El caso M. y la incompetencia del sistema de seguridad

POLÍTICA Por Beto Valdez para MDZ online
La resolución del caso de la nena de 7 años tuvo un epílogo feliz pero no deja de ser un papelón de las fuerzas policiales y sus conducciones políticas. Avanza la inseguridad en medio de un clima de internas agresivas y efectivos desmotivados.
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El caso M. ha dejado en evidencia la incompetencia de los funcionarios y las cúpulas de las fuerzas de seguridad. Las peleas internas, la mala conducción y el desconocimiento no hacen otra cosa que deteriorar el funcionamiento policial. “Un homeless logró paralizar el sistema de seguridad y poner en vilo a toda la sociedad”, dicen un experto en la materia preocupado por el futuro del combate al delito en los grandes centros urbanos, flagelo que no deja de avanzar sobre todo en el Gran Buenos Aires y Rosario. 

Evidentemente el nivel de indefensión de la ciudadanía es realmente alarmante cuando se comprueba que un personaje absolutamente marginal como Carlos Alberto Savanz, en bicicleta, pone en jaque a las fuerzas de seguridad de las tres jurisdicciones (nacional, porteña y bonaerense). Un verdadero papelón. El mérito fue del vecino que llamó por teléfono para dar el paradero. Fallaron todos los mecanismos. No hubo manejo de inteligencia de acuerdo a las cámaras. El secuestrador hizo todo lo contrario a lo que marcan los manuales de criminología.

Fuentes policiales que participaron en décadas anteriores de la resolución de la ola de secuestros extorsivos sostienen que, desde un primer momento, se trataba de un caso que debía trabajar la Brigada de Investigaciones de la zona con alrededor de 50 efectivos que es lo que suelen hacer cuando identifican a un ladrón peligroso. “Es como encontrar una aguja en un pajar”, dijo Sergio Berni. Pero no pudieron encontrar a M. en un entorno de 10 kilómetros cuadrados con 1.500 efectivos y dos helicópteros.

La primera conclusión es que las fuerzas policiales están tan mal entrenadas y conducidas que no pueden casos realmente complejos con delincuentes peligrosos. Concretamente, en muchas zonas urbanas están perdiendo la guerra contra los narcos. Ni hablar del lamentable final del excéntrico Marcelo Saín como ministro de Seguridad en Santa Fe. En el caso de la policía bonaerense, por su parte, cada vez se nota más que Berni no está a la altura de las circunstancias y mucho menos la conducción que sigue respaldando.

Tanto el comisario Daniel García, como el subjefe Jorge Figini no cuentan con el prestigio y el liderazgo suficiente para manejar una fuerza de brazos caídos y desmotivada, mucho más después de la rebelión del año pasado. No es casual que los punteros e intendentes del Gran Buenos Aires describan una situación de absoluto desmadre. “El conurbano es tierra de nadie”, suelen repetir quienes conocen el territorio. Los efectivos policiales que trabajan en las zonas más calientes del GBA se sienten indefensos y crecen cada vez más los pedidos de carpetas médicas para tomarse licencia.

En ese contexto, la pelea cada vez más agresiva entre Berni y su colega a nivel nacional, Sabrina Frederic, no hace más que desalentar el profesionalismo y la coordinación para tareas conjuntas. Parece una interna más dentro del gobierno del Frente de Todos. Cristina Fernández de Kirchner sigue respaldando al médico militar y el presidente Alberto Fernández hace lo mismo con su ministra. Pero las consecuencias son realmente imprevisibles y el avance la inseguridad no tiene límite.

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