Se radicaliza el Gobierno para enfrentar la crisis

ECONOMÍA Por Guillermo Kohan para El Cronista
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Se profundiza el estatismo y la intervención en la actividad económica según el modelo que propone el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof: extremar los controles de precios, congelar dólar oficial y tarifas, y repartir la mayor cantidad de subsidios para tratar de ganar las elecciones. Redoblar la apuesta en la confrontación con el sector agropecuario y las empresas productoras de alimentos y bienes de consumo masivo. Colocar en el sector privado todo el ataque por la suba generalizada de los precios, de modo de no asumir la responsabilidad del Gobierno en el proceso inflacionario. 

En recientes apariciones en medios internacionales, el Presidente ha dicho que cuidar el equilibrio fiscal es una obsesión de los 90', y que todo eso habría quedado atrás en un mundo arrasado por la pandemia, donde los Estados deben intervenir cada vez más en defensa, supuestamente, de los más carenciados. Muy distinto al Alberto Fernández que se presentaba siempre como el mejor discípulo de Néstor a la hora de cuidar la caja.

Para la economía, la radicalización política y sanitaria del Gobierno no hace otra cosa que traer malas noticias. Sin vacunas suficientes, otra vez hay que caer este año en las cuarentenas extremas. Se había insistido en que no se recorrería ese camino, sencillamente porque el país está arrasado en su economía y ni el Estado ni el sector privado tienen resto para resistir otro invierno con todo cerrado. Parte de la aceleración inflacionaria obedece a las expectativas económicas que se derrumbaron con la imposición de las nuevas cuarentenas, ahora se prometen intermitentes como para no reconocer que serán por muchas semanas y meses otra vez.

Pese a las evidentes dificultades y deficiencias en el plan de vacunación, se siguen privilegiando los contratos para conseguir vacunas provenientes de China o de Rusia en lugar de asegurar urgente para el país las vacunas de primera calidad, probadas a nivel mundial, que son las que fabrican los laboratorios de los Estados Unidos. En lugar de correr urgente a buscar esas dosis, el gobierno de Fernández envía una misión a La Habana para respaldar el plan de la promesa de una vacuna cubana "soberana" contra el coronavirus. "Quién diría que nos iba a salvar Rusia y China", decía Cristina a la militancia el año pasado para profundizar el resentimiento contra el país del norte. Como si acordar con Estados Unidos fuera más grave que soportar la tragedia sanitaria vigente.

Pero también en política exterior el alumno se muestra dispuesto a superar a sus maestros. Defiende al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela y se desentiende de las denuncias sobre gravísimas violaciones a los derechos humanos en Venezuela. Cuestiona a Israel sin condenar a la vez al terrorismo de Hamas que controla la Franja de Gaza. Al hablar en la CNN, Alberto dijo que comprende la situación de Israel, pero también en la lucha contra el terrorismo hay que actuar con cuidado según la propia experiencia argentina. Es decir que Fernández comparó al sistema de Defensa del Estado de Israel con la "guerra sucia" desplegada por los militares argentinos en los 70' para luchar contra el terrorismo. Nunca Cristina ni mucho menos Néstor se había animado a tanto.

Mientras tanto, en medio de la tragedia sanitaria que se agrava por la falta de vacunas, el país sigue sin la disponibilidad de las dosis de Pfizer, Moderna y J&J. Un fanatismo ideológico inexplicable e inaceptable a esta altura de los acontecimientos.

Sigue siendo curioso que el Gobierno se radicalice en el año electoral. Nunca había ocurrido en el kirchnerismo semejante fenómeno. La estrategia siempre fue la contraria, abuenarse antes de los comicios. Tratar de perder lo menos posible el voto de la clase media. El súmmum de tal comportamiento fue la máscara del Alberto moderado en 2019 para ganar las elecciones con el voto independiente, desencantado y agobiado por el fracaso económico de la administración Macri.

Ahora la propuesta luce riesgosa, pero audaz. Como si se estuviera reclamando el voto para profundizar el modelo, para lograr las mayorías parlamentarias que permitan el vamos por todo. Y que a la vez facilite la cada vez mayor intervención estatal para el inexorable ajuste económico que llegará después de los comicios.

La obsesión con el control de cambios por la falta de dólares en la economía se profundiza y agrava semana a semana. El tsunami de pesos por la emisión récord del año pasado y nadie sabe cuánto este año hace su trabajo en la inflación y la brecha cambiaria que va creciendo. Cada vez los argentinos queremos más dólares y menos pesos. El problema de la "economía bimonetaria" del que siempre habla Cristina y que, según ella, debe resolverse con un acuerdo político, ya que si no se logra el país se torna "ingobernable".

En las últimas horas, un moderado del equipo económico del Gobierno, Matías Kulfas, un hombre de Alberto incursionó en esos terrenos. Al hablar sobre maniobras en el comercio exterior producto del control de cambios, el ministro de la producción dijo que hay exportadores que "se roban los dólares". Se refería a estas maniobras, no a los productores ni a los que exportan por derecha, según lo aclaró personalmente el funcionario a este periodista.

Pero el debate sobre quién le roba los dólares a quien en la Argentina está cada vez más vigente. Porque si hay alguien que roba dólares a los exportadores, ese es el Estado Argentino que a través del control de cambios le obliga a los que exportan a malvender los dólares que reciben por su trabajo al precio del mercado oficial, 50% menos del valor real. El Estado se queda con los dólares que generan las personas y las empresas, y entrega pesos a cambio. Además, castiga con retenciones al que exporta, robándole unos cuantos dólares en cada operación.

También es importante pivotear sobre la reflexión del amigo Kulfas, porque retrotrae el debate sobre quién es o debe ser el propietario de los dólares en la Argentina. Según Axel y Cristina, los dólares deben ser del Estado ¿Si alguien se los robó, tienen acaso algún plan para recuperarlos? Los que tienen dólares ahorrados, o los que huyen del peso para evitar la estafa del Estado con la inflación, ¿también serán acusados de ladrones? ¿El Estado radicalizado después de las elecciones, piensa recuperar los "dólares robados" por las buenas o por las malas? El debate sobre si se sincera la devaluación o se extreman los controles a la economía está en el centro de esta discusión tan apasionante sobre la propiedad privada.

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