Populismo en Fase 3: empresas en retirada

ECONOMÍA Por Guillermo Laborda para El Cronista
En 1990 los economistas Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards escribieron un paper titulado "Populismo Macroeconómico" en el que se refirieron a las políticas aplicadas entonces por muchos países latinoamericanos
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Dornbusch y Edwards describieron cuatro etapas en el "populismo macroeconómico": la Fase 1 incluye un fuerte aumento del gasto público y un incremento del salario real y del empleo; las reservas del banco central bajan; la Fase 2 muestra un aumento de la inflación, con los salarios yendo a la par; hay cuellos de botella y aparecen los controles de precios y de cambios; los subsidios hacen aumentar el rojo fiscal; hay estanflación; la Fase 3 se caracteriza por la escasez de productos, aceleración de la inflación y salidas de capitales; baja más la recaudación y crece el rojo fiscal; en la Fase 4 un nuevo gobierno ortodoxo intenta la estabilización con un programa con el FMI. 

La pandemia se mezcla en el análisis de la economía argentina hoy pero no hay demasiadas alternativas: la Fase 3 es el punto actual en el que se encuentra. Dornbusch y Edwards destacan que "la distribución del ingreso es inaceptablemente desigual". Pero el camino para mejorarla debe ser otro al que proponen.

Ante el fracaso reiterado del "populismo macroeconómico" quienes lo implantan tienden a culpar a factores externos generalmente. Ambos economistas contemplan que ello pueda ser cierto, pero por la extrema vulnerabilidad a la que han llevado la economía que hace que la desestabilización sea posible como resultado de "políticas insostenibles".

En las conclusiones de este trabajo se abre la puerta a una variante de este populismo que pueda llegar a tener éxito, poniendo énfasis en la reactivación en la etapa inicial y luego girar a políticas de crecimiento, financiándose con una política fiscal extremadamente ortodoxa y una administración tributaria rigurosa.

La entrada a la Fase 4, ¿se podrá dar dentro de este gobierno de Alberto Fernández o bien será bajo una nueva administración en el 2023? Lo que está claro es que nada pasará antes de las elecciones legislativas de octubre, o noviembre si son postergadas por la pandemia. El problema es que, quien encare la Fase 4, puede lograr la estabilidad financiera, pero sin políticas de crecimiento ni progreso social puede terminar abriendo las puertas a una nueva ola de "populismo macroeconómico". Es lo que viene sucediendo en la Argentina desde hace décadas.

El mismo Dornbusch acuñó una conocida frase sobre las crisis económicas que también puede ser aplicada a la situación argentina hoy: "En economía, las cosas tardan más en suceder de lo se que cree que sucederán, y luego suceden más rápido de lo que se pensaba". Un tridente peligroso hoy afecta al país: el Covid-19, debilidad política y una economía que desde abril de 2018 viene en retroceso.

El gasto privado entró en "modo pausa". O como se dice en la jerga financiera, en risk off. La caída del salario real continúa con una inflación que sólo se busca combatir con acuerdos de precios y más controles. Españoladas. Nada serio a la vista. La segunda ola del Covid-19 está nuevamente poniendo al consumidor en una postura más conservadora, atento al temor a pérdida del empleo o por prudencia ante lo que pudiera acontecer. La demanda especulativa, aquella que se aprovechaba del bajo precio de los automóviles, la construcción o las heladeras en dólares, se está agotando. No atrae tanto.

Las empresas también están en "modo pausa". Un ícono de las empresas de consumo masivo como Garbarino está a la venta nuevamente. El experimento de Carlos Rosales, protesorero de San Lorenzo, no dio resultados y existen avanzadas gestiones para que sea adquirida por Facundo Prado, accionista controlante de la empresa de TV por cable Supercanal con el apoyo del Fondo Carval, que fue creado en los 80' por Cargill. Hay 4000 puestos de trabajo en juego a la hora de reflotar Garbarino, que incluye Compumundo, Digital Fueguina, Tecnosur, entre otras. La venta de Sodimac se estancó, Danone Argentina sigue en duda y la semana pasada Under Armour activó su salida.

Donde no hay pausa es en la Unión Industrial Argentina, sede de una ampliación de la grieta, pero en versión empresaria. Las elecciones se politizaron en los dos bandos: por un lado, Daniel Funes de Rioja, presidente de la Copal (la Cámara que aglutina a las empresas de alimentación, hoy en guerra abierta con Paula Español, la secretaria de Comercio Interior) y enfrente, el dueño de Sinteplast, Miguel Ángel Rodríguez. Las grandes (Techint incluido), las medianas y algunas Pymes avalan a Funes de Rioja. Rodríguez es impulsado por la mayoría del sector Pyme y el Gobierno obviamente. El actual titular de la UIA, Miguel Acevedo, que posee simpatía con el kirchnerismo, no puede ser reelecto y su mandato vence en mayo.

La Corte Suprema es otro campo de la batalla en los dos bandos de la grieta. Aquí el saldo puede ser un empate 1 a 1. Para el Gobierno el fallo sobre la aplicación del DNU sobre las clases en CABA; para CABA, el fallo sobre los fondos de la Coparticipación que le debe ser restituidos. O al revés. Un dato que pasó desapercibido es el dictamen de mayoría de la comisión bicameral de Inteligencia: recomienda a la cámara de Senadores y a la cámara de Diputados del Congreso "la creación de una Comisión Bicameral que de modo específico examine los vínculos y conductas que un puñado de jueces, fiscales, camaristas y miembros de la Corte desviaron de las normas constitucionales afectando el Estado de Derecho en sus aspectos más esenciales como lo son la vida pública y privada de los ciudadanos, el principio de inocencia, el debido proceso y la defensa en juicio". Otra prueba de que el Poder Judicial es la meta.

Así la llegada de la Fase 4 del "populismo macroeconómico" no está cerca. Más allá de que, además, no sepamos si va a tener éxito y si podrá romper con la repetición de desbordes y ajustes fallidos que caracterizaron a la vida argentina desde hace más de 70 años y volvamos a la Fase 1.

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