La inversión por habitante en 2020 fue menor a la de 1975, con el “Rodrigazo”

ECONOMÍA Por Roberto Cachanosky para Infobae
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Tal vez en los últimos 50 años la economía argentina entró en la decadencia más acelerada. Antes del “rodrigazo de 1975”, que disparó la tasa de inflación al rango de 3 dígitos porcentuales al año, hubo crisis económicas, pero tal vez desde ese momento marcó el punto a partir del cual se aceleró la decadencia argentina y entramos en un proceso en el cual la inflación se aceleró a tres dígitos anuales, alcanzando la hiperinflación en 1989, con lo cual se perdió por completo la capacidad de tener una moneda, entre otras cosas. 

Los procesos históricos no tienen cortes categóricos, por eso son procesos y se hace difícil establecer un año a partir del cual la Argentina entra en esta larga decadencia. Algunos pueden argumentar que tuvo su origen con el primer gobierno de Juan Domingo Perón que Argentina entró en el desabarranque definitivo. Sin embargo, para explicar por qué apareció el populismo hay que retroceder aún más en el tiempo.

Se puede decir que en la década del 30 comienza la decadencia económica argentina y con Perón se acentúa, pero el mundo cometía locuras económicas en esos años a raíz de la crisis del 29. Y para explicar la aparición de esa ideología nacionalista en la década del 30 hay que mirar el mundo y hasta tal vez algo más atrás la educación argentina.

Pero sí se pueden establecer ciertos puntos de comparación históricos -debatibles, por cierto- para entender qué nos pasa.

Se sabe que el PBI de Argentina en 2020 se ubicó en igual nivel que en 2007. Es decir, es como si hubiese retrocedido 13 años en el tiempo. Ya superó la famosa década pérdida. Pero también se sabe que la ausencia de moneda y de seguridad jurídica, junto con exceso de regulaciones, confiscaciones, prohibiciones; además de sindicalistas que boicotean las empresas para que no puedan trabajar; y de haber cerrado la economía al mundo, llevó a la ausencia de inversiones productivas y se tradujo en desocupación y singulares niveles de pobreza e indigencia.

En base a datos de la Fundación Norte y Sur, Indec y estimaciones propias, se pudo construir una serie de inversión por habitante en los últimos 50 años y detectar que 2020 terminó con un nivel 4,8% inferior al registrado en la crisis de 1975. Solo hay dos años en que fue menor: en 1989/90 con las llamaradas hiperinflacionarias y en 2002 con la crisis y salida traumática de la convertibilidad.

¿Por qué es importante tomar la inversión per capita en lugar de la inversión con relación al PBI? Porque marca el stock de capital con que cuenta cada trabajador, y constituye una medida de la variación de la productividad y de la evolución del poder adquisitivo del salario.

No es casual que el consumo privado por habitante muestre un comportamiento similar al de la inversión per cápita.

Nuevamente, en pesos constantes de 2004, en 2020 el sector privado registró un consumo por habitante 1,1% menor al de 1975. Obviamente, el momento más crítico de los últimos 50 años tuvo lugar en la hiperinflación de fines de los 80 y comienzo de los noventa.

El gráfico muestra cómo entre 2003 y 2011 el consumo privado crece fuertemente de la mano del viento de cola que permitió financiar el populismo. Esa trepada es la que le da el piso del 30% / 35% de apoyo al kirchnerismo por más corrupción que se demuestre que hubo en ese período. La gente nunca se planteó, ni tiene porqué hacerlo, si ese auge de consumo era sustentable en el tiempo o estábamos desperdiciando un momento histórico fundamental para entrar en la senda del crecimiento.

Crisis diferentes

Se podrá argumentar que en 2020 comenzó la pandemia que explica la caída en la actividad y no es comparable a 1975 en que no había crisis sanitaria, pero en ese momento el país transitaba por una guerra civil, con terroristas que habían tomado gran parte de la provincia de Tucumán, de ahí el famoso decreto 261/75 por el cual María Estela Martínez de Perón y sus ministros ordenan el operativo Independencia.

Posteriormente, se produce el ataque al Regimiento de Monte 29 en Formosa, exactamente el 5 de octubre de 1975, con 30 muertos entre conscriptos, militares de grado y terroristas. Y ni que hablar del ataque al regimiento de Monte Chingolo, el asesinato del dirigente sindical José Ignacio Rucci y otros casos para citar en esos años de gobierno de Perón e Isabel Perón.

Eran años en que los ejecutivos de nacionalidad extranjera que estaban en la Argentina al frente de empresas del exterior, dejaban el mando en presidentes nacionales y se marchaban por los riesgos que implicaba permanecer en el país.

La descripción anterior no significa decir que 1975 era igual a 2020, son contextos históricos diferentes, pero sí son comparables en términos de dos años críticos: uno con pandemia muy mal manejada y otro con un ataque terrorista que quería tomar el poder y derrocar a un gobierno democrático desatando una guerra civil.

En definitiva, entre 1975 y 2020 el PBI creció a una tasa promedio anual del 1,48%, la población se expandió al ritmo de 1,2% por año y la inversión al 1,1% anual. Es decir, la población creció más rápido que la tasa de inversión, con lo cual la economía argentina tiene baja productividad porque el stock de capital es reducido por persona.

En términos relativos, es como si en el resto del mundo hicieran pozos con máquinas excavadoras y aquí se usarán palas y, para peor, cuando se rompe una pala no se la repone. La productividad por persona es menor acá y el resultado no puede ser otro que el estallido de la pobreza y la desocupación.

¿Por qué caímos en esta locura? Porque el populismo se encargó de destrozar la calidad institucional y con eso espantó las inversiones productivas, derivando en este proceso de subdesarrollo sustentable. Único caso en el mundo contemporáneo.

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