Larreta mira a Ayuso, Alberto le reza a Biden

POLÍTICA Por Fernando González para Clarin
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En esta semana, cuando se cumplen doscientos años de la muerte de Napoleón, hay quienes recuerdan algunas de sus muchas frases célebres. “Si tu enemigo se está equivocando, no lo distraigas”, fue la preferida de los dirigentes opositores el 1º de mayo. La repitieron como un karma mientras veían las filas kilométricas de autos en la Panamericana porque, con la excusa de tomarles la temperatura, el gobernador Axel Kicillof había decidido bloquear la autopista para incordiar a quienes iban hacia el Gran Buenos Aires aprovechando el sábado de sol. 

Era la respuesta adolescente del Gobernador, después de que quedara en evidencia la diferencia a uno y otro lado de la General Paz. En la Ciudad siguen las clases presenciales y en el conurbano bonaerense se interrumpieron, sin argumentos científicos y exponiendo a los chicos más pobres de la Argentina a quedarse sin educación y sin el desayuno y el plato de comida que, en muchos casos, solo es posible en la escuela. Es la curva contradictoria que desciende de la trampa ideológica a la hipocresía.

Como muchos otros dirigentes argentinos, Horacio Rodríguez Larreta ha puesto la mirada en la impactante victoria de Isabel Díaz Ayuso para mantenerse en la presidencia de la Comunidad de Madrid. La candidata del Partido Popular se cargó el último domingo al Socialismo de Pedro Sánchez y al cuasi chavismo de Pablo Iglesias con una campaña simple, que puso el acento en el uso responsable de las libertades y la defensa de la presencialidad en las escuelas. Poca ideología y mucho foco en la gestión.

Ni Madrid es Buenos Aires, ni España es la Argentina, pero el resultado de los comicios madrileños emitió una señal incontrastable de cómo procesan los electorados urbanos estos tiempos de pandemia. Rodríguez Larreta, como María Eugenia Vidal, Patricia Bullrich, Martín Lousteau e incluso Mauricio Macri, observan con interés estos movimientos sociales. Pero es el Jefe de Gobierno porteño quien intenta salir por unos días del conflicto con el Frente de Todos. Y así capitalizar lo conseguido luego del fallo de la Corte Suprema, que le permite mantener a la mayoría de los alumnos en sus pupitres.

Sobre todo, porque siguiendo los consejos de Napoleón de hace dos siglos, el adversario está concentrado en una batalla interna creciente y desgastante. Luego de haber puesto en primer plano la debilidad del ministro de Economía, Martín Guzmán, al impedirle sacar a un simple subsecretario de Estado, Cristina Kirchner volvió a sacudirlo en el Senado. A través de su correveidile, Oscar Parrilli, aprobó un proyecto para definir el destino de los US$ 4.300 millones que el FMI tiene que girarle a la Argentina como socio accionista del organismo.

La estrategia de Guzmán era utilizarlo como parte de la negociación del acuerdo con el FMI, y usar ese dinero para afrontar vencimientos pendientes con la entidad. Claro que la Vicepresidenta tiene otras ideas. No quiere acordar nada antes de las elecciones y pretende utilizar los fondos para cambiar el panorama de recesión, pobreza y desempleo que domina la economía en plena pandemia. En el Instituto Patria no hay piedad para el ministro. “Si no está de acuerdo, que se encierre en su despacho y nos deje trabajar tranquilos”, explican. Son días de incertidumbre para el Gobierno y para el otrora empoderado Guzmán.

La política suele recorrer caminos extraños. Mientras se muestra hostil con el FMI, Cristina escribe 27 tuits para elogiar a Joe Biden y jugar con la ficción de un presidente de EE.UU. en sintonía peronista. Y Alberto se lleva a Guzmán a su gira por Europa, para sacarlo unos días del fuego kirchnerista e intentar que las oraciones del Papa Francisco lo mantengan a salvo en el ministerio de Economía.

El Presidente también le reza a Biden, pero para ver si las vacunas de Pfizer, Moderna o de Johnson & Johnson lo sacan del atolladero en el que se metió por una apuesta fallida. La de confiarle la solución del coronavirus al laberinto temible de los negocios y de la ideología. 

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