Soluciones que, al final, profundizan el problema

ECONOMÍA Por Daniel Marx para El Cronista
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 Es habitual que las autoridades económicas de Argentina se sientan presionadas para tratar asuntos que requieren atención inmediata y terminen actuando afectando soluciones más duraderas y efectivas para el mediano y largo plazo. Además, en repetidas ocasiones, esas decisiones resultan discutibles porque, en el mediano plazo, terminan profundizando el problema original. Entre los ejemplos que se pueden presentar, las restricciones a las exportaciones de productos agropecuarios y de energía son los más evidentes.

 
Avanzar por este camino, limita el crecimiento y produce mayor pobreza y desigualdad y también mayor inflación. Ello queda de manifiesto cuando comparamos Argentina con sus pares. También es llamativo que en diversos momentos históricos y ante circunstancias comparables, se repiten los mismos experimentos con iguales resultados. Un agravante de este proceso es la disminución de la inversión para modernización y expansión. Las decisiones que tomaron los gobiernos en el pasado el de conductas se considerar que son repetibles en el tiempo lo que agrega incertidumbre y aumenta los costos. 

Durante este proceso para evitar complicaciones aún mayores derivadas de los menores ingresos, las autoridades actúan con cambiantes políticas fiscales y monetarias entre expansivas y contractivas. Expansivas para tratar de compensar las caídas de poder de compra y demanda en general, contractivas cuando la expansión resulta insostenible y se anticipan problemas mayores que surgen por riesgos asociados a la aceleración de los precios y salidas de activos en pesos que potencian la inestabilidad de la situación. Este proceder, tampoco es neutro en términos de implicancias a mediano y largo plazo.

LA ACTUACIÓN EN EL CORTO PLAZO

En los meses iniciales del año 2021 observamos un paso por la fase correctiva, aún cuando las condiciones externas se presentaban muy favorables (aumentos de precios de exportación y alta liquidez internacional). Es ese periodo se registró un menor déficit por ingresos tributarios extraordinarios, generado en una medida importante en las retenciones a las exportaciones y en la implementación del llamado “impuesto a la riqueza”. Pero también contribuyeron las “licuaciones” de ciertos rubros importantes del gasto (jubilaciones y salarios). Al mismo tiempo se registró una contracción monetaria (disminución de la base monetaria), a pesar de la expansión por la compra de divisas en el mercado oficial de cambios, pagos de intereses por pasivos del BCRA (Leliqs y Pases) y financiamientos al Tesoro en pesos y en moneda extranjera, entregando dólares sin contrapartida de pesos. El Banco Central neutralizó estos efectos con absorción monetaria, por lo cual la base monetaria no tuvo prácticamente cambios en términos nominales e importantes caídas en términos reales, reflejando la caída en la demanda de dinero.

A partir de esta situación aparecen interrogantes sobre su sostenibilidad y si resulta en el marco propicio para el desarrollo. En lo fiscal, hasta qué punto se puede mantener ese tipo de esquema de gastos e ingresos. En materia monetaria, hasta dónde pueden seguir creciendo los pasivos de absorción del BCRA, que son de corto plazo y se acercan a niveles que generaron fricciones en el pasado. Mientras tanto, el tejido social se resiente al subir la inflación y la oferta no acompaña la demanda. Eso afecta particularmente a los sectores más vulnerables.

Recientemente, notamos ciertas señales en sentido diverso. Hay algunos esquemas de asistencia social a personas altamente necesitadas y aspectos el Tesoro financiándose aliviando el balance del BCRA. También hay señales interpretadas como potenciadoras del riesgo sistémico generando dificultades para el funcionamiento cotidiano de una “economía normal”. Ejemplos de este tipo son ciertos cambios al sistema tributario, intenciones de manejos de ciertos precios relativos o restricciones a contrataciones, entre otros.

CÓMO ENCARARLO

Para revertir el proceso de deterioro económico y social, las acciones del Gobierno deben apuntar a mitigar los efectos de una alicaída confianza, producida por una economía que tiene problemas de funcionamiento y reclama entender cómo se superarán. Esto abarca la consistencia intertemporal en la interacción de las variables macroeconómicas con los condicionantes productivos y de ingresos que debería reflejarse en reglas de juego estables que incentiven el desarrollo de recursos -particularmente humanos- y formen parte de un contrato social complementado por asistencias en la transición.

Esto es armar un programa productivo, de asignaciones de ingresos y obligaciones que lleve a una trayectoria macroeconómica asociada a la estabilización con crecimiento a lo largo del tiempo. En una economía moderna, precios flexibles, dentro de un marco de estabilización y mínimas -si alguna- restricciones cuantitativas, son señales que coordinan actores para complementarse y adaptarse, a la vez que fomentan la innovación y da dinamismo al conjunto. Deberían lograrse condiciones para que la oferta de bienes y servicios sea competitiva y, en lo posible, sometida a la competencia.

El Estado tiene un rol indelegable en el diseño e implementación de las reglas de juego. Se trata de un bien público que tiene el potencial de movilizar y fortalecer a la sociedad, como si se tratase de un árbitro en una competencia deportiva o de un director técnico que coordina a los jugadores de un equipo, con reglas de juego se conocen, no se alteran y se aplican correctamente durante el partido donde los jugadores de un equipo usan sus habilidades e ingenio. A nivel país es contar con reglas lo más estables y simples posible, que generen para sus miembros oportunidades crecientes y que movilicen recursos para aumentar ingresos que, a su vez, son usufructuados por los integrantes de la sociedad. En contraposición, alteraciones constantes y un precario diseño e implementación de las reglas de juego conducen a Estados y sociedades fallidas.

La pandemia también tiene efectos sobre la aceleración y desarrollo de usos de tecnologías, que van desde lo productivo hasta relaciones del Estado con sus integrantes. Pero Argentina también tiene potencial para adaptarse a esta situación, aprovechar esta oportunidad e ir dejando atrás las caídas recurrentes del pasado.

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