El gobierno carece de rumbo y la oposición, de organicidad

POLÍTICA Por Sergio Crivelli para La Prensa
El fracaso inusualmente veloz de Fernández lo debilitó mientras fortalecía a los sectores más radicalizados del peronismo. La oposición no tuvo tiempo de generar un liderazgo alternativo
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El presidente recibe malas noticias todas las semanas y no sólo la de que se contagió Covid. Está vacunado contra el virus y se espera que los efectos de la enfermedad sean leves. El problema son otras malas noticias para las que no hay inmunización posible como la pérdida de autoridad, la inflación y el rebrote de la pandemia con muy poca población de riesgo vacunada. 

En este contexto y, a pesar de la perspectiva cierta de una derrota electoral, el kirchnerismo ocupa su tiempo en desarticular la alianza opositora que todavía no hizo el duelo por la derrota de 2019, ni empezó su reorganización. En ese plano el deterioro anticipado de Fernández también sorprendió a muchos dirigentes de Juntos por el Cambio, por ejemplo, Horacio Rodríguez Larreta, que se acercaron a su figura y ahora no saben cómo tomar distancia.

Ya que no puede frenar el alza de precios, el gobierno optó por dividir a Juntos por el Cambio. Parece creer que su única salida reside en exhibir la anarquía opositora. En ese contexto debe ser vista la operación de prensa armada en torno a una postergación de las PASO lanzada el martes pasado desde la Casa de Rosada y que provocó un corto circuito entre el PRO, la UCR y la Coalición Cívica.

En ese encuentro no hubo operadores del presidente; sólo de la vice (De Pedro, MK, Massa) y del macrismo más cercano al peronismo bonaerense (Ritondo, Jorge Macri). No tendremos plan, pero capacidad de fuego no nos falta, fue el mensaje.

Pero la realidad ignoró estas maniobras y persistió con noticias como la de la pobreza en el 42%. Simultáneamente comenzaron a circular versiones de insatisfacción de Fernández con Martín Guzmán y los primeros nombres de posibles reemplazantes. Cuando la semana próxima se conozca el índice de inflación superior al 4% habrá que ver cuál es la reacción del presidente, único sostén del funcionario.

En materia de seguridad ocurre algo comparable con la economía. A falta de un plan para combatir la violencia delictiva que se agravó con la suelta de presos Sergio Berni ataca a Sabina Frederic como si pertenecieran a partidos distintos.

A lo que hay que agregar que la maniobra para enredar opositores fue un reflejo fiel del descalabro del sistema político. Máximo Kirchner y Sergio Massa se instalaron en la Casa Rosada y llevaron a Cristina Ritondo y Jorge Macri para sacarles una foto. El epígrafe de esa foto los hacía aparecer negociando una postergación de un mes de las PASO y de las elecciones generales.

Fernández estaba en Olivos y sus hombres no participaron del encuentro. Ritondo y Jorge Macri tampoco habían avisado a la conducción del PRO lo qué iban a hacer. No es fácil creer que incurrieron en un descuido. Tampoco pasar por alto la inorganicidad de la coalición a la que pertenecen.

Como era previsible los socios del PRO bramaron al enterarse por la prensa. La UCR y la Coalición Cívica desautorizaron a Ritondo y Jorge Macri. Por la CC lo hizo Maxi Ferraro, ya que Elisa Carrió, que dos meses atrás se fotografiaba con María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta y quería jubilar a Mauricio Macri, desensilló hasta que aclare. Tanta es la incertidumbre. Se sabe dónde está el poder en el oficialismo: Cristina Kirchner. Lo que no se sabe es dónde está en la oposición.

Prueba de esto es la actitud de Sergio Massa, un detector infalible del poder. Se pegó a Máximo Kirchner y no aparece ya tan seguido con Fernández.

Atrasar las elecciones un mes no cambia nada, pero la jugada dio el resultado buscado, lo que entusiasmó al kirchnerismo. El ministro del Interior quiso presionar a JxC convocando una reunión en el Congreso para el martes, pero los opositores pidieron pasarla al día siguiente. El martes arreglarán cuentas entre ellos y fijarán una posición de conjunto.

Cualquiera sea la respuesta, el kirchnerismo tomó la iniciativa y fijó la agenda. Hay opositores que quieren un acuerdo y quienes se oponen. Curiosamente entre los primeros está el jefe de gobierno porteño al que Alberto Fernández también usó para sacarse fotos y después le recortó la coparticipación.

Eso ocurrió el año pasado, pero parece un hecho lejano. Hoy ambos carecen de un poder en expectativa como el que los medios les atribuían entonces. En el oficialismo pesa Cristina Kirchner y en JxC del ala dura del PRO. En esto también la vice marca el paso. Va por la polarización que es el juego que mejor juega y que más le gusta.

El gran perdedor de la partida es Fernández, exhibido como símbolo de la “moderación” y del “nuevo” kirchnerismo, pero ahora considerado un lastre y responsable de una eventual derrota. El problema es que además de responsable de esa derrota es el presidente por los siguientes dos años largos.

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