Loco, esto se puede ir a la mierda, a ver si me entendés...-

POLÍTICA Por Nicolás Wiñazki
Desde Santiago Cafiero para abajo aconsejaron al presidente una línea gradualista, pero finalmente aceptó los consejos de la vicepresidenta y el gobernador bonaerense
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- Loco, esto se puede ir a la mierda, a ver si me entendés...- 

El presidente de la Nación, sin el deber de someterse al protocolo o a la prensa, enojado, voz a voz con sus ministros, habla como habla cualquier porteño cuando la bronca le gana la cabeza y la lengua.

Esa frase, palabras más o menos, incluido el sustantivo extremo usado como adjetivo para describir con lunfardo el horizonte más temido ante un posible desborde del Covid-19, fue el modo que usó Fernández para explicarle a sus funcionarios por qué había anunciado que suspendería por quince días las clases presenciales de alumnos de jardines de infantes, primarias, secundarios y universidades de la Capital Federal y la Provincia de Buenos Aires. Esa acción sorprendió a su propio Gobierno. Era resistida por su equipo.

El Presidente discutió y desoyó los consejos de sus principales secretarios de Estado y ministros, que no estaban de acuerdo con volver a cerrar las escuelas y hasta la universidad como finalmente su jefe lo hizo.

Existía, sí, un plan oficial más "gradualista" y el "shock" se preparaba ante el peor escenario pandemial.

De acuerdo a tres ministros nacionales, dos secretarios de Estado, un gobernador oficialista e intendentes del PJ bonaerense, el Presidente anunció la suspensión de la presencialidad escolar convencido por los argumentos que le repitió varias veces el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, y también por el impulso de la vicepresidenta, Cristina Fernández y de su hijo, el jefe de bloque de los Diputados del Frente de Todos, Máximo Kirchner. Esa coalición dentro de su coalición de gobierno lo presionaba públicamente con medidas duras para frenar al Covid-19.

El miércoles pasado, hubo reuniones frenéticas en la Quinta de Olivos, en las que escuchó a sus funcionarios de mayor confianza discutiéndole con temperamento y firmeza tratándolo de convencer de no imponer un cierre de la escolaridad.

Pesaron más las opiniones de quienes no estaban allí.

Kicillof. Cristina. Máximo

La suspensión de las clases por quince días fue la novedad que sigue teniendo, al menos hasta hoy, el mayor impacto social y político sobre estas medidas de recortes de libertades de circulación.

La Casa Rosada también amplió las restricciones para moverse en la Capital Federal y Buenos Aires en un horario más extenso que el que había ordenado pocos días atrás.

La suspensión de las clases presenciales por quince días fue una medida resistida pero acatada por el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero; la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra; y, sobre todo, por los dos ministros especialistas en esas dos especialidades, la titular de Salud, Carla Vizzotti, y el jefe de Educación, Nicolás Trotta.

Kicillof había presionado públicamente, tanto él, como otros funcionarios de su administración, para aplicar una cuarentena total de catorce días en su Provincia. El principal difusor de esa idea fue su ministro de Salud bonaerense, el anunciador continuo de posibles catástrofes sanitarias Daniel Gollan.

La opinión de lo funcionarios bonaerenses fue la que prevaleció por sobre la de los funcionarios nacionales. Así funciona el sistema de poder del oficialismo.

Las nuevas medidas restrictivas le generaron al Presidente un nuevo enfrentamiento con el opositor con quien tiene mejor sintonía, el jefe porteño, Horacio Rodríguez Larreta. Paradojas: el Gabinete Nacional, respecto a las nuevas medidas anti Covid-19, pareció coincidir más con este líder opositor que con las autoridades aliadas que gobiernan Buenos Aires.

Vizzotti y Trotta, heridos

El Presidente canceló las clases presenciales el miércoles 14, a pesar de que ese mismo día la ministra de Salud Carla Vizzotti había anunciado en una conferencia ante la prensa durante la mañana que la ciudadanía debía tomar recaudos pero defendiendo la continuidad de la escolaridad.

Lo mismo había dicho el ministro de Educación, Trotta, el mismo miércoles 14, en una reunión con sus pares de todas las provincias.

Vizzotti defendió sus argumentos pro escolaridad en Olivos frente al Presidente. Con carácter y debate sostenido. En vano.

Al día siguiente, ratificó su posición pro escolaridad.

Como informa Santiago Fioriti en esta edición de Clarín, el ministro Trotta no pudo hablar el miércoles con el Presidente. La confirmación de la suspensión de clases le fue transmitida por el jefe de Gabinete, Cafiero.

Quien sí habló durante esas horas con Trotta fue el jefe de bloque de los diputados K, Máximo Kirchner, con quien intercambió opiniones sobre este tema crucial. La familia K estaba realmente interesada en influir sobre esa medida.

