LA MEJOR SONRISA VIENE LUEGO DE HABER LLORADO MUCHO

DEPORTE Por José Ademan RODRÍGUEZ
mesi-adios

Poco tiempo ha pasado de triunfo en la Copa América que le permitió a Messi ganar su primer título importante con la Selección Nacional,  él fue seguramente el salvavidas de un elenco carente de ideas, y lo fue como si fuera un "Messias". Ahora el mundo futbolista recibe un baldazo de agua fría y Messi también, pero pronto vendrán los momentos de las sonrisas y la alegría y el tiempo que lo cura todo, sin duda va a permitir que Barcelona nuevamente disfrute de esta maravilla de futbolista que salen una vez en la vida.


Dicen algunas leyendas que nació del vientre de un balón de fútbol encontrado a orillas del Paraná. Ya desde muy pequeño se destacaban sus aptitudes... trazaba garabatos y filigranas inventadas por algún humorista loco y genial, estilo Fontanarrosa... Pero no, no... El Negro Fontanarrosa era hincha de Central a muerte.

 

¿Quién iba a pensar que ese ángel de cara sucia, con figura de chicuelo que se come la punta del pan calentito, sería capaz de mover cosas sin que nadie se diese cuenta? Su timidez era muy grande... siempre cabizbajo, mirando de abajo de la mesa como aquel niño que no quería crecer en El tambor de hojalata.


 
Todo fue cuestión de tiempo...  atrás quedó el periodo de adaptación, de la soledad de un niño apartado de su familia y su entorno de barrio. Y aquel primer contrato que fue firmado en una servilleta de papel fue el precursor de otros contratos millonarios.

 
 

 
Aquel enanito de flequillo que con trece años hasta se ponía solo las inyecciones de crecimiento en la Masia, iba a convertirse en algo feroz, inclemente y letal para el Real Madrid. 


Hasta un hincha merengue me expresó seriamente que Messi tenía un pacto con el Diablo. Poseedor de una lucidez inextricable. Es que a veces, parece que se le enrosque Lucifer en cada pelota que le llega.


Los periodistas desde un inicio, hablaban de "su magia", pero para el dicha "magia" eran las milanesas de su mamá. Magia era el pretexto de comprar caramelos para ver a su amiguita Antonella (a quien ya le había echado el ojo... y acabaría siendo su mujer y madre de sus hijos). Y Magia es dedicarle sus goles a la abuela que lo observa tras una nube.

 
 

Mientras tanto el destino trazaba diferentes caminos... Mientras él se ponía inyecciones para crecer, Maradona se las ponía para morir...

Un partido memorable contra, justamente el PSG. ¿El próximo destino?


Y llegó la resurrección...  
Una estrella de Belén cruzó el cielo desde Montjuïc hasta el Mediterráneo. Y el Río Paraná, se llenó de peces de colores blaugranas.

 

Esa noche llegó a la cúspide de su producción, al pico más alto, donde los mediocres se apunan... Durante el crepúsculo se olvidaron de la fuente de "Canaletes", porque había un manantial sobre el césped...  Mucho más hermoso... Era el esplendor en la hierba, el brillo de una reunión nocturna en el lido de París.
 
Solo una estrella como él iba a desatar una constelación de "estelades" en ese antro sagrado del Camp Nou, donde unió a toda Catalunya en un chorro aluvional de voces que al unísono aclamaban su nombre.

 

Messi es la demostración de cosas no vistas, como definió San Pablo a la Fe.


Transformó a ese huerto cerrado, de una ciudad pagana, hedonista y amante del fuego en un recinto beatificado para los "cules".
 
El deleite llegó cuando su compinche Neymar Jr. le adivinaba sus intenciones en exótica combinación de efectos y artificios, que esos fueron sus paredes. El gol fue en la boca del arco. El divertimento en su máxima expresión. Sin buscar el gol, porqué el gol es la muerte del juego... al igual que dar en el Blanco es la muerte de la flecha. Y Leo la impulsó suave... como una adormilada nota de violín... ¡¡Oh, Dios mío!! se entonaba como un orgasmo, y "aleluyas" bajaron de las gradas.

 

Suárez, hizo un nido en el esternón, giró sobre sí mismo y chasqueando sus dientes, sacó un chutazo que se impactó en el corazón de la Cibeles.


Festival de tacón, empeine, bordado, chanflee y levitación para una noche de paz, donde los jugadores cambiaban sus camisetas con cariño verdadero, simplemente por jugar buen fútbol, cada uno con sus mejores armas.

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