Nuestra economía es como un juego de póker... y se nos agotan las fichas

ECONOMÍA Por Claudio Zuchovicki para La Nacion
Rick Lavoie, especialista en educación de niños con capacidades diferentes, desarrolló una teoría que tiene que ver estrictamente con la formación de la autoestima como valor para potenciar o someter a una persona.
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Todos nacemos con 100 fichas como las que se utilizan en una partida de póker. En la medida en que hacemos cosas que el resto juzga positivamente, se nos van sumando fichas, provocando una fuerte motivación en el desarrollo personal. Más fichas significan más posibilidades de progreso y nos las van otorgando en la medida en que nos pasan cosas buenas, pero nos las van restando si nos suceden cosas malas. 

Hiciste un gol en el partido de fútbol, te dan 20 fichas; te nombraron capitán del equipo, van otras 50 fichas. Te sonrió la chica o el chico que te gusta, te dan otras 20 fichas más. Tus padres te abrazan y valoran tu presencia, recibes otras 100 fichas. Entonces, cuentas con una enorme cantidad de fichas para tu clase o tu trabajo cada mañana. Esto te hace sentir seguro. Te hace sentir satisfecho con vos mismo, con alta autoestima.

Tenés sobrepeso y no jugás bien al fútbol, te restan 10 fichas. Te salió un grano en la frente y otro en la nariz, te restan otras 20 fichas. Te rechazó la chica o el chico que te gusta, te sacan otras 20 fichas. Tus padres te gritan, te quedás sin otras 20 fichas. Esto hace que llegues con muy pocas fichas a tu clase o a tu trabajo cada mañana. Esto te hace sentir inseguro, mal con vos mismo. Con baja autoestima.

El que tiene muchas fichas puede arriesgarse a perder algunas; puede errar un gol o contestar mal una pregunta del profesor. Esta situación lo hace extrovertido, simpático, predispuesto a aceptar nuevos desafíos. Lo será así cuando busque trabajo o se candidatee para un posgrado o, simplemente, para ir con la frente en alto por la vida. El que tiene pocas fichas, si contesta una pregunta mal del profesor, pierde las pocas fichas que le quedan; entonces, no puede y no quiere arriesgar. Le da miedo enfrentar desafíos por el pánico que le da la posibilidad de perder lo poco que tiene. Se queda siempre callado, inseguro y sumiso. Se vuelve tímido, triste. Se potencian sus debilidades.

Es como el juego de póker, el que tiene muchas fichas puede aumentar la apuesta, puede arriesgar y no depender solo de su suerte, pero el que no las tiene solo puede jugar si tiene las mejores cartas y eso dependerá solo de su suerte. O, por el contrario, puede arriesgar lo poco que tiene, de una, a todo o nada, a la manera de un kamikaze, o tomar caminos peligrosos solo porque se cansa de jugar este juego desigual.

Creo que en nuestra sociedad está pasando algo parecido. Los que reparten se quedan cada vez con más fichas de póker. El que no las recibe, cada vez tiene menos posibilidades de cambiar su destino.

El 60% de los jóvenes argentinos está transitando su presente casi sin fichas de póker. Ya dejó de ser un problema para el futuro: es un drama del presente. Quizás haya un 40% de nuestros jóvenes que todavía cuenta con fichas, pero tiene la posibilidad de llevarlas a jugar a otro país, empeorando aún más la distribución.

Empecé con la teoría de Lavoie, porque siento que nuestra política económica hace mucho tiempo que le va sacando cada vez más fichas al que produce, al que invierte, al que confía, pero, sobre todo, le saca más fichas al que menos tiene, haciéndole creer que el único que lo puede ayudar es el Estado. Dinamitan su capacidad de valerse por sí mismo, matando su autoestima y generando la profecía autocumplida de tener que depender del Estado. Perdón, me corrijo, ya no dependen del Estado sino de la voluntad de los administradores de ese Estado. Estos burócratas intercambian asistencia por lealtad y militancia.

1. El exceso de regulaciones y controles no mejora la distribución de la riqueza, sino que afecta la generación de esa riqueza. Con una alta discrecionalidad estatal solo se logra aumentar la brecha entre los márgenes de intermediación. Precisamente, en esta innecesaria intermediación se pierde la mayoría de las fichas. Estamos viviendo un proceso de transferencia de riqueza (fichas) desde el sector productivo hacia el sector burocrático.

