Un gobierno asediado por la oposición y el "cristinismo"

POLÍTICA Por Sergio Crivelli para La Prensa
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"Cuando gobernás una provincia, pero conducís un país. Gracias @Kicillofok". Tuit borrado de Delfina Rossi 

El fracaso sanitario y económico de Alberto Fernández dio lugar a la aparición de un doble frente opositor. Un frente externo, el de Juntos por el Cambio, y otro interno, el de La Cámpora y otras formas de "cristinismo" como Axel Kicillof.

JxC logró imponer en el tope de la agenda pública dos temas: la lentitud del operativo de vacunación y la sospechosa exclusión de Pfizer de la provisión de vacunas. Con una exposición mediática apenas menor, el frente interno presionó a Fernández para que adoptase medidas económicas que alejasen la posibilidad de una derrota en septiembre. Ya consiguieron en ese sentido el congelamiento de precios y tarifas, la prohibición de exportaciones de carnes y la postergación de cualquier arreglo de la deuda con el Club de París o el FMI. Ahora van por más subsidios.

Una larga experiencia demuestra que medidas de ese tipo no han resuelto nada (y menos la inflación) en los últimos 70 años, pero para las PASO faltan apenas tres meses. Por eso la vicepresidenta considera cualquier estrategia de cortísimo plazo mejor que el duro ajuste fiscal del dúo Fernández/Guzmán tan apreciado por el FMI.

La campaña, además, la hace el cristinismo, porque los candidatos los va a poner la vice. En 2018 y 2019 Macri perdió por seguir la receta de ajuste del Fondo. En eso CFK y sus seguidores no se equivocan.

La oposición institucional prefiere por el momento hacer campaña con la pandemia. No es una idea original. Fernández lo hizo el año pasado y su imagen se catapultó hasta una aprobación del 75%. Tenía por entonces muchos amigos -Horacio Rodríguez Larreta, Mario Negri- pero el error cometido con el encierro colectivo que precipitó el colapso económico lo llevó a perder el apoyo hasta de sus propios votantes y lo aisló políticamente.

Hoy es más rentable oponérsele. Por eso Patricia Bullrich lanzó la acusación sobre la existencia de posibles "retornos" en la fallida contratación de Pfizer y mientras el Gobierno le pedía pruebas, ella instalaba el escándalo en la portada de todos los medios. Tan fuerte resultó el impacto que Carla Vizzotti tuvo que salir a responder y lo hizo con una chicana: que los opositores estaban "obsesionados" con el laboratorio multinacional. Tan fuerte, que Rodríguez Larreta se vio obligado a intervenir respondiendo que la "obsesión" no era con Pfizer sino con "vacunar lo más rápido posible". Ningún político ignora que la lentitud con las vacunas provoca muertes y más temprano que tarde van a ir a para a la cuenta del peronismo gobernante los miles de muertos que se podían haber evitado.

Es un viejo axioma de la política que a la oposición la moldea el oficialismo. Fernández moldeó a un dócil Rodríguez Larreta cuando podía darle algo, trasmitirle parte de su imagen positiva. Hoy el jefe de gobierno porteño corre a meterse en la batalla verbal con el gobierno para evitar que le gane de mano Bullrich, su más peligrosa rival en la interna del PRO.

A pesar de tener origen, objetivos y dinámicas diametralmente opuestas la vuelta a la cuarentena estricta, forzada por la segunda ola de contagios, obligó a subir al escenario simultáneamente a la oposición externa e interna a Fernández. Esa decisión disparó un hartazgo social que hizo perder en las encuestas entre cinco y diez puntos al Presidente y derrumbó a niveles pocas veces vistos la esperanza de una eventual mejora de la economía.

El aumento de las expectativas negativas representa la peor señal electoral.

Pero las encuestas -como decía un veterano analista político- sirven para tres cosas: exponer un cuadro de situación, identificar tendencias y hacer acción psicológica. Y en ese aspecto llamó la atención el último sondeo de Analogías, la consultora de La Cámpora.

Pese a que es una de las mediciones que mejor imagen positiva le da al Presidente, hay tres puntos en que lo castiga. Ante la pregunta de quién es responsable del alza de precios, la respuesta es 49% el Gobierno y 38% los empresarios. Ante la pregunta sobre quién fija el poder adquisitivo de los salarios, la respuesta es 58% el Gobierno y 21% los sindicatos. Y a la pregunta sobre cómo considera la asistencia económica del Gobierno a trabajadores y empleados, el 64% responde "poco o nada efectiva".

El mensaje es claro: no hay que bajar el déficit fiscal y hacer los deberes con el Fondo, Martín. Es prioritario reforzar el asistencialismo. La batalla electoral se va a dar en torno a la inflación en particular y a la economía en general. Para cuando Juntos por el Cambio deje de batir el parche con las vacunas, el kirchnerismo va a estar en plena campaña repartiendo subsidios.

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