¿Cuál es la brecha del dólar blue que preocupa más al Gobierno?

ACTUALIDAD Por Daniel Fernández Canedo para Clarin
21-pesce

A pocos días del cierre de la definición de candidatos para la elección legislativa de noviembre, la suba de seis pesos del dólar blue puso muy incómodo al Gobierno. 

Un dólar libre de $182 marcaba el inicio de una nueva etapa de tensión en el mercado cambiario que se asocia a la menor entrada de dólares por motivos estacionales y a la que se supone será una mayor demanda de billetes propia de los años electorales en la Argentina.

La suba del blue también se apoyó en lo que se presenta como un posible nuevo escenario internacional, con un dólar fortaleciéndose frente al debilitamiento de las monedas de los países emergentes y de los precios de las materias primas.

Si bien el contexto se mantiene favorable para el Banco Central que en julio lleva comprados US$1.000 millones cuando el mismo mes del año pasado contabilizaba una pérdida de US$300 millones, una nube de preocupación envuelve a los funcionarios del área económica.

En parte la preocupación reside en la seguridad de que ya no entrarán más divisas por las exportaciones y de que el proceso de dolarización de las carteras de ahorro será inexorable.

Frente a ese escenario tanto el ministro Martín Guzmán como el presidente del Banco Central se resisten a subir las tasas de interés en pesos, en el entendimiento de que la dolarización será inexorable y que el cepo cambiario actuará como dique de contención para muchas compras, especialmente de los importadores.

El aumento de importaciones se dio en junio y se repite en julio al calor de un dólar mayorista de $96,33 que no sólo es el más barato del mercado, sino también que determina una brecha de 90% con el blue.

Los funcionarios repiten casi a diario que el segmento blue mueve sólo dos millones de dólares por día y que el Gobierno no tiene pensado intervenir de ninguna forma, aun cuando le prendieron una vela para rogar por la apertura de las fronteras.

En el Gobierno comentan que Miguel Pesce es el más interesado después del ministro de Turismo Matías Lammens en que abran Ezeiza y todas las fronteras para que vengan los turistas brasileños, paraguayos, uruguayos y bolivianos, así como del resto del mundo.

Argumentan con razón que, medida en dólares blue, la Argentina tiene los precios más baratos por lejos de la región y que con sus dólares serían una fuente importante de oferta para el mercado marginal de cambios.

Desde ya que saben que esos ruegos impactan poco en las autoridades del área de Salud y de la Casa Rosada, que siguen con su decisión de fronteras cerradas aun cuando sigan argentinos varados por el mundo.

Hay otra oferta de dólares que fue menguando en las últimas semanas y se asocia a la que se dio en marzo por los contribuyentes del impuesto a la riqueza. Al correrse esa oferta el contado con liquidación (CCL) sintió el tirón y ahora sería el Banco Central el principal oferente.

Menos ingreso de divisas por las exportaciones del campo, menos oferta en el CCL con un Banco Central más activo en ese segmento y el Gobierno que pone el foco de su atención en la evolución de los minoristas que hasta ahora habían bajado su operatoria desde que el dólar "solidario" había quedado arriba del blue, por lo que no tenía sentido el "pure" de comprarle divisas al Central para hacer una diferencia y venderlos en el blue.

Esa brecha entre el solidario o turista (oficial más 30% más adelanto de 35% de Ganancias) y el blue pasó de 6% hace un mes a 9% en estos días, y es motivo de seguimiento más por cuestiones de expectativa que por la posible pérdida de divisas del Central por esa vía.

Una suba de los dólares amenaza siempre la estabilidad de precios y una tasa de interés en pesos de 34% a 37% que le ofrecen a los depositantes por los plazo fijos naufraga frente a inflación de 50% anual y aun cuando el cepo cambiario intente poner un dique de contención para la salida de los pesos.

Respecto de la cantidad de pesos se vive una paradoja: el Tesoro de Martín Guzmán abrió la mano y empezó a soltar pesos mientras que, simultáneamente, el Banco Central absorbe pesos del sistema financiero y entre las Leliq y los pases acumula una montaña inmovilizada de $3,7 billones que devengan intereses al 38% anual.

Si el Central tiene pesos y el Tesoro tiene déficit, ¿no sería razonable que los tome aunque tenga que subir la tasa para no dejar tanto circulante flotando?

Día a día se proyecta la película del segundo semestre con características bien definidas: muchos pesos y menos dólares que generan problemas en quienes tienen que pagar o girar al exterior y en quienes no saben a qué destinar los pesos excedentes.

Mientras tanto la inflación hace su juego. La proyección para julio de la consultora EcoGo es de 3% con los alimentos a la cabeza con una suba promedio de 3,7%.

Ni el dólar anestesiado ni las tarifas de luz, gas y transporte retrasadas consiguen darle un mandoble a la suba del costo de vida.

Tal vez porque, como le gusta decir al economista Carlos Melconian, la inflación es un "ángel y un demonio" para el Gobierno.

Un demonio por el estrago que al 50% anual produce sobre el ingreso de la población, pero un ángel porque ayuda a recaudar más impuestos y a licuar buena parte del gasto público como, por ejemplo, el destinado a las jubilaciones.

Te puede interesar