El drama sin fin: cómo viven los jubilados que cobran la mínima

ECONOMÍA Por Mariano Boettner
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El haber base tendrá un aumento de 12,1% desde junio, a $23.064. Para la Defensoría de la Tercera Edad, el 80% de quienes percibirán ese haber no podrán cubrir sus necesidades básicas 
Cristina Curcio recibió este mes los poco más de $20.500 de su jubilación mínima e hizo lo que todos los meses: destinar $19.000 para cumplir con el alquiler de su monoambiente de Flores. Podría pagar incluso más si no fuera porque se mudó hace cuatro meses desde el departamento dos ambientes en que vivía. Solamente con el gasto de vivienda Cristina, que tiene 68 años y se jubiló hace seis años con una moratoria, consumió prácticamente todo su haber. 

De ahí que cada mes acude a la ayuda económica de sus tres hijas -dos docentes, una empleada bancaria- para afrontar todos los gastos que le quedan. “Una de ellas me paga las expensas que son $7.000 y entre las otras dos me ayudan con $10.000. Con eso me tiene que alcanzar para todo el mes”, dice en diálogo con Infobae.

Antes de la pandemia complementaba su ingreso por la jubilación trabajando como cuidadora de chicos, entre otros trabajos que tuvo en los últimos años, desde preparar comidas, mostrar casas y departamentos para una inmobiliaria amiga o como receptora y telefonista en una remisería. Desde que comenzó la crisis sanitaria ya no cuenta con ese “puchito”.

Si bien tiene los remedios cubiertos al 100% por el PAMI por cobrar la mínima, Cristina asegura que lo que más sufre en su día a día es el precio de los alimentos: “La inflación ganó por afano. Yo me cocino todo, hasta el pan y los postres, pero cuando veo lo que gastaba antes para comer y lo que gasto ahora, es muy difícil. Todo ese gasto fijo se fue muy para arriba”, dice.

En la Argentina más de 3,3 millones de jubilados cobran el haber mínimo, que actualmente es de $20.571 y que tendrá un incremento de 12,12% desde junio. Así, el piso de ingresos para los trabajadores retirados será de 23.064,70 pesos.

La situación es particularmente desfavorable para las mujeres jubiladas. Mientras poco más de 960.000 hombres cobran una jubilación igual o menor a la mínima, lo hacen 2,4 millones de mujeres, de acuerdo a datos de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC). Incluso son las que más necesitan una moratoria para poder ingresar en el sistema jubilatorio.

Según la OPC, de todas las jubilaciones que forman parte del régimen general (es decir, sin contar regímenes particulares como el de los docentes, investigadores o el del Poder Judicial), el 55% estuvo mediados por una moratoria. Y en ese sentido, de las 3,4 millones de moratorias que otorgó el Estado, el 73%, es decir unas 2,5 millones correspondieron a mujeres y los 819.000 restantes, a hombres.

Brecha de ingresos

Pero en términos generales, los ingresos de las jubiladas también son mucho menores a las de los hombres. Siempre según datos de la OPC, el ingreso promedio para los hombres jubilados era hacia junio de 2020 de $30.505 contra $21.258 para las mujeres, tomando en cuenta todos los regímenes jubilatorios, lo que implica casi 45% de diferencia.

El caso de Cristina es uno de los muchos en que los jubilados necesitan complementar su haber jubilatorio con otro tipo de ingresos: de acuerdo a datos de ANSeS, 145.000 mujeres y 146.000 hombres en edad teórica de jubilación siguen aportando el sistema por tener un empleo registrado.

Un nuevo piso jubilatorio

Hugo Ortiz trabajó 18 años en Aerolíneas Argentinas como empleado de rampa para carga y descarga de equipaje. Lo echaron durante la privatización de la compañía. Tenía 45 y, asegura, tuvo que “aprender a trabajar otra vez”. Desde ese momento tuvo distintos trabajos, fue empleado en una empresa de mantenimiento de edificios hasta abril del año pasado. “Con la pandemia se borraron y no me pagaron más”, asegura. De todas formas, ya era jubilado con la mínima.

Vive en su casa con su mujer, que también cobra la mínima y actualmente sufre una discapacidad: tuvo un ACV que, como secuela, le dejó la mitad de su cuerpo incapacitado. Hasta la crisis sanitaria un kinesiólogo iba dos veces por semana a domicilio para ayudarla con la rehabilitación, pero “con la pandemia se complicó”.

Según cuenta, el único remedio que necesita mes a mes es una pastilla para la presión, para la que no paga nada por la cobertura del Estado, pero su mujer “necesita muchos medicamentos”, que por una obra social termina pagando, como mucho, el 10% de su valor. “Por el aumento desmedido de los remedios, si no estuviera cubierto tendría un gasto de 12 mil o 13 mil pesos”, dice Hugo.

Consultado por Infobae sobre cuál es el gasto que más le pesa en el bolsillo, responde sin dudar: los alimentos. “Alquiler por suerte no pago y de luz y gas nuestro gasto no es grande, vivimos en un departamento chico. Se dispararon otros costos como Internet o el cable. La dificultad es el consumo de alimentos, mis hijos me han tirado un hueso más de una vez. Pasan por el supermercado y me traen algo, aunque yo les diga que no necesito nada”, cierra.

