Macri en Europa

POLÍTICA Por Sergio Crivelli para La Prensa
30-MM

El gobierno "K" tiene 60% de rechazo, pero la oposición no es competitiva aún por falta de conducción. Esta situación es atribuible en apreciable medida a la impericia de Rodríguez Larreta, que se autoproclamó su líder sin consultar a nadie; que confundió sus aspiraciones con la realidad y empezó a repartir cargos que no tenía. 

Ante este escenario la jugada del ex presidente es simple: tomar distancia de la guerra de todos contra todos. Que el alcalde porteño se encargue de volver a meter el genio en la botella, en especial en la ciudad de Buenos Aires. Si no lo consigue, habrá internas, lo que para HRL significaría una derrota antes de votar, porque se supone que es el jefe político del distrito. Quien es forzado a pelear cede ante la voluntad del adversario. Empieza perdiendo, como reflexionó alguna vez Borges.

Además de generar un escándalo inoportuno Rodríguez Larreta cometió dos errores básicos. Primero, eligió mal a su socia, María Eugenia Vidal, que le servía en la provincia, pero le complicó el armado en CABA por no arriesgarse a una nueva derrota. Quiere cazar en el zoológico con vistas a 2023. Es decir, Rodríguez Larreta fomenta una competidora. Por añadidura Vidal le generó un problema doble en la provincia: dividió al PRO y le abrió la puerta a los radicales, que si de algo saben es de internas.

El segundo error de HRL consistió en acentuar su perfil properonista en la interna del antiperonismo. La ciudad de Buenos Aires es junto con Córdoba la capital nacional del antiperonismo. La actitud ecuménica de Rodríguez Larreta es música para los oídos de Patricia Bullrich que se convirtió en referente opositora desafiando las medidas autoritarias del gobierno mientras él cortejaba al presidente.

DOS ESCENARIOS

En este punto Rodríguez Larreta parece confundir dos escenarios. Una cosa es la "transa" a puertas cerradas para gobernar la ciudad y otra, exponer en el escenario público esos enjuagues y tratar de legitimarlos con el eufemismo de "diálogo antigrieta". Convertir ese error en estrategia es, además, consecuencia de haber pasado por alto un hecho determinante: el electorado de CABA no responde a los aparatos partidarios, es independiente y poco estructurado. En la ciudad los punteros no tienen el mismo peso que en La Matanza. Todavía no se gana con el voto de las villas. Ergo, la rosca ayuda, pero es un recurso marginal.

En el conurbano, en cambio, donde el clientelismo es clave, quiere imponer a Diego Santilli y deberá enfrentar a los radicales que tienen candidatos como Manes y Posse, a los que él mismo activó. También a macristas descontentos. Un verdadero rompecabezas que será su primer movimiento en la larga partida por la candidatura presidencial. Deberá superar esa prueba mientras Macri observa cómo se desgasta desde Europa.

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