Mercado de capitales: el problema es la macro

ECONOMÍA Por Miguel Kiguel para
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En la Argentina la solución no pasa por hacer sintonía fina, o sea por diseñar mejores instrumentos financieros o decidir entre bonos dólar-linked, indexados o a tasa fija. El problema es más profundo y requiere un abordaje global. Todo debe empezar por la macro, porque ese es el centro del problema; lograr credibilidad a través la solvencia fiscal, aumentar el stock de reservas internacionales para que el país pueda funcionar en forma "normal" y bajar la inflación. En segundo hay que atacar una debilidad endémica: la Argentina no tiene inversores instituciones locales que permitan satisfacer la demanda del gobierno y las empresas, y hasta tanto se desarrollen inevitablemente dependeremos del mercado internacional. 

¿Por qué los ahorros argentinos están principalmente en el exterior? Muy sencillo: la Argentina es un país que ha defaulteado su deuda al menos cuatro veces en los últimos 40 años, que ha pesificado los ahorros y préstamos en dólares en forma asimétrica, que ha manipulado los índices de precios para estafar a los compradores de deuda pública indexada, que ha roto cuanto contrato financiero existe y que ha estatizado los ahorros que muchos argentinos habían confiado a administradores privados para su retiro para desarrollar un mercado de capitales. ¿Cómo hacer para que la gente le crea y ahorre en el país?

El mundo tampoco nos cree. El riesgo país medido por el EMBI ronda 1600 puntos, un nivel que sólo lo tienen países al borde del default, mientras que recientemente hemos sido calificados como país de frontera standalone (o sea en la categoría más baja posible y que muchos de nosotros ni sabíamos que existía), con lo cual nuestras acciones perdieron instantáneamente 20% de su valor y muy pocos inversores están autorizados a comprarlas.

Ante semejante prontuario uno se pregunta por dónde empezar a armar el complejo rompecabezas que puede llevar a que algún día el riesgo país baje, subamos de categoría y las empresas puedan conseguir capital emitiendo acciones, como alguna vez lo hicieron, para que se pueda conseguir crédito a largo plazo a tasas razonables a través del mercado de bonos y que el mercado de capitales se transforme en el mecanismo de financiamiento de la inversión.

Si la Argentina fuese un país parecido a los del resto de América Latina se podría pensar en medidas específicas para desarrollar el mercado de capitales, como por ejemplo facilitar la colocación de deuda pública a través de creadores de mercado (como alguna tuvimos y que muchos países tienen), o diseñar nuevos instrumentos financieros que mejoren el acceso al crédito de las PYMEs, o impulsar fondos de inversión que inviertan en proyectos de largo plazo. Ideas no faltan y se puede aprender mucho de la experiencia internacional.

Pero lamentablemente estamos lejos de ese promedio y lo más urgente es despejar los temores respecto de que haya un nuevo default, buscar mecanismos para aumentar las reservas internacionales y eliminar el cepo cambiario. Nadie espera soluciones mágicas ni que los problemas se resuelvan de la noche a la mañana. Pero es necesario mostrar un camino que vaya en la dirección correcta y la determinación política de implementarlo

En este camino el programa con el FMI puede ayudar y mucho. Es cierto que el FMI no es infalible y que en el pasado ha cometido muchos errores. Pero seguramente ha aprendido de esos errores, especialmente sobre las recomendaciones de política cambiaria, y es probable que sea la única institución que puede "bendecir" un programa macroeconómico de largo plazo y asegurar que por lo menos sea consistente.

Una vez que la macro esté encaminada y sea creíble, lo cual es difícil y llevará tiempo, recién en ese momento tendrá sentido pensar en reformas del mercado de capitales, donde los esfuerzos se podrían concentrar en dos elementos: por un lado en mejorar las características de los instrumentos, y por otro en aumentar base inversora de largo plazo.

En cuanto a instrumentos financieros, la Argentina avanzó mucho a partir de los años 90' cuando se le brindó el primer impulso al mercado de capitales. Hoy el mercado ya cuenta con una gran variedad de instrumentos tales como los cheques que se negocian en la bolsa, con Obligaciones Negociables (ON) Pyme y se han desarrollado una gran diversidad de fideicomisos financieros que permiten financiar el consumo y diferente tipo de actividades comerciales y productivas. En este aspecto se puede mejorar, pero gran parte del camino ha sido recorrido.

La principal debilidad es la falta de una base inversora que invierta con un horizonte de largo plazo. En la mayor parte de los países esa base está dada por lo fondos de pensión, y compañías de seguro de vida y retiro. El problema es que en la Argentina los fondos de pensión se nacionalizaron y los activos que tenían bajo administración no crecen con lo cual no disponen de fondos para inversiones nuevas, mientras que las compañías de seguros son muy pequeñas. Además, los individuos invierten gran parte de sus activos en el exterior debido a los recurrentes defaults y restructuraciones del pasado.

Sin base inversora no hay mercado local de capitales. Brasil lo desarrolló con fondos de retiro y fondos comunes de inversión. Chile con las AFP y los seguros de vida, y con individuos que confían en su moneda y en el país. En la Argentina va a ser un desafío doble, porque requerirá que va más allá de los instrumentos y las instituciones financieras se creen condiciones para la gente confíe en que no se van a cambiar las reglas de juego una vez más.

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