El 12,12% de incremento se debe a que el Ripte subió 13,7% en el primer trimestre del año, mientras que los recursos por beneficiario de la ANSeS lo hicieron 10,6% y frente a 13% de inflación. En los primeros seis meses del año el reajuste de jubilaciones superará por poco el 21%, sumando el 8,07% de marzo.

De esta manera, con los valores actuales y el incremento oficializado por ANSeS, la jubilación mínima pasará a $23.064 y la Asignación Universal por Hijo comenzará a ser $4.504 por beneficiario. Este aumento también impacta en otras Asignaciones Familiares, como la de embarazo, prenatal, nacimiento, adopción y matrimonio.

En los primeros seis meses del año el reajuste de jubilaciones superará por poco el 21%, sumando el 8,07% de marzo y el 12,12% de junio

Según ANSeS, “tanto el aumento del primer trimestre del 8,07% como el actual del 12,12% se encuentran por encima de los aumentos que hubiese otorgado la reemplazada ley del gobierno anterior (7,18% y 10,33%, respectivamente)”, apuntaron.

Para el abogado Christian D’Alessandro, actualmente “vivir con el haber mínimo es vivir bajo la línea de indigencia. Hay una brecha muy grande entre el haber mínimo y medio respecto a la canasta básica que necesitan. Siete de cada diez adultos mayores están bajo la línea de pobreza, es una pobreza estructural que vivimos desde hace mucho tiempo”, comentó.

“Esto no se soluciona con parches. La política de seguridad social se tiene que sostener de tres maneras: un aumento genuino de aportes y contribuciones, un incremento del trabajo formal y que el Fondo de Garantía de Sustentabilidad del ANSeS, que es un fondo billonario se transforme en un banco de desarrollo productivo”, consideró D’Alessandro.

La canasta básica y la pobreza entre los adultos mayores

Susana Sassano tiene 77 años y se jubiló hace 15 a través de una moratoria de amas de casa. “Todos los trabajos que tuve fueron en negro. Y hacía lo mismo que hago ahora: vender”, cuenta. En su caso, trata de vender perfumes y cremas a personas amigas y conocidas, porque por la pandemia tampoco puede salir a la calle a ofrecer sus productos. “Se vende poco, pero lo necesito todos los meses para cubrir mis gastos y no andar pidiendo a nadie” dice Susana.

Vive en la Ciudad de Buenos Aires y tiene dos hijos que viven lejos: su hijo en Cartagena, Colombia y una hija en Villa Gessell. Esa particularidad la obliga a afrontar todos los meses un gasto muy pesado. “Necesito tener cable, internet y celular. Me llaman por teléfono todos los días para saber cómo estoy, ya sea por Whatsapp o por mail. Tengo que tener internet y para mí es un gasto bastante importante. Son medios importantísimos, porque si no me desconecto de ellos y eso nos trae problemas. Tenemos que estar comunicados siempre”, comenta.

 

 

Al igual que los otros casos citados en esta nota, el precio de la comida aparece como una de las preocupaciones más claras, e incluso Susana le propone al Gobierno una medida: “A mí lo que me interesaría es que se ocuparan de dar una Tarjeta Alimentar, porque si uno tiene salvado los remedios, también sería bueno tenerlo medianamente para comprar comida”.

Susana es separada pero viuda desde diciembre pasado. Su pasatiempo, dice, es “crear relaciones”: formó una asociación de jubilados llamado Juventud Acumulada, hace un taller de teatro por Zoom y otro con ejercicios cognitivos para mantener la mente activa. Esos círculos sociales, asegura, le sirven tanto como para relacionarse como para tratar de hacer contactos para poder vender algunos de sus perfumes y cremas. “Es como me dice mi hija: siempre te reciclás”, concluye.

Los últimos datos oficiales del Indec muestran que la pobreza en la Argentina ascendió, como consecuencia de la pandemia, al 42% de los habitantes. Entre los jubilados, es decir para la población mayor de 65 años según las categorías etarias que considera el organismo estadístico, la pobreza afecta al 11,9%, algo que es disputado, por ejemplo, por la Defensoría de la Tercera Edad, que encabeza Eugenio Semino.

Ese organismo hace semestralmente una medición de precios apuntada especialmente para el consumo de la canasta de los jubilados. “En abril ascendió a $60.364. Los rubros que se consideran son alimentos, productos de higiene y limpieza, medicación e insumos de farmacia, impuestos y servicios, transporte, vestimenta, gastos de vivienda y recreación”, publicó recientemente la Defensoría.

“Este monto continúa denotando un desfase con los haberes mínimos que reciben alrededor de 4.500.000 jubilados y pensionados. Vivenciamos que hay más de un 80% de mayores sin poder cubrir sus Necesidades Básicas. Inclusive, en aquellos casos en los cuales se perciben dos haberes (jubilación y pensión) estarían sólo aproximándose a los valores de esta canasta. Seguimos reclamando que las jubilaciones y pensiones mínimas sean, por lo menos, acordes a la Canasta Básica del Jubilado”, opinó Semino.

Mariano Boettner para Infobae

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