El plan urgente de Cristina: adiós AMIA, adiós Nisman

POLÍTICA Por Héctor Gambini para Clarin
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 Cómo es la ofensiva judicial de la ex presidenta para terminar con las causas que más la incomodan.

 
A veces los planetas se alinean solos. A veces, hay que ayudarlos. La poderosa estructura judicial de Cristina Kirchner -que incluye abogados particulares y funcionarios que trabajan para sus asuntos privados desde sus cargos públicos- está por estas horas abocada a la obsesión de empujar a cada planeta hacia la fila correcta: Cristina no debe, ni en sueños, sentarse nunca en el banquillo de los acusados de encubrir a los terroristas que volaron la AMIA. 

Eso, aunque haya que criticar a los familiares de las víctimas, como hizo Carlos Zannini, el particular jefe de los abogados del Estado que es a su vez vacunado VIP, procesado por el encubrimiento a la voladura de la AMIA y director de la estrategia oficial de asociar a Macri con la corrupción, para buscar una contienda de barro por barro a dos meses de las PASO.

Mientras Zannini la emprendía contra los familiares -dijo que las víctimas "le temen a la verdad"-, los jueces del tribunal 8 que le permitirán a Cristina hacer un alegato político inédito antes del juicio, decidieron que ellos no se apartarán del caso ni apartarán al fiscal, como les pidieron la DAIA y los familiares de las víctimas que son querellantes.

A Cristina y a Zannini -los imputados-, el tribunal les dijo todo que sí. A los familiares de los muertos en la AMIA -las víctimas-, todo que no.

En paralelo, Casación cambió la sala que tratará el pedido de nulidad que hará Cristina para que el juicio nunca se haga. Lo hará la Sala I, como quieren los imputados desde la época en que pedía esa misma sala el ex canciller Héctor Timerman, ya fallecido.

Los jueces de esa Sala son los mismos que anularon el juicio del dólar futuro contra Cristina antes de empezarlo. Lo mismo que Cristina pide ahora con el encubrimiento a la AMIA, que es el caso del Pacto con Irán.

Allí, el juez Daniel Petrone ya tuvo la deferencia de admitir, en un escrito, que ha cultivado relaciones cordiales con Juan Martín Mena, el viceministro de Justicia que es otro de los imputados por el Pacto con Irán, además de ser el funcionario de la SIDE que manejó a los espías en la calle el día que Nisman fue hallado muerto en su departamento.

Es posible que el mismo camino tenga idéntico final: que Cristina arengue a los jueces con tono de guerra, que repita que la historia ya la absolvió -como hizo con el dólar futuro- y que los jueces vuelvan a decir que bueno, que si ella lo dice, que si la historia ya la absolvió, para qué se van a tomar ellos el atrevimiento de juzgarla. Y aquí no ha pasado nada.

Si el juicio por el Pacto con Irán se anula, agregará a la estrategia de Cristina un condimento extra: reinstalar la hipótesis de que Nisman se suicidó porque su denuncia no tenía sustento, un galimatías insostenible desde las pruebas objetivas de la causa, pero alimentado con ahínco febril por las gateras kirchneristas que, vaya uno a saber por qué, siempre actuaron con la idea de que admitir que Nisman fue asesinado era como declararse culpables de su muerte.

Cuando Nisman fue hallado muerto, el gobierno de Cristina trató de imponer seis veces la hipótesis del suicidio en menos de 24 horas. No lo consiguieron entonces, pero jamás abandonaron ese objetivo.

Si tras oír el alegato de Cristina el tribunal desiste de juzgarla por el Pacto con Irán, la ministra Frederic desempolvaría un informe que armó en Gendarmería apenas llegó al cargo, para decir que las pericias que aseguran que a Nisman lo mataron se hicieron incumpliendo normas de protocolo, un tecnicismo con el que tratarán de derribar las pruebas que hoy describen en el expediente cómo fue asesinado el fiscal.

Es como si el VAR anulara un gol porque el que lo convirtió tenía los cordones desatados.

Con los planetas así, el encubrimiento por el ataque terrorista más grave de la Argentina y la muerte del fiscal que lo investigaba -el cadáver fue hallado con la pistola bajo su hombro izquierdo, en un sitio imposible para alguien que se haya autodisparado con la mano derecha- marcharán hacia la nada.

Tan urgente es el plan de Cristina, que buscó hacer su alegato antes de la feria judicial, para intentar que se cayera todo antes de que la campaña electoral empiece a levantar temperatura. El tribunal, acorde a esas necesidades políticas, le había dado una fecha a su medida para este viernes, último día hábil antes de la feria.

Pero no contemplaron que sería el mismo día en que la AMIA recordará el 27 aniversario del atentado (fue el 18 de julio, pero como cae domingo lo adelantan al viernes 16), y ahora debaten si pasar la audiencia exclusiva de Cristina para otro día.

La AMIA hará su acto virtual recordando el atentado todavía impune, que dejó 85 muertos y, a esta altura, ya ni siquiera tiene un juez natural.

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