con las paritarias, los controles de precios y otras medidas, pero parece difícil lograr que sea sostenida”, concluye.

Para el Economista Jefe de FIEL Juan Luis Bour, “en los salarios nominales hay elementos para pensar que en promedio se van a mover en el rango de 30 a 40% (promedio) con variaciones en el nivel inferior en la primera mitad y más cerca del tope en la última parte”. A su juicio, como la inflación se proyecta en alrededor de 45% anual para 2021, es poco probable que los salarios reales crezcan este año, a menos que la cuenta la hagas para un mes particular en que se dé un fuerte aumento, pero eso no es ni económica ni estadísticamente relevante”.

Equilibrio. El otro aspecto a considerar es el de la incidencia del trabajo informal, que fue el gran afectado durante la pandemia. Y si se recupera, tiraría abajo el promedio total y dificultaría aún más poder estar por encima de la inflación. Fernando Marengo, socio de Arriazu Macroanalistas, cree que Argentina debería tener una política prudente y no buscar una mejora de los ingresos de los individuos (del sector público o privado). “Si no se hace así, en el tercer habrá un déficit fiscal parecido y las mismas reservas de fin del año pasado, pero con un nivel del gasto más alto y habiendo absorbido las liquidaciones de exportaciones de la cosecha actual”, anticipa. Post elecciones, “todo esto deberá encontrar un nuevo equilibrio y sabemos cómo son esos ajustes en la Argentina”, sentencia.

Finalmente, Eduardo Fracchia, Director del Área de Economía del IAE, advierte que esa inconsistencia entre la estabilidad macroeconómica y la política de ingresos sólo se resuelve si existe crecimiento económico. “La condición necesaria es que haya inversión y así mejore la productividad, generando un círculo virtuoso. Pero las estimaciones del REM hablar de 2,5% de aumento del PBI para 2022 y 2023. Son tasas muy bajas que no ayudan en nada al crecimiento del salario real”, explica. Una degradación que sólo admite soluciones de largo aliento. El resto, atajos que terminan siendo paliativos.

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