El Gobierno no sale de la trampa del Vacunatorio Vip

POLÍTICA Por Eduardo van der Kooy para Clarin
Con la segunda ola de coronavirus aterrizando en el país a la gestión la invade la alarma y el miedo. La debilidad con la que llegó Vizzotti y la poca espalda política de Alberto Fernández.
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El gobierno de Alberto Fernández se enfrenta a dos desafíos simultáneos que plantea la segunda ola de coronavirus que parece estar aterrizando en la Argentina. El primer reto consistiría en saber, con la mayor certeza posible, qué hacer. No es sencillo. El paso siguiente sería desentrañar cómo hacerlo. Con el volumen de musculatura política, a priori, disminuido respecto del que exhibió en 2020. 

El margen colectivo se ha estrechado para regresar con restricciones largas y furibundas. El Presidente no está en condiciones de priorizar la salud sobre la economía. El desastre del primer año de pandemia está a la vista. No podrá decir que prefiere un punto más de la caída del PBI antes que un sólo muerto. La producción se desplomó un 9.9% y la tragedia del virus ya se llevó la vida de casi 57 mil ciudadanos.

El Gobierno está ahora invadido por la alarma y el miedo. Nadie conoce ni la dimensión ni las consecuencias que tendrá la nueva oleada. No es sólo un problema de la Argentina. El problema es que dicha incertidumbre se transfiere siempre a la gestión. En los hechos y las palabras. Con un recorrido serpenteante que no asoma como señal sosegadora para la sociedad.

Aquel serpenteo registró varias fotografías en los últimos días. Luego de muchísimos meses regresaron en Olivos las consultas con los infectólogos. No estuvieron todos los que participaron en los tiempos iniciales de la pandemia. En la rueda de prensa del lunes reaparecieron, al menos, Pedro Cahn y Angela Gentile. Eso podría estar hablando de dos cosas: la gravedad de la situación que se prevé; las limitaciones oficiales para abrir la única cápsula que construyó. ¿No sería tiempo de ampliar el equipo a otros expertos? ¿No sería prudente incorporar a epidemiólogos o psicólogos, por caso, para que aporten miradas diferentes o complementarias?

Tal posibilidad podría ser contemplada por el Presidente. Aunque el mayor déficit no estaría en él. Existe un ministerio de Salud que debiera llevar las riendas y ser una usina de consejos. Pero Carla Vizzotti, su titular, carecería de esos atributos. Quizás no porque no los tenga por naturaleza. Su situación política es de clara debilidad luego del escándalo del Vacunatorio VIP que provocó la renuncia del ex ministro Ginés González García.

El escándalo se alimenta todos los días. La propia Vizzotti debe responder sobre el asunto cada vez que se expone a la prensa. Y no parece, en ese terreno, demasiado ducha. En una nueva versión de las muchas difundidas, explicó que la vacunación de la familia Duhalde respondió a que “habían sobrado vacunas”. ¿Alguien puede creer, de verdad, que en la Argentina sobran? Chiche, la esposa del ex presidente, aderezó el escándalo con intrigas: explicó que el Gobierno habría querido vacunarlos para silenciarlos. Porque se muestran muy críticos de Alberto y de Cristina.

El lunes, después de la cumbre en Olivos con funcionarios e infectólogos, se había anunciado una conferencia conjunta entre Vizzotti y Matías Lammens, el ministro de Turismo. La proximidad de la Semana Santa justificaba ese tándem. En el interín, se produjo una denuncia de la diputada bonaerense de Juntos por el Cambio, Graciela Ocaña. Versó sobre un traslado sospechoso de 60 vacunas, en un vuelo de Aerolíneas Argentinas, hasta el Hospital de El Calafate. El lote salió del Hospital Posadas, convertido semanas atrás en otra sede de vacunatorio VIP. Fuentes oficiales aclararon que fueron solo 10 dosis. No se dijo con qué fin. Siguió espoleando las sospechas.

La novedad tuvo otros ingredientes. La difusión de vacunados VIP en varias ciudades de Santa Cruz. Las principales, Gobernador Gregores y Piedrabuena. Legisladores y funcionarios municipales. El impacto público abrió otra discusión en el Gobierno que derivó en una decisión llamativa: Vizzotti fue apartada de la rueda de prensa. Su presencia iba a incentivar la requisitoria de los periodistas. La aparición de Lammens y los infectólogos bajo los decibeles. Resultó difícil observar al titular de Turismo a cargo de una conferencia con el COVID19 y la segunda ola como asuntos medulares.

Tampoco se trató de un episodio aislado. Nadie sabe por qué razón el diputado K, Eduardo Valdés, repuso el domingo en la escena pública la polémica de los vacunados de privilegio. Quiso explicar lo inexplicable. Sostuvo, con gesto de renunciamiento franciscano, que no estaba dispuesto a robarle la vacuna a nadie. No se aplicaría la segunda dosis. Ya había recibido la primera.

El propio Presidente tuvo una actitud indescifrable. Concedió un reportaje por radio al titular -en uso de licencia- del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Horacio Verbitsky. El hombre que hizo estallar el escándalo cuando blanqueó que su amigo, Ginés González García, le había ofrecido la vacuna rusa, Sputnik V. El diálogo abarcó distintos tópicos. Menos el de la vacunación. ¿Un castigo para el ex ministro? ¿Un indulto personal para el escándalo? ¿O, simplemente, otro hecho desconcertante de Alberto?

El Gobierno parece, por ahora, dispuesto a preparar el clima para endurecer medidas si la segunda ola lo exige. Está claro que la política sanitaria defensiva con la vacunación es muy precaria para enfrentar la emergencia. Aunque la remisería de Aerolíneas Argentinas siga despachando, casi día por medio, vuelos a Moscú y también a Beijing para arrimar dosis. Tan precario es el cuadro que una sola comparación basta para mensurarlo.

La Argentina lleva aplicadas poco más de 8 dosis por cada 100 mil habitantes. Durante el fin de semana, por primera vez desde septiembre, el Reino Unido registró un fuerte descenso de contagios y muertes. Apenas 6 en un día. Tiene al 45% de la población inmunizada, con dosis completas y medias dosis de diferentes orígenes.

El Presidente, en principio, decidió cambiar la estrategia para afrontar la segunda ola. El Gobierno sugiere instructivos generales. La aplicación queda a cargo de cada gobernador. Omar Perotti, de Santa Fe, decidió mantener en la provincia las cosas como están. Aunque todos los establecimientos sanitarios de la ciudad cancelaron fechas de cirugías que no sean urgentes. Axel Kicillof, en cambio, impuso límites para la circulación nocturna. Que no comparte Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad.

Aquel viraje de Alberto tiene explicación. No quiere ni podría (por el deterioro de su imagen) cargar con las responsabilidades políticas como lo hizo en 2020. Este año se vota. Y su pellejo perdió consistencia.

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