Los problemas actuales de deuda son los más graves de la historia

ECONOMÍA Por Diego Giacomini para El Cronista
Los problemas actuales de deuda son los más graves de la historia
14-crisis

Argentina tiene un problema muy serio con su deuda pública. Tan serio es el problema, que su solución no se vislumbra por ningún lado, ni en el corto, ni en el mediano plazo. A su vez, podríamos animarnos a decir que tampoco habría "con qué" solucionarlo en el largo plazo. 

Sin embargo, más allá de que los fundamentos podrían sustentar tamaña afirmación, preferimos dejarla de lado ya que hay un refrán que dice "nunca digas nunca". Y es sólo por esto último motivo que dejamos la puerta abierta para una futura solución, aunque seguramente no tendrá lugar durante esta administración.

Por el contrario, lo más probable es que la problemática de la deuda pública se complique durante la segunda mitad del gobierno de CFK y AF.

LOS PAGOS DE DEUDA EN 2021

La mayoría de los economistas se preocupan sólo por la problemática del corto plazo y no prestan atención a los problemas de largo plazo, lo cual es un error que retroalimenta la decadencia ética y económica en la cual está nuestro país está sumergida cada vez más profundamente.

Las empresas hacen sus planes de negocios, deciden invertir, abrir nuevas unidades de negocios, capacitar a su gente y crear puestos de trabajo observando el largo plazo, nunca el corto. Paralelamente, las decisiones individuales más importantes, qué estudiar, dónde vivir, formar una familia, comprar una casa y/o un auto también se toman mirando el largo plazo. Nunca el corto.

Lo bueno en este sentido, es que la teoría y los fundamentos económicos nos pueden decir mucho sobre el largo plazo, pero muy poco sobre el timming de las decisiones de corto plazo.

En este marco, sólo un análisis muy miope puede estar profundamente preocupado por los vencimientos de deuda del 2021. Es como prestarle atención a la rama con gusanos del primer árbol que tenemos delante de nuestras narices, cuando todo el bosque detrás se terminará inexorablemente prendiendo fuego y quemará a todo el pueblo aledaño.

Este año los principales vencimientos de deuda son con el Club de París y con el FMI. Al Club de París hay que pagarle u$s 2188 millones (capital) y u$s 296 millones (intereses) en mayo 2021. Al FMI hay que pagarle u$s 3735 millones (capital) y u$s 1032 millones (intereses); los pagos de intereses son en mayo, agosto y noviembre y los pagos de capital son em septiembre y diciembre. Punta a punta, los pagos al FMI y al Club de París ascienden a u$s 7251 millones entre febrero y diciembre.

El Club de París y el FMI son dos caras de la misma moneda. Las sillas del directorio del FMI están ocupadas por los mismos países acreedores del Club de Paris. De acuerdo con nuestro análisis, creemos que hay probabilidad que el FMI y el Club de París negocien una ingeniería financiera (no sabemos cuál) para no soltarle la mano Argentina e impedir que nuestro país caiga en default en 2021. En este sentido, se podría decir que el coronavirus, la pandemia mundial y la escasez de vacunas juegan a favor para que todos los actores salgan a evitar que Argentina caiga en default en este delicado contexto internacional de 2021.

No porque pretendan ser generosos con Argentina, sino porque le conviene a los principales países del mundo. Además, tampoco los les cuesta mucho. Es decir, evitan que Argentina caiga en default con poco.

¿Lo lograrán con un asiento contable y “algo” más? De acuerdo con nuestra visión, lo más probable es que nadie querrá llevar la mochila de tener la responsabilidad de “decretar” el default y el automático aislamiento de Argentina bajo el actual contexto internacional. El FMI y el Club de París ya se encuentran trabajando en ideas para intentar evitar el default argentino en 2021.

LOS PAGOS DE DEUDA DESPUÉS DE 2021

Ahora bien, el escenario 2022/2023 y el escenario 2024/2035 son completamente diferentes y sí muchísimo más complicados que el escenario 2021.

De acuerdo con los números oficiales, al FMI hay que pagarle u$s 18.318 millones (2022); u$s 18.558 millones (2023) y u$s 4677 millones (2024). O sea, durante la segunda mitad del mandato de AF la Argentina deberá pagar u$s 36.876 millones al FMI en 2022/2023, lo cual representa diez veces más de lo que hay que pagar en 2021.

Obviamente, Argentina no podrá pagar estos vencimientos de deuda con el FMI.

