La suba del dólar blue: hay un motivo del que nadie prefiere hablar mucho

ACTUALIDAD Por Daniel Fernández Canedo para Clarin
La soja le sigue dando buenas noticias al Banco Central. Crecen las reservas, pero el mercado está mirando hacia fin de año.
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El dólar blue tocó $159 subiendo 11,2% en una semana y despabiló la situación de placidez cambiaria en que venía desde el comienzo del año. 

El movimiento del dólar paralelo agita las aguas a pesar de estar muy por debajo de los $195 del 23 de octubre del año pasado y de que la mayoría de los analistas apuesta a un Banco Central con margen para controlar cualquier posible desborde del mercado.

El precio alto de la soja y del maíz en el mercado internacional, en torno de los US$560 la tonelada la primera, le agregaron unos US$2.000 millones en las últimas semanas al valor de la cosecha de este año.

El Banco Central aumentó las reservas netas en US$1.750 millones entre el 1° de marzo y el 16 de abril, mostrando que los dólares del campo están entrando con fluidez.

Si bien no hay nada escrito, el alto precio de la soja al calor de las mayores compras de China pone a los productores y exportadores en alerta. Sospechan de la tentación del Gobierno a subir las retenciones y más en tiempos de pandemia y a punto de decidir restricciones a la circulación que afectarían la actividad económica.

Una de las preguntas a formularse es por qué se habrá despertado el blue si el ingreso de dólares de los exportadores es fluido y el Banco Central vive el trimestre de oro en materia de liquidación de divisas.

La decisión de los fondos de inversión Templeton y Pimco de vender bonos argentinos por más de US$600 millones y comprar las divisas para depositarlas en el exterior movió al mercado.

La salida de jugadores grandes siempre lleva a pensar que saben algo que el resto desconoce y enciende las luces de alerta.

La idea de que el Gobierno no llegará a un acuerdo sólido con el Fondo Monetario Internacional en los tres años que le quedan de mandato encuentra pocos argumentos oficiales para refutarla.

Dentro y fuera del Gobierno se acepta, también, que los US$9.000/10.000 millones de ingresos adicionales de la presente campaña agrícola tendrán como destino principal consolidar el cepo cambiario más que aflojarlo.

Tener quieto al dólar es un activo importante en el intento de estabilizar algo los precios y más aún cuando crece la idea de que el principal objetivo del oficialismo es ganar las elecciones de fin de año.

El Gobierno tomó nota de la preocupación de la gente por la inflación. El 4,8% de aumento del costo de vida en marzo fue un golpe en las expectativas de las familias que ahora vuelven al enfrentar el fantasma de restricciones para salir a trabajar.

Ese salto de la inflación ya había llevado a Martín Guzmán a anunciar que atrasará el precio del dólar en el intento de atenuar la suba de los alimentos, pero el camino recorrido por los índices del INDEC dio por tierra con el objetivo oficial de que este año los salarios le podrían ganar a la inflación.

El esquema original del Gobierno era una inflación de 29%, con el dólar subiendo 24% hasta diciembre y con una suba de 30% en los salarios apuntando a alguna recuperación del consumo.

Un problema es que la meta del 29% de aumento del costo de vida incluida en el Presupuesto Nacional naufraga a poco de zarpar (la inflación del primer cuatrimestre ya rondaría 16%) y la posibilidad de un aumento real de los ingresos de la población está en una situación endeble.

En la Argentina la masa salarial está determinada por unos 30 millones de personas que reciben ingresos. En ella, 19 millones están ocupados (empleados formales, informales, monotributistas, etc.) y hay 11 millones de personas entre jubilados, pensionados y beneficiarios de planes sociales.

El aumento para los jubilados de 8,07% para mayo, junio y julio corre de atrás a la inflación, que ya fue 13% en el primer trimestre, y por eso el Gobierno dio un bono de $1.500 para quienes reciben la mínima.

Sin ese bono, que cobrarían en abril y mayo, habría unos 3,5 millones de jubilados, que son los de los haberes más altos, que perderían frente a la suba del costo de vida, con lo cual difícilmente puedan contribuir a mejorar el consumo.

Las paritarias, por su parte, redondean aumentos de 30% (Comercio cerró en 32%), frente a los pronósticos de inflación de los economistas superiores al 40%.

Por ese lado tampoco parece que la demanda pueda "tirar" mucho y más aún frente al panorama que presenta la pandemia, que llevaría a las familias a extremar la prudencia en los gastos.

La cara financiera de esa realidad es que parte del ahorro se vuelca o bonos o depósitos indexados por UVA (inflación minorista) en el intento de proteger a los pesos de la inflación.

Y que parte de los ingresos de la soja van al dólar blue en el entendimiento de que la estabilización financiera tiene para el Gobierno un sentido electoral y, por tanto, una porción de los dólares que entran por las exportaciones se van por la desconfianza. Y nadie quiere hablar mucho de eso.

Por último y para mirar para otro lado, el Banco Central que ya acumula muchos pesos por la colocación de letras de liquidez en los bancos (antes las Leliqs eran cuestionadas), se ve obligado a mantener baja la tasa para evitar el desembolso de otra montaña de pesos por los intereses.

 Con inflación alta, un esquema de tasa de interés para los depósitos en pesos  baja y promesa de atraso cambiario, siempre se enfrentan problemas de estabilidad. Y el blue suele ser un llamado de atención.

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