La ministra de Seguridad, Sabina Frederic, quien estuvo el miércoles en Olivos, empezó el debate defendiendo la continuidad de las clases, pero después de escuchar al Presidente cambió de opinión.

Solo un ejemplo del vértigo que se vivió ese día en el poder.

El Presidente ratificó después la continuidad en sus cargos de Trotta, y Vizzotti.

El escenario es muy complejo. La problemática se ahondó debido a sus propias explicaciones sobre el tema: enojaron a familias con hijos escolarizados; a asociaciones de discapacitados por dichos sobre personas con capacidad diferentes a las que hizo alusión el mandatario; y también de la comunidad médica que interpretó que el Presidente menospreció el trabajo de los trabajadores de la salud.

Las protestas callejeras crecieron con el paso de las horas. En un contexto con problemas de fondo: la falta de provisión de vacunas prometidas y los costos que provocan los llamados "Vacunados VIP", entre promesas rotas y declaraciones contradictorias de funcionarios de la Casa Rosada.

El ministro de Educación, Trotta, mantuvo la idea paradojal, consensuada con el Presidente, de mantener la escolaridad lo máximo posible en las provincias argentinas. Llamó a varios gobernadores, como el riojano, Ricardo Quintela, el catamarqueño, Oscar Jalil, el santafesino, Omar Perotti, y el Entrerriano, Gustavo Bordet, para sugerirle que en sus distritos las clases continúen siendo presenciales.

Más allá de los argumentos polémicos, refutados por especialistas médicos que dio Fernández sobre por qué había decidido cerrar los colegios durante la próxima quincena, esa decisión fue implementada solo para la Capital Federal y la Provincia de Buenos Aires. Fernández igualmente esperaba un mayor apoyo de los mandatarios respecto a su nuevo plan anti contagio descontrolado de Covid-19, "Todos piden medidas pero finalmente nadie las toma por miedo a pagar costos políticos, Bueno, yo asumo ese riesgo", repetía Fernández.

El grupo K que lo convenció de tomar más restricciones lo alertó con informes sobre posibles colapsos en los hospitales bonaerenses.

Las medidas del Presidente generaron una reacción social que era muy temida por el los ministros del Gabinete Nacional.

"Rebelión", la describió el propio Fernández para anunciar que no aceptaría que no se cumpliera lo que dictó en un DNU.

El ministro De Pedro, aunque pensaba que el plan de cerrar los colegios quizás debía esperar al lunes, defendió al Presidente en Twitter. Suele decir que él apoya las decisiones de Fernández tanto en privado como en público.

Lo mismo hicieron la mayor parte de los intendentes bonaerenses.

¿Gobernadores, otras altas autoridades del Gobierno?

El lunes, varios de los funcionarios antes nombrados habían escuchado en una reunión virtual con más de una decena de especialistas de diferentes áreas de la salud que las clases debían continuar, aunque algunos de ellos alertaron sobre los riesgos que se podían correr con una relajación de la comunidad educativa y los jóvenes que volvían a relacionarse en pandemia.

El martes, pasadas las nueve de la noche, otro grupo de funcionarios, de vuelta en la Casa Rosada, en la que participaron otros ministros, como el de Trabajo, Claudio Moroni, el de Turismo, Matías Lammens, la vicejefa de Gabinete, la economista Cecilia Todesca y el poderoso secretario General de la Presidencia, Julio Vitobello, se había decidido, aunque no anunciado, que se ampliaría el horario de restricción a la circulación más allá del horario nocturno. Un día después la suspensión de las clases modificó el panorama.

El mismo miércoles 14, en un acto con fuerte simbolismo, realizado en un sector de Campo de Mayo de la Gendarmería Nacional, el Presidente impulsó un nuevo plan de Seguridad liderado por Frederic para desplegar fuerzas federales en Buenos Aires. Fueron buena parte de los intendentes bonaerenses del PJ. No estuvieron invitados ni Kiciloff ni el nuevo enemigo de la Rosada, Berni.

Habló Fernández y también el jefe comunal de Hurlingham, Juan Zabaleta, y la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, de La Cámpora.

A día siguiente Frederic debía garantizar el nuevo "aislamiento nocturno". Fernández quedó satisfecho.

La pelea con Berni continuará.

Igual que las protestas de familias y alumnos que reclaman que los colegios abran y no cierren.

Anoche las protestas callejeras volvieron a resurgir.

Se suman afectados en otros rubros, como gastronómicos y turismo.

El verdadero dilema para el Gobierno ocurrirá mañana.

Una red de protestas se prepara para la resistencia, en lo que podría describirse como "La Rebelión de los Delantales". Podría profundizarse, agudizarse, y ser más masiva.

"Obediencia", decía el escritor inglés Chesterton, y agregaba: "Menudo trueno".

Nicolás Wiñazki para Clarín

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