Hay que visualizar que los pagos al FMI del 2022 y 2023, que no se pueden pagar, caen en el período en el cual los pagos totales de deuda son los más reducidos de los próximos quince años.

De hecho, asumiendo que se paga la deuda con el FMI en 2022 y 2023, hecho que no va a suceder, las próximas tres administraciones presidenciales deberían afrontar pagos de deuda total por un promedio anual de vencimientos de u$s 14.900 millones (2024/2027); u$s 15.300 millones (2028/2031) y u$s 15.100 millones (2032/2035); o sea, de más del doble de los vencimientos de 2021 con el Club de París y el FMI.

Ahora bien, si no se pagan los vencimientos de deuda al FMI en 2022 y 2023, Argentina entraría en default con el FMI durante la segunda mitad del gobierno de Alberto Fernández. En este sentido, hay que tener bien en claro que los vencimientos de deuda con el FMI de 2022 y 2023 (u$s 36.876 millones) no son refinanciables fácilmente como sí son los vencimientos de deuda de 2021 (u$s 7251 millones). Además, lo más probable es que en 2022 y 2023 el FMI no sea tan condescendiente como lo será en 2021, ya que es probable que para ese entonces la problemática del coronavirus ya esté solucionada a nivel internacional.

Aun así, podemos asumir un escenario extremadamente optimista y suponer que la deuda (u$s 36.875 millones) con el FMI que no se paga en 2022 y 2023 es refinanciada y prorrateada (con intereses) a lo largo de los subsiguientes diez u once años en 2024/2035. De llegar a este fabuloso arreglo sin precedentes, Argentina debería afrontar vencimientos de deuda (en números redondos) por aproximadamente entre u$s 19.000 millones y u$s 20.000 millones todos los años entre 2024 y 2035, es decir; casi el triple de los vencimientos del 2021.

¿SE PUEDE PAGAR LA DEUDA PÚBLICA NACIONAL?

¿Tendrá Argentina la capacidad para pagar su deuda en el futuro? Los países pagan su deuda pública (financieramente) con superávit primario y (económicamente) con crecimiento.

En 2020 el déficit primario ascendió al 6,5% del PBI. Paralelamente, si en 2021 “sale todo bien”, el déficit primario ascendería al 4,5% del PBI. Si tenemos en cuenta que la solvencia intertemporal de la deuda exige un superávit primario de aproximadamente 4% del PBI, se necesitaría un ajuste fiscal de entre 8 y 9 puntos del PBI para que la deuda pública argentina fuera financieramente pagable.

Paralelamente, la tasa de variación promedio del PBI de Argentina empeoró sistemáticamente la última década, pasando de +0,4% (2012/2015) a -1,0% (2016/2019) promedio anual. Durante los últimos ocho años, la tasa de crecimiento promedio anual del PBI fue negativa: -0,3% en 2012/2019 y -1,6% en 2012/2020.

En pocas palabras, hace diez años que Argentina no sólo no crece, sino que destruye capital, genera cada vez menos riqueza y su economía se achica. En otros términos, para que la deuda pública argentina pudiera ser económicamente pagable, se necesitaría que la performance de la economía real de Argentina pasara a ser diametralmente opuesta a la que tuvo lugar durante la última década.

De acuerdo con la teoría austriaca, una macroeconomía crece cuando hay inversión neta en la esfera microeconómica y las empresas acumulan capital. Y cómo consecuencia de este proceso de acumulación de capital y de aumento de la producción, se crean nuevos puestos de trabajo, la demanda laboral aumenta y consecuentemente, el poder adquisitivo del salario mejora.

Sin embargo, para todo este proceso suceda, las empresas deben canalizar ahorro hacia la inversión, lo cual sólo tendrán lugar si los agentes económicos esperan poder hacer más negocios y ganar más dinero. Es justamente en este punto en el cual el Estado puede hacer la diferencia, para bien o para mal. A menos (más) Estado, más (menos) propiedad privada, libre mercado y sistema de precios, lo cual estimula la posibilidad de hacer libremente más (menos) negocios y ganar más mayor (menor) cantidad de dinero, incentivando que más (menos) ahorro se vuelque hacia la inversión y acumulación de capital, propiciando más (menos) crecimiento, producción, generación de riqueza y creación de puestos de trabajo.

Desgraciadamente, en Argentina hace más de una década que tenemos cada vez más Estado y por ende, menos propiedad privada y libertad económica.

