Ante los desafíos por venir, mejor emprolijar el discurso…

POLÍTICA Por Eugenio Paillet para La nueva
Si no logra salir airoso de aquellos dos enormes desafíos, puede perder las elecciones parlamentarias de octubre.
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A quienes realizan esos análisis y orejean el futuro apenas los consuela un dato: en la oposición, y especialmente en Juntos por el Cambio, la irrupción en escena del expresidente Macri ha provocado un revuelo que tornaría difuso -en el mejor de los casos- el hecho de suponer que quienes gobernaron con más pena que gloria hasta 2019 puedan ser una opción, o el mal menor, en octubre e incluso pensando en 2023. 

El Gobierno, con todo, debería ordenarse hacia adentro en un discurso que tampoco admita más de un color a la hora de plantear medidas o trazar hojas de ruta en torno a las dos cuestiones que hoy más lo atosigan como son, se vuelve a insistir, la falta de vacunas y los escasos índices de inmunizados hasta el momento. En especial si se lo compara con los resultados conseguidos hasta ahora en otros países de la región.

Los anuncios sobre el fin de semana de la llegada de embarques de vacunas chinas y rusas, luego de algunas contradicciones e idas y vueltas, parecieran poner algo de orden en la gestión sanitaria contra el Covid-19, lo que permitiría reponer a la Argentina en lugares más expectantes en el ranking de aplicaciones de dosis.

Porque precisamente, un dato que nadie podría seriamente refutar, el bienestar social y el repunte en la economía está atado a lo bien que al Gobierno le vaya en la lucha contra el virus. Razón por la cual el propio Alberto Fernández se expresó días atrás en cuanto a que el rumbo actual no admite diferencias entre buscar ganarle a la pandemia, pero al mismo tiempo cuidar el bolsillo de los ciudadanos.

Esa definición no es casual ni se descuelga de aquella coincidencia unánime del gobierno y sus aliados en cuanto a que perder las elecciones bien puede convertirse en una pesadilla si antes no se toma el camino adecuado.

Del mismo modo que no son saludables las diferencias en torno a las recetas que se requieren para repuntar en la economía, por caso si acordar o no acordar con el FMI, y cuándo hacerlo o en qué condiciones, entre otros aspectos. “Lo define (Martín) Guzmán”, juran al lado del presidente, tras relativizar las supuestas “embestidas” del cristinismo duro y de la propia Cristina contra el ministro de Economía o el presidente cuando reclama tasas de interés más bajas y mayores plazos para pagar la deuda que contrajo Macri.

El Gobierno sabe, y así lo machaca Guzmán hacía el interior del gabinete, que el Fondo no puede beneficiar a un determinado país sino que se debe al cumplimiento de un reglamento interno que es igual para todos los socios. Es decir que el plazo máximo de 10 años que puede otorgar para renegociar la deuda es inmodificable.

“Algunos están buscando mugre donde no la hay, Alberto, Cristina y Guzmán dicen en el fondo lo mismo, todos queremos un acuerdo que nos permita crecer y no seguir postergando a nuestra gente, ninguno ha dicho que no queremos pagar o cosa por el estilo”, buscó suavizar un vocero luego de las temerarias interpretaciones que algunos analistas hicieron de las palabras de la vicepresidenta en Las Flores.

Por esa razón, la de afinar el discurso y por otro andarivel prepararse con la serie de medidas que se requieren para pelear en ambos frentes, es que en despachos oficiales fruncen el ceño ante diferentes posiciones públicas de funcionarios que no deberían tener dudas sobre la bajada de línea que les llega.

No se entendió por caso que, en menos de 48 horas, la ministra Carla Vizzotti haya tenido que ser desmentida por un vocero de Fernández por haber dicho que no se descartaba la reimplantación de restricciones a la circulación y otras medidas para prevenirse de la llegada de la segunda ola. “No es una opción que maneje el presidente”, dijo el portavoz.

Con todo, los rumores sobre un próximo endurecimiento de la cuarentena a niveles de marzo de 2020 no se han acallado en el oficialismo. La medida, dicen quienes conocen el pensamiento del presidente, sería a estas alturas abiertamente impopular por el hartazgo social que no superaría el incordio de un nuevo encierro si se confirma la llegada de la segunda ola y la aparición de otras cepas.

No obstante, dicen confidentes, aquella frase de Vizzotti habría sido desmentida por inoportuna, no por ser ajena a la realidad de lo que se planea.

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