La política económica, ¿con o sin el FMI?

ECONOMÍA Por Jorge Vasconcelos para La Voz
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Con el plus de recaudación de casi 3 mil millones de dólares aportado este año por las retenciones, originado en el boom de las commodities, junto con el esfuerzo de moderación fiscal de los últimos cuatro meses, el Gobierno nacional podría en este momento estar logrando, con el aval del Fondo Monetario Internacional (FMI), un plan de pagos frente al vencimiento del 31 de mayo con el Club de París. 

Los tiempos se precipitaron, por lo que, en lugar de esa refinanciación, al menos se estaría consiguiendo un “período de espera”, posiblemente de dos meses, condicionado a la obtención de avances concretos en la negociación con el FMI.

Pagar de contado los 2.400 millones de dólares al Club de París habría consumido 80 por ciento de las reservas líquidas del Banco Central de la República Argentina (BCRA), por lo que no era una opción.

Ahora bien, para esta táctica de “comprar tiempo” frente a los acreedores, el Gobierno debería haber reforzado la credibilidad del ministro de Economía, en lugar de dañarla tras la insubordinación de un subsecretario. Un episodio que se inscribe en la lógica de un sector del oficialismo que podría estar tentado de “malvinizar” el proceso en alguna instancia, dadas las urgencias electorales por presuntas encuestas desfavorables.

Esto es lo que hace difícil entrever la reacción del Gobierno en caso de que las concesiones que intenta lograr no puedan materializarse.

Las reservas líquidas del BCRA han alcanzado los 2.900 millones de dólares a principios de mayo, y este guarismo podría duplicarse en tres a cuatro meses.

FONDOS FRESCOS

Pero este fenómeno no se explica sólo por la mejora de los precios de las commodities, que ha incrementado en 4.700 millones de dólares la liquidación de agrodólares en el primer cuatrimestre. Para esta dinámica del mercado cambiario ha sido clave también la política fiscal y monetaria del último período.

Entre enero y abril, la emisión monetaria por motivo fiscal promedió los 33 mil millones de pesos por mes, cuando en 2020 los giros del BCRA al Tesoro habían sido de casi 170 mil millones de pesos, promedio mensual.

Es evidente que el elevado precio internacional de la soja y demás productos no alcanza si el resto de las variables no acompañan. Lo ocurrido en el primer cuatrimestre no puede ser extrapolado.

Por ejemplo, entre julio y agosto el Tesoro enfrenta vencimientos de deuda en pesos por 900 mil millones, pero las condiciones para un rollover rutinario dependen del estado de las negociaciones con el FMI y el Club de París.

De igual modo puede analizarse la convergencia o no de la inflación a la “tablita cambiaria” en el tercer trimestre, y la posibilidad de que el nivel de actividad pueda recobrar dinamismo luego del presumible bache de este segundo trimestre (en las mediciones desestacionalizadas).

Esto porque no parece haber un plan B razonable para la economía si se ingresara en un cono de sombra en la relación con el Club de París y el FMI.

El sector público nacional registró en 2020 un déficit primario de 6,5 por ciento del producto interno bruto (PIB), financiado con emisión monetaria. ¿Es demasiado el ajuste que tendría que hacerse en 2021 para mantener a flote las relaciones con los organismos internacionales? Es posible que con una corrección del déficit de tres puntos del PIB sería suficiente. Bajo las nuevas condiciones de la economía, ese ajuste no sólo no afectaría el nivel de actividad, sino que ayudaría a sostenerlo.

 

Hay que tener en cuenta que la recaudación por retenciones está pasando de 5.500 millones de dólares de 2020 a un estimado de 8,5 mil millones para 2021, de la mano de la suba del precio de las commodities. A este plus de tres mil millones de dólares hay que sumarle los 2.300 millones de dólares que aportaría el impuesto a las grandes fortunas, lo que implica un refuerzo de recursos de 1,3 puntos del PIB.

Si se agrega el recorte en las partidas de jubilaciones, estimado en 1,0 punto del PIB en 2021, contra el 2020, y la posibilidad de contabilizar como ingresos los 4.300 millones de dólares (1,1 puntos del PIB) que le tocan a la Argentina por la emisión de DEG (la moneda del FMI), se tiene que el déficit primario podría pasar de 6,5 a 3,1 puntos del PIB de 2020 a 2021; una trayectoria que, sin dudas, facilitaría las negociaciones con el FMI.

Cierto es que la segunda ola de la pandemia está demandando más erogaciones, pero el “gasto Covid” alcanzó en 2020 el equivalente a 3,5 por ciento del PIB, por lo que incluso en este segmento podrían lograrse ahorros.

LAS DUDAS DE SIEMPRE

Lo que hace difícil cuadrar los números es el año electoral, y posiblemente también proyectos que van más allá de 2021. En lo inmediato, el Gobierno apunta a recortar el Impuesto a las Ganancias de personas y a aumentar en forma significativa los subsidios a las tarifas de gas, electricidad y transporte del área metropolitana; también juega la ampliación de la Tarjeta Alimentaria y seguramente otras medidas en gestación. Es que las dificultades para redactar la “carta de intención” por elevar al FMI no son de índole técnica, sino estrictamente políticas.

Es cierto que las presiones cambiarias han cedido, pero esto no debería hacer perder la perspectiva. Correctamente medido, el desempleo se ubica en torno al 15 por ciento, mientras que el 48 por ciento de la Población Económicamente Activa enfrenta dificultades de inserción laboral, computando la informalidad.

El 2021 es un año bisagra que tendría que servir para construir los cimientos sobre los que debería descansar el crecimiento sostenido y aprovechar con visión de largo plazo la mejora de los términos de intercambio. El riesgo está en que, por el contrario, se terminen acentuando los desequilibrios macro, que habrán de pasar factura más temprano que tarde.

Tan preocupante como la inflación instalada en el cuatro por ciento mensual es la brecha, que se amplía mes a mes, entre los precios libres y los regulados, acumulando inflación reprimida.

De igual modo, frente a la modesta recuperación de las reservas líquidas, del otro lado el BCRA enfrenta pasivos remunerados (Leliq más pases) que no dejan de engordar: alcanzan el equivalente a 37.400 millones de dólares.

Luego de haber entrado en estanflación en 2012, la economía argentina desembocó en un período más crítico desde fin de 2017; en este segundo trimestre de 2021, el PIB todavía está 10,3 por ciento por debajo del nivel de tres años y medio atrás.

Lamentablemente, la referencia empieza a ser la crisis que tuvo epicentro en 2001/02, con una depresión del nivel de actividad que duró nada menos que seis años y medio, hasta que el PIB del primer trimestre de 2005 alcanzó el umbral del segundo trimestre de 1998.

¿Estamos a tiempo de evitar que la actual crisis sea tan prolongada como aquella? No será sobre la base de cepos, distorsiones y ruptura de contratos con organismos internacionales que esto pueda lograrse.

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