Sumando los tres niveles de gobierno, el sector público consolidado pasó de alrededor de 30% (2007) a 49% (2020) del PBI. En este marco, no sorprende que no haya inversión neta positiva desde los años de NK, cuando durante su Presidencia se la inversión bruta interna promedió 17,8% del PBI entre 2003 y 2007. Luego, en los 8 años de CFK apenas se amortizó el stock de capital existente, invirtiéndose tan sólo lo mínimo y necesario (16,5% del PBI) para mantener la frontera de posibilidades de producción constante. Los subsiguientes cinco años fueron aún peores. Entre 2016 y 2020, con Macri (14,4% del PBI) y Alberto Fernández (13,3% del PBI), se invirtió mucho menos que lo mínimo y necesario para amortizar capital, y en consecuencia se destruyó capital.

A esto hay que agregarle que con la cuarentena delictiva (contra los derechos naturales), el sector privado se comió el capital de trabajo para sobrevivir (el que pudo). En este escenario, la frontera de posibilidades de producción se achicó, el país se empobreció sostenidamente, la pobreza aumentó casi 50% y la calidad de vida de todos los habitantes se desplomó. Concretamente, el PBI per cápita de 2020 ($ 13.752 pesos reales de 2004) es 16% más bajo que el de 2008 ($ 16.310 pesos reales de 2004) y similar al del 2005 ($ 13.688 reales de 2004).

Así como están las cosas, si Argentina no hace rápidamente reformas pro mercado y pro ideas de la libertad, la economía seguirá cayendo en la tendencia y la deuda tampoco será pagable en términos económicos.

En pocas palabras, salvo que rápidamente se apliquen las reformas estructurales más profundas de sus 211 años de historia, la deuda pública de Argentina no es pagable.

En este contexto, la primera posibilidad sería que Argentina entrara en default con el FMI en 2022/2023. De darse esta situación, no se podría descartar la posibilidad de que el actual gobierno utilizara el default para profundizar el aislacionismo y la autarquía. De darse este escenario, el actual gobierno muy probablemente fortalecería aún más el cepo y todo tipo de controles, con lo cual habría cada vez más Estado, menos propiedad privada y libertad. Se desplomaría más la inversión, se destruiría más capital, y se profundizaría la caída del PBI per cápita (en la tendencia). Del otro lado, la pobreza seguiría su tendencia ascendente y no debería sorprender que su guarismo empezara con “6” en el futuro. Al mismo tiempo y conociendo la ideología del gobierno de CFK y AF, no se podría descartar la posibilidad que el actual gobierno culpe a Estados unidos, al capitalismo y a los mercados y termine alineándose con China.

Por el contrario, si Argentina no entra en default con el FMI en 2022/2023 porque dicho organismo internacional acepta refinanciar su deuda, el default muy probablemente se materializaría durante la subsiguiente presidencia, es decir; entre 2024 y 2027.

¿SE PUEDE EVITAR EL DEFAULT?

¿Se puede evitar el default? Sí, se puede evitar, pero nuevamente exigiría reformas de una envergadura nunca vista. Argentina debería alinearse con EEUU y Europa, poniendo en práctica reestructuraciones "de fondo" tendientes a aplicar reformas pro-ideas de la libertad y pro-mercado.

Además, Argentina debería reestructurar su deuda con quitas de capital y garantías de activos financieros AAA, así como collaterals de organismos internacionales.

Obviamente, un cúmulo de reformas que están a años luz de la Argentina de hoy en día. Sin embargo, más allá de que actualmente luzca imposible, debemos tener en claro que es la alternativa más razonable.

De no seguir este camino, Argentina quedaría aislada internacionalmente, o peor, se tendrá que aliar con China (Rusia es más difícil, ya que no quiere conflictos con occidente), lo cual para la mayoría de las empresas argentinas (salvo excepciones basadas en el propio interés chino) y agentes económicos argentinos querrá decir:

i) mucho más caro costo de capital y por ende, más destrucción de capital;
ii) menos, más caro o desaparición del pre-financiamiento de exportaciones y financiamiento de importaciones;
iii) menos insumos y bienes intermedios importados; iv) menos producción y peor nivel de actividad;
iv) menos empleo y peor poder adquisitivo de los salarios;
v) menor generación de riqueza;
vi) tipo de cambio real contra el dólar más elevado;
vii) menor comercio internacional;
viii) desaparición de una vasta gama de bienes de consumo final importados;
ix) argentinos intentando escapar del sistema monetario, económico y financiero, y
x) cada vez menor calidad de vida, prosperidad y más pobreza.

Te puede interesar