Schiaretti prefiere salir tercero antes de negociar con los K en Córdoba

CÓRDOBA Por BETO VALDEZ
Por eso ya bendijo la postulación de su esposa Alejandra Vigo para que lidera la lista de senadores nacionales y a Natalia De la Sota como candidata a diputada de Hacemos por Córdoba. El gobernador está pensando más en ratificar la hegemonía de su espacio político con nuevas figuras en 2023
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Pese a las necesidades fiscales que tienen todos los meses, sobre todo para pagar jubilaciones, el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, sigue con una relación distante con la administración del presidente Alberto Fernández. Luego de declararse prescindente en las elecciones presidenciales de 2019, actitud que le cayó muy mal al actual jefe de Estado, el vínculo entre ambos se mantiene frío y mucho más ahora con la radicalización de la Casa Rosada. Tal es así que piensa volver a ir con su propia lista de Hacemos por Córdoba antes de cerrar un acuerdo con el Frente de Todos.

Schiaretti sabe muy bien que gobierna el distrito más antikirchnerista del país y por eso siempre se mantuvo distante de Cristina Fernández de Kirchner, además de haber convivido muy bien con el ex presidente Mauricio Macri. No sólo se conocen desde hace décadas cuando el gobernador trabajaba en SOCMA, sino que además comparten electorado. En las elecciones a gobernador el “cordobecismo” suele ganar con mucha contundencia y cuando son comicios nacionales parte de ese electorado va directo a Juntos por el Cambio, como herramienta electoral antikirchnerista. Hace 25 años que los cordobeses decidieron darle la hegemonía de la provincia a la sociedad de Schiaretti con el fallecido José Manuel de la Sota. Y quieren perpetuarse con nuevas figuras.

 
 Por esta razón, en el entorno del gobernador comentan que paulatinamente se va alejando de la estructura local que responde al Instituto Patria. Hace algunos meses se especulaba con un principio de acuerdo entre el cordobesismo y el Frente de Todos para presentarse juntos en las legislativas y ser más competitivos frente a un previsible triunfo de Juntos por el Cambio en la provincia. Nadie discute que este espacio opositor, más allá de quienes vayan como candidatos, es el favorito para quedarse con la victoria y fundamentalmente con dos de los tres senadores que se ponen en juego.

Sin embargo, el análisis del gobernador y sus principales colaboradores apunta a que aliarse con los K los desperfilaría del gran objetivo que es retener la gobernación en 2023, probablemente de la mano del actual intendente de la Capital provincial, Martín Llaryora. Debido a lo cual están dispuestos no sólo a aceptar la derrota previamente, sino además a correr el riesgo de entrar terceros, detrás del FTD que va a llevar a Carlos Caserio como candidato para intentar renovar su banca en el Senado.

Sea como fuere, Schiaretti ya bendijo a su esposa y actual diputada nacional Alejandra Vigo para encabezar la nómina de senadores y a Natalia De la Sota como diputada nacional. La apuesta es audaz ya que la primera dama no mide también en las encuestas, pero evidentemente apuestan al apellido del ex socio del gobernador para traccionar a los votantes que suelen respaldar masivamente a Hacemos por Córdoba en los comicios a gobernador. El riesgo es grande porque en las generales de 2019 el cordobesismo entró tercero con lista de diputados y esta vez renuevan tres bancas de las cuatro que tiene el bloque schiarettista.

En el epílogo de su carrera política el gobernador, que ya no puede aspirar a un nuevo mandato, empieza a preparar los papeles de la sucesión del espacio político que fundo a fines de los 90 con De la Sota. Y comprende que para preservar el futuro del cordobesismo debe mantener su perfil local y diametralmente opuesto al kirchnerismo, aunque eso los lleve a una nueva derrota en las legislativas. Igual en Córdoba dicen que las hegemonías tienen un fin. Le pasó al angelocismo que terminó aburguesándose y le permitió al peronismo recuperar el poder provincial en 1999.

Por BETO VALDEZ para MDZ

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