2. En los últimos meses, los títulos públicos solo bajan de precio, expresando un aumento del riesgo país por percepción de falta de “voluntad” de pago. Ello ocurre a pesar de que la reestructuración de nuestra deuda mejora nuestra capacidad de hacerlo. En otras palabras, le sacamos fichas de póker a los inversores que alguna vez estuvieron dispuestos a financiar el déficit fiscal.

¿Alguna vez le ocurrió que le rechacen en un comercio su tarjeta de crédito? ¡Qué fea es la sensación de vergüenza al escuchar la fría sentencia: “Sin fondos”! Enseguida empezamos a buscar excusas o culpas, en el banco, en alguien de la familia o en el posnet del comercio. Esa misma sensación la tenemos como país, perdimos el crédito, nadie quiere prestarnos. Usando la analogía anterior: nos quedamos sin fichas.

3. Para alguien de clase media-alta, el pago de servicios representa el 80% de sus gastos. Eso incluye tarifas, medicina prepaga, seguridad privada y colegio de los hijos. Son precios regulados y ajustan muy por debajo de la inflación. Pero para una persona de clase baja, el alimento representa el 80% de sus gastos. No tienen prepaga, colegios privados, etcétera. El alimento sube muy por encima de la inflación promedio. Esto genera más pobreza. En otras palabras, le sacan fichas de póker al que menos tiene.

4. El fuerte control de cambio o las restricciones a la compra de dólares para importar bienes o para pagar deuda en el exterior, solo genera brechas cambiarias. A pesar de que obligamos a los exportadores a vender sus divisas al tipo de cambio más bajo, a pesar de tener muy buenas cosechas y muy buenos precios, el Banco Central no logra aumentar sus reservas, porque usa esos dólares para contener esa brecha cambiaria y no para fomentar la producción.

5. El Banco Central estabilizó la tasa de interés. Pero a pesar de la mayor cantidad de pesos que hay en circulación por la emisión, el costo del dinero para el tomador de fondos es mayor, aumentando la brecha entre la tasa pasiva (inversor) y la tasa activa (deudor). Le estamos sacando fichas de póker al que ahorra en pesos, generando más restricciones al que necesita crédito para crecer.

6. A los mayores de 60 años los confinamos por ser personas de riesgo. A los que viven en zonas inseguras o de alta conflictividad social les cuesta conseguir un trabajo, porque el empleador sospecha que tendrán más dificultades para ir al trabajo. Se generan ciudadanos de segunda, con menos posibilidades de conseguir empleo. En otras palabras, les sacan fichas de póker a los adultos mayores (sin tiempo de revancha) y a los que viven en zonas marginales, a la hora de postularse a un puesto laboral.

7. Los precios de las propiedades se mantienen altos a pesar de haber menor demanda. Los precios no reflejan un dato positivo de crecimiento. Esto ocurre porque el vendedor no baja sus pretensiones puesto que no recibe ofertas de compra o, si las recibe, están absurdamente por debajo del costo de edificación. Esta diferencia entre el precio de compra y el de venta es otra manifestación del divorcio entre los costos y el poder adquisitivo de los ciudadanos. En otras palabras, se le restan fichas de póker a aquellos que quieren apostar al desarrollo inmobiliario.

En fin, la generación de brechas cambiarias, inflacionarias o laborales ya sea por inclusión de más intermediarios, por más controles, por más presión fiscal o por mayor percepción de riesgo, genera un aumento de costos o una pérdida de competitividad, o sea, una inconsistencia en la formación de precios. Mientras esto pase, los mercados serán imperfectos y tendrán ventaja solo los que tengan mucho dinero o buenos contactos con el poder de turno. En otras palabras, se le sacan fichas de póker al que menos tiene, al que produce y al que arriesga su capital, para dárselas a burócratas cuya virtud es haber generado la dependencia de los que ya se quedaron sin fichas, convirtiéndolos en sumisos receptores de una dádiva.

Si no entendemos que la cultura del desarrollo no se basa en prohibiciones de demanda sino en incentivar un aumento de ofertas; si no entendemos que la cultura del progreso consiste en proponer nuevos desafíos, con seducción y no con decretos, con más relaciones públicas en lugar de supervisión policial, si no lo entendemos así, solo le estaremos restando fichas y posibilidades a las nuevas generaciones.

Producir, sembrar, crear, estudiar, respetar las libertades individuales sin imponer ideales o fanatismos, son las acciones para lograr una mejor y justa manera de que nuestras nuevas generaciones reciban las fichas de póker suficientes, léase “autoestima”, para ser dignos de progreso.

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