Ideas que no se piensan

OPINIÓN Por Andrés Abramowski*
Un vehículo que persigue justicia a gran velocidad puede matar a cualquier vecino que pasea al perro
multimedia.normal.9c40aad0b923253e.726f736172696f5f6d6f746f63686f72726f735f63686f7175655f6e6f726d616

La discusión política en la Argentina se juega hoy en un campo donde la disputa pasa por bancar los trapos. A caballo del marketing político, y a tono con las comunidades de consumidores armadas por afinidades, gustos y creencias en redes sociales, esta lógica discursiva de hinchadas genera su propia mitología de pertenencias y así se consolidan modelos de ideas que reciclan eslóganes publicitarios con viejas posturas de clase en un contexto de emociones desbordadas.
Muchas ideas-bandera que no surgen de intercambiar posiciones con fundamentos sino de confrontar sentimientos están mal enfocadas. Un ejemplo es “la puerta giratoria”, un lugar común incomprobable mediante el cual muchos presumen de saber cómo funciona la Justicia en el país. Otra sostiene que los delincuentes tienen derechos y las víctimas no, cuando en realidad los derechos son de todos los ciudadanos, desde el rico y poderoso evasor hasta el pobre que pasa la vida preso por analfabeto. Eso no quita que falten aún más leyes que aporten a las víctimas mayor contención que el hecho de conformarse con la eventual pena al victimario.
Ese híbrido discursivo de eslógan y emociones que avanza como modo de hacer política recicla por estos días una versión de la llamada justicia por mano propia, que pretende legitimar el acto de matar a otra persona. Para ello apela a interpretaciones erróneas de la realidad.

Claro que el caso del joven asaltado que subió a su camioneta, persiguió y arrolló por atrás la moto de los ladrones y los mató no puede leerse como un doble homicidio más. Es una tragedia que troca víctimas y victimarios con toda la perversidad carcelaria que impera hoy en las calles rosarinas. Es típico que ante una tragedia así se pretendan respuestas en esa misma línea. Es claro que el caso deberá analizarse en toda su gama de evidencias, atenuantes y agravantes. De hecho el viernes el conductor fue liberado porque el fiscal entiende que la evidencia del caso está asegurada y que la carátula puede ser más benévola. Pero la idea de que alguien que pasó un mal trago puede condenar a los delincuentes es errónea y jodida para la vida en comunidad.

Un vehículo que persigue justicia a gran velocidad puede matar a cualquier vecino que pasea al perro. Basta con pensar que las calles de Rosario ya están bastante regidas por la violencia mafiosa. ¿No sería demasiado sumar la posibilidad de salir a matar ladrones con el auto? Una idea equivocada puede generar macanas.

Las leyes que tantos demonizan sin conocer son diseñadas y discutidas por legisladores votados para establecer las reglas que rigen las relaciones sociales, las posibilidades y los límites. No siempre se aplican con justicia, por ejemplo la prisión preventiva, una excepción que fiscales suelen convertir en regla con el aval de los jueces.

Pero toda mejora de las leyes tiene que ser democrática y en base al Estado de Derecho, que es para todos. Tal vez sea momento de volver a pensar qué implica mejorar la sociedad democráticamente. De qué se trata lo colectivo, cuál es el límite del interés personal y el bien común, y por qué razón los ciudadanos suelen ignorar sus propios derechos. Pensar de qué se trata la política más allá de los columnistas y panelistas de Indiscreciones. Preguntas que seguro se estarán haciendo los dirigentes políticos ante el notorio divorcio que afrontan con gran parte de la sociedad que prefiere votar en masa a una figura mediática que vive en Buenos Aires.

Porque esa mitificación de la realidad basada en el eslógan y las emociones, que pone en circulación ideas basadas en interpretaciones erróneas, tampoco debería tapar el bosque de un clamor legítimo. Ningún pibe nace asesino de ladrones. Hay una ciudad violenta e injusta que se siente abandonada por un Estado que no puede hacer lo que debe y que mientras tanto hace tiempo tratando a los vecinos como clientes que siempre tienen razón y para quienes no tiene más que promesas.

*Para La Capital

Te puede interesar