Alberto y la banalización de Litto Nebbia

POLÍTICA Por Fernando González para Clarin
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La música es una de las grandes bendiciones que tenemos los seres humanos. Y es un regalo que pueden disfrutar desde las personas comunes hasta aquellos a los que les toca el desafío de convertirse en presidentes. Bill Clinton y Hillary Rodham le pusieron Chelsea de nombre a su hija por esa joya country de Joni Mitchell que es Chelsea Morning. Y Alberto Fernández ha hecho pública su admiración por el cancionero de Litto Nebbia, desde que asumió en la Casa Rosada. El dato no sorprende porque se trata de uno de los artistas fundadores del rock nacional y porque es uno de los compositores más respetados de la música popular argentina. 

El Presidente, como lo muestra en algunos videos que se han viralizado, es un correcto guitarrista y se le anima sin pasar vergüenza a varias de las canciones más conocidas de Nebbia. El problema comenzó cuando empezó a aplicar las letras de su artista preferido para evangelizar las circunstancias de la política actual. El método puede dar buen resultado en alguna ocasión, pero cuando se lo repite se corre el riesgo de caer en la banalización. Eso es lo que le acaba de suceder, justamente, a Alberto Fernández.

Hace un mes, mientras hablaba en Rosario y le echaba las culpas por el Covid a la Ciudad de Buenos Aires, Fernández citó un par de estrofas de “Solo se trata de vivir”, el mayor éxito de Nebbia luego del regreso de la democracia en 1983 y de sus años de exilio en México. “Creo que nadie puede dar una respuesta, ni decir qué puerta hay que tocar”, parafraseó el Presidente. Emotivas palabras para una canción, pero conceptos que en boca de un mandatario suenan a impotencia. Si hay algo que necesita la Argentina de estos días son respuestas. Para frenar la inflación o mitigar la pobreza. Y puertas a las que tocar para conseguir, por dar apenas un ejemplo, vacunas.

Claro que el síndrome de Litto Nebbia se puso bastante más espeso esta semana. Fue cuando el Presidente volvió a incursionar sobre la obra del cantante ante la mirada atenta y desconcertada de Pedro Sánchez, el jefe del Gobierno español. “Los mexicanos salieron de los indios, los brasileros salieron de la selva, pero nosotros los argentinos llegamos en barcos”, improvisó, acudiendo a otra canción de Nebbia, inspirada en algunos textos irónicos del escritor mexicano Octavio Paz.

Pero el universo de la música es mucho más amplio y benévolo que el de la política. Lo que puede ser arte dentro de una canción se transformó en una agresión fuera de toda lógica para dos pueblos hermanos de América Latina como México y Brasil. El moderado pedido de disculpas que posteó el Presidente en su cuenta de Twitter no alcanzó para atenuar el bochorno regional que ya recorría las portadas de los diarios mexicanos, brasileños y españoles.

Tan grosera resultó la pifiada de Alberto Fernández que el propio presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, se dio el lujo de sacar ventaja política en las redes sociales. “Selva”, fue la única palabra que le agregó a una foto suya reciente con indígenas de su país. Toda una sutileza para un dirigente que ha hecho un culto del extremo político y que, en enero de 2020, dijo en público que los pueblos originarios del Brasil estaban evolucionando lo suficiente para convertirse “cada vez más, en seres humanos como nosotros”.

Tampoco perdió la oportunidad de obtener un espacio pequeño en la polémica el ex presidente, Mauricio Macri. Le transmitió un mensaje de “disculpas” a Bolsonaro y publicó también un posteo sin palabras, con las banderas de Brasil y de México para aprovechar el flanco dejado en bandeja por Fernández. La defensa más enfática del Presidente la hizo el embajador radical en Madrid, Ricardo Alfonsín.

El peronismo, en cambio, optó por un silencio cargado de significados. Y nada se supo de alguna opinión de Cristina sobre el asunto. “Patea los sillones contra las paredes”, fue la interpretación discreta que hizo uno de sus colaboradores sobre el humor de la Vicepresidenta. “Me interesa hasta tu desencuentro”, le escribió Nebbia a la Argentina hace ya cuatro décadas, sin imaginar siquiera que sus versos despertarían tormentas hasta en el cielo inexplorado de la diplomacia.

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