Un presidente sin filtro

POLÍTICA Por Ignacio Fidanza para
La sorpresiva suspensión de clases, la apelación al Ejército, el choque con la Ciudad. Y las declaraciones. ¿No lo cuidan o no se deja ayudar?
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Un mal anuncio y un peor reportaje. Un Presidente sin filtro que le regala un penal al líder de la oposición, que no está distraído y lo aprovecha. ¿Alberto Fernández juega para Larreta presidente? Cerca suyo lo niegan. 

Hay problemas en la comunicación y hay problemas en la política. Los ministros Carla Vizzotti y Nicolás Trotta culpan a Santiago Cafiero. El jefe de Gabinete quedó a cargo de la definición de las restricciones para contener la segunda ola porque el Presidente estaba aislado. Cafiero tuvo que hacer la política interna del gabinete y coordinar con Larreta, Kicillof y los gobernadores. Hubo agravios dentro y fuera del Gobierno.

Trotta y Vizzotti defendieron con argumentos técnicos la presencialidad de las clases, apenas unas horas antes que el Presidente anunciara su cierre. ¿Nadie les avisó la decisión que se iba a tomar? ¿O peor aún, fue un impulso de último momento?

El Presidente habló sólo ante las cámaras. En el anterior anuncio de medidas, que no alcanzaron a cumplir una semana, ni siquiera había camarógrafo. "Estas medidas no las consensué, las tomé yo y me hago cargo. Y las van a hacer cumplir las fuerzas federales", dijo este jueves. Aislamiento sanitario que deviene en político. La apelación recurrente a la amenaza de la fuerza, síntoma acaso de un consenso que se desmorona. Pero más interesante: ¿Qué fuerza llevó al Presidente a imponer una decisión tan trascendente? ¿Por qué decidió abandonar la búsqueda de acuerdos?

Axel Kicillof, como reveló en exclusiva LPO hace dos semanas, pretendía nueve días de cuarentena dura. Un regreso directo a Fase 1. Cierre total. Su posición fue ignorada en el primer cierre, que en rigor no cerraba casi nada. Larreta incluso lo "reinterpretó" para dejar todo casi como estaba. Alberto, aislado, no pudo reunirse con los dos polos de la tensión que viene cruzando la pandemia. Su rol de árbitro falló.

Alarmando por la suba de casos y la presión sobre el sistema de salud, Kicillof y el kirchnerismo empezaron a pedir que se revea lo anunciado. Cristina Kirchner evalúa en la intimidad que uno de los pocos activos realmente visibles del Gobierno, es que Argentina no vivió el drama de gente desvaneciéndose en los pasillos de hospitales colapsados.

Un valor a preservar que exige lo obvio: endurecer las restricciones hasta que la curva, que en el AMBA es casi una vertical, empiece a aplanarse. Descomprimir.

Alberto entonces se fue al otro extremo de las posiciones y agregó la sorpresa de cancelar las clases. En el oficialismo sostienen que fue un pedido de los intendentes del Conurbano a Kicillof, que a su vez se lo trasladó al Presidente. Supuestamente alarmados por la "movilidad" que implica llevar a los chicos al colegio. Discutible, pero no hubo discusión pública y al parecer tampoco privada. Otra vez faltó equilibrio. Y fue ese plus inesperado el que embarró un anuncio que no era tan difícil de defender.

Porque excluida la suspensión de clases, la decisión no parece desorbitada. Se acotó la restricción geográfica y temporalmente: Sólo AMBA, sólo de 20 a 6 y sólo por dos semanas. Pero lo que vino después no ayudó.

"Hay que ir a un colegio primario ver el horario de salida de los chicos, ver cómo las madres se agolpan frente a la puerta, ver como de ese modo el contagio puede hacerse más fácil, ver como los chicos juegan entre sí cambiándose los barbijos", afirmó el Presidente, para fundamentar una de las decisiones más difíciles que enfrentan los gobiernos en pandemia.

Era obvio lo que seguía. Larreta vio una oportunidad de reforzar su rol de gobernante moderno y racional. "Nosotros tomamos las decisiones en base a la evidencia, no en base a anécdotas, imágenes o comentarios de situaciones aisladas que uno siempre puede encontrar en una ciudad de tres millones de habitantes como Buenos Aires".

Entonces, ¿por qué el Presidente se expone a un deterioro de su autoridad? ¿No lo cuidan o no se deja ayudar? La confianza del operador político experimentado que resuelve todas las situaciones sobre la marcha, le puede estar jugando una mala pasada. Mr. Wolf es un personaje genial de Tarantino, pero la Argentina -hace rato- está en el límite de la gobernabilidad a fuerza de acumular frustraciones.

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