Talento argentino: alarma en empresas por quienes trabajan para afuera y cobran en dólares

ECONOMÍA Por Julieta Rumi *
Las compañías piden un desdoblamiento cambiario o estímulos para retener talento
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La avanzada freelance, que se acrecentó con el cepo cambiario y el teletrabajo por la pandemia, se siente en distintas empresas argentinas basadas en el conocimiento, que denuncian que están perdiendo trabajadores de forma sostenida por el incentivo que tienen para trabajar para el exterior y cobrar en dólares que no ingresarían al sistema.

Por caso, una persona que a una empresa le cuesta $140.000, tiene un sueldo bruto de $100.000 y cobra $83.000, puede ganar entre US$2000 y US$3000 (entre $280.000 y $420.000 tomando la cotización del dólar blue) si trabaja para afuera en un modelo de cobro por PayPal, bitcoins o depósitos en el exterior.


De acuerdo con esto Argencon, la entidad que agrupa a varias compañías del sector, solicitó que el Gobierno fiscalice a las plataformas o empresas que intermedian o contratan muchos empleados freelance y que analice la posibilidad de un desdoblamiento cambiario que mejore el ingreso en pesos para el sector.

Otra medida que sugirieron que se podría tomar a medio camino es la de aplicar incentivos como el que estableció el Decreto 234/21, que prevé que el 20% de las divisas obtenidas en exportaciones vinculadas a una nueva inversión sean de libre aplicación.

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En una presentación vía Zoom, integrantes de Argencon se refirieron a las asimetrías que existen entre el ecosistema de la Economía del Conocimiento argentino y los de otros países (carga impositiva), que se vieron agravadas por la brecha entre el dólar oficial y el blue (Hoy el blue cotiza a $140 y el oficial a $92) generando un “mercado laboral paralelo”.

 
“Hay un fuerte incentivo para que los profesionales salgan del régimen laboral regulado y pasen a operar en negro, a través de contratos de locación de servicios individuales que se cobran en el exterior apalancados en plataformas freelance que proveen los instrumentos necesarios. Es una fuga de cerebros que no requiere la emigración”, explicó Luis Galeazzi, director ejecutivo de Argencon.

De acuerdo con la entidad, el costo de esto es que caen las exportaciones de servicios y se afecta al ecosistema por la pérdida de masa crítica y competitividad.

“El talento fluye a mercados en directa competencia con el nuestro, que no han invertido un peso en formarlo y que no tienen los costos estructurales de nuestras empresas. La capacidad de competir y radicar proyectos globales se reduce. Se corta el ciclo de crecimiento y sustentación del ecosistema”, agregó.

Consultado por las medidas que se podrían tomar, Galeazzi dijo que se deberían fiscalizar las plataformas y que un “desdoblamiento del mercado de cambios ayudaría a que el problema se solucione”.

“Debería tomarse en cuenta mientras la asimetría sea tal. Es una medida que tendría lógica para el mercado. Si hay un desdoblamiento cambiario, mejorás en más de un 40% el ingreso empresario y eso da un margen que se puede aplicar en mejoras salariales. Esta industria no tiene un margen tan amplio, pero, si por cada dólar vendido, ingresás $45 más, mantenés mejor a tu capital humano”, afirmó.

En tanto, Christian Fucinos, socio en Deloitte Argentina, señaló que una opción sin llegar a un desdoblamiento cambiario que se puede plantear es un instrumento similar al decreto 234 no vinculado a la inversión, pero sí a la creación de puestos de trabajo.

Por otro lado, Ariel Becher, socio de Tax en EY, dijo que, más que controlar a las plataformas que ofrecen trabajos freelance y ponerles impuestos, hay que establecer algún mecanismo para que se inscriban y estén registradas, ya que siempre pueden relocalizarse y seguir funcionando desde otros países.

Por último, Ángel Pérez Puletti, fundador y CEO de Baufest, dijo que las empresas no pueden salir con el dedito acusador señalando a quién trabaja para afuera, pero tampoco pueden quedarse calladas porque “el problema es competir con reglas no equivalentes”. “Con estas cosas es muy difícil. No es una competencia”, cerró.

*Por María Julieta Rumi para La Nación

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