El paraíso perdido "K"

POLÍTICA Por Sergio Crivelli para Clarin
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La campaña kirchnerista comenzó la semana pasada en Lomas de Zamora. Desde la tribuna Cristina Kirchner ofreció un pasado ficticio por futuro. De acuerdo con su narrativa hasta 2015 los argentinos vivieron en un paraíso de prosperidad y justicia social del que, engañados por los medios, no se habían percatado. 

Ese edén fue arruinado por el macrismo y por la pandemia que no supo manejar el presidente que ella eligió. Conclusión, el oficialismo irá a la campaña con dos versiones, la de Fernández y la de la vice que no se hará cargo de lo hecho por Fernández.

¿Qué estrategia aplicará en condiciones tan anormales? La polarización. Lo ocurrido entre 2011 y 2015 está demasiado cercano como para ser vendido como una edad de oro. Simplemente no pasó el tiempo suficiente. Habrá que montar el viejo escenario de patria versus antipatria que viene dando resultado desde Braden y Perón. Para qué cambiar algo que siempre funcionó.

La vice pudo comprobar la fragilidad del relato del paraíso perdido cuando aseguró con su aplomo de costumbre que con una computadora regalada por el Estado un rapero se había vuelto famoso. El rapero aclaró que a él la computadora no se la había regalado nadie y que la había conseguido mediante un trapicheo del que prefería no acordarse.

El episodio explica por qué CFK relega a los independientes y apunta a su electorado fiel, ese que cree sin preguntar; ese para el cual su figura y su prédica forman parte de una religión política que se desentiende los hechos.

A ese sector incondicional sumará los votos que proceden del clientelismo, que tiene su mayor cantera en el conurbano. Los que reciben cheques del Estado no son pocos. Según Orlando Ferreres, en 2020 fueron más 31 millones por un monto del 47% del PBI. Casi 22 millones de personas reciben planes sociales y hay más de 3,5 millones de empleados públicos cuyos cheques todos los meses firma algún político. Una razón de peso para que los votantes actúen conservadoramente.

La oposición, entretanto, pedirá el voto con un discurso doble. El de la defensa institucional por un lado y el del populismo con buenos modales por el otro. El primero quedó debilitado por la derrota en la interna del PRO de Patricia Bullrich. El segundo, que encarnan María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, es el del poder, el de la política, el que hasta ayer acompañó al gobierno y tampoco mostró ninguna receta para salir de la crisis. Por eso las encuestas registran niveles históricos de pesimismo; porque como futuro, la dirigencia sólo ofrece un paraíso de cotillón.

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