Diagnóstico de la inflación

ECONOMÍA Por Diana Mondino para Data Clave
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Los precios al consumidor, mayorista, de construcción y muchos otros muestran un crecimiento preocupante. Los indicadores de actividad también. Ni aun comparando con la fuerte cuarentena de 2020 se pueden mostrar resultados alentadores. El resto de los indicadores macro son también preocupantes. 

La inflación surge cuando no hay demanda de dinero. Sí, claro, es porque hay demasiada emisión comparada con los bienes que la gente quiere o puede comprar. En Argentina estamos en recesión (hay menos producción) y hay una brutal emisión (el BCRA financia al Estado).

Para salir de esta situación se necesitan muchos elementos, como un gasto público menor y financiable y una mayor producción. Reducir el gasto público es una consigna desde hace años, pero en realidad siempre aumenta y su eficiencia … puede ser juzgada por cada lector. Para que haya más bienes y servicios se necesita que las empresas puedan producir más, y hoy están saturadas de regulaciones, controles e impuestos. 

La emisión monetaria del 2020 fue notable. Ya con los problemas post-PASO, cuando asume el actual gobierno en Diciembre 2019, la cantidad total de dinero había alcanzado $3,7 millones de millones.  Eso incluye efectivo y depósitos bancarios en cuentas corrientes, cajas de ahorro y plazos fijos. 18 meses más tarde, en junio de 2021, alcanzó $ 8,5 millones de millones: un aumento de 125%.

Es un milagro que en el mismo período el Indec muestre una inflación acumulada de poco más de 70%. Ese indicador incluye tarifas congeladas y precios cuidados y administrados (por ej salud, entre otros).  Pero atención que la explicación es que parte de ese dinero fue al dólar, que también subió significativamente. 

Decimos que esta notable emisión fue “necesaria” para cubrir el déficit fiscal. Por supuesto, podría haber sido cero si no hubiera habido déficit. La duda que queda es si “lo necesario” era la emisión o el déficit.  En condiciones de pandemia es evidente que la actividad económica -y por lo tanto la recaudación- se resiente, mientras que al mismo tiempo hubo gastos que aumentaron, lo que aumenta el déficit.  La eficiencia del gasto no cabe duda de que puede aumentar. Pero eso no debe llevarnos a justificar un déficit eterno.

Hay un elemento perverso y es que la financiación al gobierno por medio de emisión tiene un costo: para absorber la diferencia entre oferta y demanda de dinero (los fondos sobrantes) el propio BCRA emite deuda, que tiene una alta tasa. Ese costo es fenomenal en términos de futura emisión, pero menor a la inflación, con lo cual se licúa. En otros términos, la inflación le reduce los costos al gobierno. Siniestro.

Por otra parte, si la economía crece, se puede absorber al menos en parte la mayor emisión. Para crecer una economía necesita crédito. En Argentina, no llega al 10% del PBI, un nivel similar al de 2003/04.  En Colombia, Perú y Brasil supera el 50%, y en EEUU o Canadá es más del 100%.  Es un círculo vicioso: como hay inflación no hay ahorro en pesos y por lo tanto no hay crédito. Sin crédito no hay crecimiento y no se puede absorber el nivel de gasto que hay.  La solución sería reducir y hacer más eficiente el gasto, pero para eso se necesita un nivel de eficacia muy superior al actual.

Para controlar la inflación se mantienen tarifas congeladas y precios administrados. Entre otros, el precio del dólar, que en definitiva es un impuesto a los exportadores, adicional a las retenciones. Sin exportaciones no hay divisas y ya sabemos que eso es un problema, que muchos gobiernos han intentado solucionar poniendo restricciones para acceder al dólar, en lugar de liberar la máquina de recibirlos que son las exportaciones. Sorprende que todavía confundamos liberar las exportaciones con liberar el dólar, lo que a su vez claramente tendría consecuencias inflacionarias.

Estamos ante un nudo gordiano. Con un buen diagnóstico, tiempo y muchísimo trabajo se puede reducir la inflación. Con recetas mágicas y toqueteando precios, jamás lo lograremos.

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